Pues yo juraba que ya había mandado al carajo este blog, pero parece que es cierto que la tentación vale más que la voluntad.
Que llegas a los cuarenta cuando no te daban ni para los veinte. Que llegas a veinte con el mismo vato cuando no te veías con ningún güey en la vida. Que llegas a quince casada sin creerte que el rollo del matrimonio funcionaba. Que llegas a madre sintiéndote la menos calificada para semejante brete... Pues ya qué. Está muy avanzado el viaje para bajarte del tren.
Y entonces, Taco, ¿cuándo vuelves a escribir tu blog? Como los intelectuales wanna be de la localidad: te comento si me comentas :D
¡Voto a bríos!
Mostrando las entradas con la etiqueta Ah raza.... Mostrar todas las entradas
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jueves, octubre 27, 2016
lunes, agosto 12, 2013
Holy shit...
El primer post del año, elaborado durante la segunda mitad del año, no puede ser para otra cosa que echar pestes, ¿verdad? ¿Y qué más puedo hacer? Me piden que haga una tesis que ya no me interesa. Es más, nunca, NUNCA, N U N C A me ha interesado. Pendeja yo que creía que alguna vez me había interesado.
Y ahora un repaso de las cosas de las que me he de quejar en lo que va del año...
Películas de terror: ni una chida. ¿Cómo va a ser eso? No digo que Mamá no se pueda ver, claro que sí, pero está panchosísima.
Cómics: claro que de Batman, ¿luego de quién? ¿A qué puta hora van a darle cuello a Scott Snyder y contratar a un guionista decente que deje de tratar a Batman como homosexual pasivo en lugar de como el homosexual activo que realmente es? Neta estoy fastidiada de búhos, Jokers sin cara, Batmans hipersensibles y presuntas asociadas no solicitadas. Si no puede volver Morrison, traigan de vuelta a Brubaker, Adams o a Tomasi.
Jale: mucho, ahora bien pagado, a dios gracias, pero lleno de güerquete pendejo sin nada mejor qué hacer que quejarse de la vida y de lo que tienen, como si no tuvieran un chingo y a manos llenas.
Taco y Vicho del Mal: ahora resulta que me tienen miedo. Cada vez que el Taco me dice que me tiene miedo, me acuerdo de doña Leti, mi vecina cuando era niña, que durante una época particularmente pinche de su vida tuvo que recurrir a trabajos ingratos para mantener a sus hijos, y que les daba de tablazos cada vez que se le ponían al brinco. El Taco se siente maltratado porque le grito las órdenes cuando está muy concentrada en El Chavo animado o en Bob Esponja como para poner atención a la primera.
Y eso me lleva a la siguiente queja: ¡En una pinche casa donde la madre de familia tiene la colección completa de Batman Animated, Justice League, Count Patula a medias, Ahí viene Cascarrabias, Pink Panther, Miyasaki, etcétera, etcétera, etcétera, ¿el Taco, digo, la hija ve El Chavo animado? Qué degeneración, neta que sí!
Migrañas: a diario, gracias por preguntar.
Tele: ¡no tengo tele en mi cuarto!¡No tengo tele en mi cuarto! ¡Chingadamadre, que no tengo tele en mi cuarto!
Superhéroes: detesto que la próxima película de Superman vaya a tener de coestelar a Batman, y que Batman no vaya a ser Christian Bale, y que vaya a estar basada en Dark Knight Returns. Si la cosa está dirigida por Zack Snyder (en el nombre llevan la fama los cabrones) y sin Nolan de por media, será una reverenda mierda. Y para mierda, no necesitan involucrar a Batman.
Mi última queja del día tiene que ver con cambiar el pañal del Vicho. Y como es un asunto urgente, el resto de las quejas del año quedan para otro post.
He dicho.
Y ahora un repaso de las cosas de las que me he de quejar en lo que va del año...
Películas de terror: ni una chida. ¿Cómo va a ser eso? No digo que Mamá no se pueda ver, claro que sí, pero está panchosísima.
Cómics: claro que de Batman, ¿luego de quién? ¿A qué puta hora van a darle cuello a Scott Snyder y contratar a un guionista decente que deje de tratar a Batman como homosexual pasivo en lugar de como el homosexual activo que realmente es? Neta estoy fastidiada de búhos, Jokers sin cara, Batmans hipersensibles y presuntas asociadas no solicitadas. Si no puede volver Morrison, traigan de vuelta a Brubaker, Adams o a Tomasi.
Jale: mucho, ahora bien pagado, a dios gracias, pero lleno de güerquete pendejo sin nada mejor qué hacer que quejarse de la vida y de lo que tienen, como si no tuvieran un chingo y a manos llenas.
Taco y Vicho del Mal: ahora resulta que me tienen miedo. Cada vez que el Taco me dice que me tiene miedo, me acuerdo de doña Leti, mi vecina cuando era niña, que durante una época particularmente pinche de su vida tuvo que recurrir a trabajos ingratos para mantener a sus hijos, y que les daba de tablazos cada vez que se le ponían al brinco. El Taco se siente maltratado porque le grito las órdenes cuando está muy concentrada en El Chavo animado o en Bob Esponja como para poner atención a la primera.
Y eso me lleva a la siguiente queja: ¡En una pinche casa donde la madre de familia tiene la colección completa de Batman Animated, Justice League, Count Patula a medias, Ahí viene Cascarrabias, Pink Panther, Miyasaki, etcétera, etcétera, etcétera, ¿el Taco, digo, la hija ve El Chavo animado? Qué degeneración, neta que sí!
Migrañas: a diario, gracias por preguntar.
Tele: ¡no tengo tele en mi cuarto!¡No tengo tele en mi cuarto! ¡Chingadamadre, que no tengo tele en mi cuarto!
Superhéroes: detesto que la próxima película de Superman vaya a tener de coestelar a Batman, y que Batman no vaya a ser Christian Bale, y que vaya a estar basada en Dark Knight Returns. Si la cosa está dirigida por Zack Snyder (en el nombre llevan la fama los cabrones) y sin Nolan de por media, será una reverenda mierda. Y para mierda, no necesitan involucrar a Batman.
Mi última queja del día tiene que ver con cambiar el pañal del Vicho. Y como es un asunto urgente, el resto de las quejas del año quedan para otro post.
He dicho.
viernes, agosto 31, 2012
Maldito payaso...
Y para no perder costumbre, este honorable Hurón pasó otra noche de insomnio. Muy apaciblemente, apagó todo hacia la medianoche, y empezó la revolcadera, pero no una divertida: sobre el costado derecho, que es mi lado favorito para dormir. Nada. Luego sobre el izquierdo, que no me resulta tan cómodo: ni madre. Boca abajo, boca arriba, con una almohada entre las piernas, sin almohada en la cabeza, tapada, destapada, con clima, sin clima, y puro chorizo: Hurón sin poder dormir.
Entonces, a eso de la 1:15, ¡que se adormila! Pero entonces entra el Oportuno, que oportunamente pisó un juguete del Tejoncito melero, y tanto el Tejón como el juguete empezaron a berrear. Adiós sueño. ¿Y el Oportuno? ¡Roncando el infeliz! Y allá va el honorable y Magnánimo Hurón a prender la lap otra vez, a pendejear en el face (si es aburrido en horas concurridas, lo es aún más a mitad de la noche), a leer cómics, a intentar ver una película, y nel, porque además de insomnio, el apreciable Hurón tenía una pinche migraña de mierda que tampoco le ayudaba a dormir.
Y entonces llegan las horas negras, porque es increíble la cantidad de mierda malviajada que se te puede venir a la cabeza cuando estás sola, desvelada, aburrida, y algo triste. Mal viaje tras mal viaje, sin trazas de acabarse. ¿Y qué hace el Hurón? Pues la verdad es que se toma muy en serio a sí misma, pero terminó mandándose a sí misma a la chingada cuando empezó a alucinar con ofensas acaecidas en la temprana infancia. Allí se dijo el Hurón: "Hurón, ¡no mames y ya duérmete! Que te estés acordando de lo que Perenganita te dijo en el kínder es signo de que ya no estás en tu ínfimo nivel de racionalidad cotidiano, así que ya déjate de pendejadas y ¡vete a dormir!".
Adiós lap. Adiós internet. Hola almohada. Hola cama. Hola pinche Oportuno roncando. Media hora más de dar vueltas y revueltas, y por fin (hacia las 4:00) me duermo. ¿El secreto? Ignorar la migraña, que jamás se me mitigó con el analgésico. Y justo cuando estaba en lo más sabroso del sueño, el despertador. Lo confieso: no me siento cansada y no tengo sueño... ahora. Pero después de mediodía va a ser un tango no sentir que me debo arrastrar para llegar al baño o ir a la tienda de al lado.
Entonces, a eso de la 1:15, ¡que se adormila! Pero entonces entra el Oportuno, que oportunamente pisó un juguete del Tejoncito melero, y tanto el Tejón como el juguete empezaron a berrear. Adiós sueño. ¿Y el Oportuno? ¡Roncando el infeliz! Y allá va el honorable y Magnánimo Hurón a prender la lap otra vez, a pendejear en el face (si es aburrido en horas concurridas, lo es aún más a mitad de la noche), a leer cómics, a intentar ver una película, y nel, porque además de insomnio, el apreciable Hurón tenía una pinche migraña de mierda que tampoco le ayudaba a dormir.
Y entonces llegan las horas negras, porque es increíble la cantidad de mierda malviajada que se te puede venir a la cabeza cuando estás sola, desvelada, aburrida, y algo triste. Mal viaje tras mal viaje, sin trazas de acabarse. ¿Y qué hace el Hurón? Pues la verdad es que se toma muy en serio a sí misma, pero terminó mandándose a sí misma a la chingada cuando empezó a alucinar con ofensas acaecidas en la temprana infancia. Allí se dijo el Hurón: "Hurón, ¡no mames y ya duérmete! Que te estés acordando de lo que Perenganita te dijo en el kínder es signo de que ya no estás en tu ínfimo nivel de racionalidad cotidiano, así que ya déjate de pendejadas y ¡vete a dormir!".
Adiós lap. Adiós internet. Hola almohada. Hola cama. Hola pinche Oportuno roncando. Media hora más de dar vueltas y revueltas, y por fin (hacia las 4:00) me duermo. ¿El secreto? Ignorar la migraña, que jamás se me mitigó con el analgésico. Y justo cuando estaba en lo más sabroso del sueño, el despertador. Lo confieso: no me siento cansada y no tengo sueño... ahora. Pero después de mediodía va a ser un tango no sentir que me debo arrastrar para llegar al baño o ir a la tienda de al lado.
martes, enero 24, 2012
The protocolo de tesis strikes back!
Que hay que corregirlo. Que hay que escribirlo en voz impersonal. Que tiene que sonar académico.
El Oportuno tardó años en quitarme el tonito académico pinche que te dejan en letras (supongo que en toda filo) y hoy me piden que lo recupere. Pffff.
El Oportuno tardó años en quitarme el tonito académico pinche que te dejan en letras (supongo que en toda filo) y hoy me piden que lo recupere. Pffff.
jueves, diciembre 08, 2011
"Leer no sirve para nada: es un vicio, una felicidad..."
Con esta flagrante frase, tomada de Que leen los que no leen, de Juan Domingo Argüelles, quien a su vez la tomó de Gabriel Zaid, doy título a esta entrada.
No pretendo ni por accidente ponerme filosófica: mis tres lectores saben que carezco de la sutil gracia de la paciencia, que a la menor provocación empiezo a soltar trancazos, bofetadas e improperios inventados para la ocasión por mi fértil y guarra imaginación. Sin embargo, ya que todo mundo lo hace, dedicaré esta entrada al querido y nunca bien ponderado Enrique Peña Nieto.
Que si el tipo es imbécil o analfabeta funcional no lo pondré en discusión: es evidente que de unos quince años para acá, la ignorancia se ha añadido a las multifacéticas taras de los políticos, no sólo mexicanos, sino del mundo entero. Tal como es mi costumbre, escribo para echar pestes, porque luego de dos, tres, cuatro días de atizarle al fulano, el asunto ya perdió gracia y se ha convertido en el caballito de batalla de toda persona que no se considera ni imbécil ni analfabeta funcional porque ha leído al menos los tres mentados libros que le cambiaron la vida que fueron el inicio de esta humillante aventurita para el político priísta. Es decir, ya nos olvidamos de lo esencial, de que Enriquito (deje usted que lea o no lea: da igual, a lo mejor el cuate es un ajedrecista bien chingón o pasa su tiempo pintando al óleo, placeres que, por ejemplo, me están absolutamente vedados) es un completo zope que no tiene ni idea de como afrontar un imprevisto, y mire usted que en una presidencia de la república eso de los imprevistos ha de saltar unas quince veces al día.
Dejando de lado el hecho de que Quique es un muchacho basto, inculto, grosero, cabeza dura, etcétera, nos enfrentamos, en primer lugar, al hecho de que este chico tuvo dos salidas decorosas para la impertinente pregunta del impenitente periodista, y no se le ocurrió tomar ninguna: a) "Mire usted, estimado periodista, fíjese que no leo, es que, ¿sabe usted? no lo acostumbro. En la escuela me enseñaron que leer es para estudiar, así que he leído sólo lo que me sirve para mi profesión, y los títulos de esos libros son tan áridos y aburridos, que la verdad ni los recuerdo"; b) "Mire usted, señor periodista, esa es una pregunta que considero muy personal, y por lo mismo me concedo el derecho a no responderla". ¡Y punto! Ultimadamente, ¿qué te importa, hijo de puta, lo que leo o no leo, si es asunto mío?
En segundo lugar, nos enfrentamos a las incontables e interminables andanadas de la gente culta, la gente que lee, la gente que moraliza y que dice que aquellos que no leen son unos pobres ignorantes que no merecen, ya no tomar parte en la vida social, sino siquiera vivir en ella. Lo que Quique hizo fue darnos chance de ponernos groseros: "Mejor lee, no des Pena, Nieto"; "No le regales tu voto a Peña Nieto, mejor regálale un libro". Y mi pregunta es, ¿para qué le regalo un libro, si no lo va a leer? Lo cual me lleva a una cuestión prístina y fundamental en la que nadie, en los últimos años, parece haber parado mientes: ¿y si esos bajos índices de lectura que tanto nos pasean las autoridades por delante de las narices, significan simple y llanamente que a la raza no le da la puta gana leer, qué?
Lo que olvidamos aquellos que leemos, es que leer es una de las muchas aficiones "cultas" que puede practicar una persona: también lo son ir al teatro, ir a un concierto, ir a un baile, ir al ballet, ir al cine, ir a un jolgorio, pintar, jugar ajedrez, esculpir, plantar jardines, y jugar a la matatena. Y sin embargo, de todas estas opciones de sano esparcimiento cultural, yo solo puedo decir honestamente que leo, escucho música y voy al cine. ¿No jugar ajedrez me hace ignorante? Tal vez. ¿No ir al teatro me convierte en una persona inculta? Chance. ¿No llorar de emoción cada vez que la primera bailarina ejecuta un pas de deux en "El lago de los cisnes" me convierte en una bruta? Quizás. Pero la verdad, me vale cuerno, porque al final, cada quien toma del mundo, e incluso de la cultura, aquello que le resulta más agradable, y ese es un derecho básico e incontrovertible, como respirar.
Así que la frase de Zaid me parece muy adecuada en estos momentos: ¿Para qué sirve leer? Para nada. Si no es un vicio, si no te da felicidad, si no te da una perspectiva del mundo (que no proporciona el libro, sino que vislumbra la propia persona a través del libro) no sirve para nada. No sirve ni para estudiar, vaya. Este infortunado incidente ha servido para que los "lectores profesionales", esos que nomás leen sin levantar la vista para de perdido ver transcurrir la vida mientras ellos se sienten elegidos por los dioses por estar leyendo la última novela de quien quiera que esté de moda, se sientan con el derecho (autoproclamado, y por lo tanto espurio) de despreciar al Quique, y de paso a los noventa millones de mexicanos que no leen, porque no son capaces de citar de memoria a Bourdieux, Lacan, Derrida, Saussure, etcétera, etcétera, etcétera. Pongámonos humildes: leer es maravilloso, es un regalo que nos da la vida, pero no es milagroso: como dice Argüelles (perdón por citar) en alguna parte de Qué leen los que no leen, el libro es un espejo, y una lente de aumento, que magnifica eso que trae dentro de sí misma cada persona. O si lo quiere usted con peras y manzanas:
Así que deje usted de partirle su madre a Enriquito (ya se encargará él mismo de partírsela solo, y esperemos que sin llegar a ser presidente): insistir en el punto ya es pedantería, cursilería y pura, pura vulgaridad. He dicho.
No pretendo ni por accidente ponerme filosófica: mis tres lectores saben que carezco de la sutil gracia de la paciencia, que a la menor provocación empiezo a soltar trancazos, bofetadas e improperios inventados para la ocasión por mi fértil y guarra imaginación. Sin embargo, ya que todo mundo lo hace, dedicaré esta entrada al querido y nunca bien ponderado Enrique Peña Nieto.
Que si el tipo es imbécil o analfabeta funcional no lo pondré en discusión: es evidente que de unos quince años para acá, la ignorancia se ha añadido a las multifacéticas taras de los políticos, no sólo mexicanos, sino del mundo entero. Tal como es mi costumbre, escribo para echar pestes, porque luego de dos, tres, cuatro días de atizarle al fulano, el asunto ya perdió gracia y se ha convertido en el caballito de batalla de toda persona que no se considera ni imbécil ni analfabeta funcional porque ha leído al menos los tres mentados libros que le cambiaron la vida que fueron el inicio de esta humillante aventurita para el político priísta. Es decir, ya nos olvidamos de lo esencial, de que Enriquito (deje usted que lea o no lea: da igual, a lo mejor el cuate es un ajedrecista bien chingón o pasa su tiempo pintando al óleo, placeres que, por ejemplo, me están absolutamente vedados) es un completo zope que no tiene ni idea de como afrontar un imprevisto, y mire usted que en una presidencia de la república eso de los imprevistos ha de saltar unas quince veces al día.
Dejando de lado el hecho de que Quique es un muchacho basto, inculto, grosero, cabeza dura, etcétera, nos enfrentamos, en primer lugar, al hecho de que este chico tuvo dos salidas decorosas para la impertinente pregunta del impenitente periodista, y no se le ocurrió tomar ninguna: a) "Mire usted, estimado periodista, fíjese que no leo, es que, ¿sabe usted? no lo acostumbro. En la escuela me enseñaron que leer es para estudiar, así que he leído sólo lo que me sirve para mi profesión, y los títulos de esos libros son tan áridos y aburridos, que la verdad ni los recuerdo"; b) "Mire usted, señor periodista, esa es una pregunta que considero muy personal, y por lo mismo me concedo el derecho a no responderla". ¡Y punto! Ultimadamente, ¿qué te importa, hijo de puta, lo que leo o no leo, si es asunto mío?
En segundo lugar, nos enfrentamos a las incontables e interminables andanadas de la gente culta, la gente que lee, la gente que moraliza y que dice que aquellos que no leen son unos pobres ignorantes que no merecen, ya no tomar parte en la vida social, sino siquiera vivir en ella. Lo que Quique hizo fue darnos chance de ponernos groseros: "Mejor lee, no des Pena, Nieto"; "No le regales tu voto a Peña Nieto, mejor regálale un libro". Y mi pregunta es, ¿para qué le regalo un libro, si no lo va a leer? Lo cual me lleva a una cuestión prístina y fundamental en la que nadie, en los últimos años, parece haber parado mientes: ¿y si esos bajos índices de lectura que tanto nos pasean las autoridades por delante de las narices, significan simple y llanamente que a la raza no le da la puta gana leer, qué?
Lo que olvidamos aquellos que leemos, es que leer es una de las muchas aficiones "cultas" que puede practicar una persona: también lo son ir al teatro, ir a un concierto, ir a un baile, ir al ballet, ir al cine, ir a un jolgorio, pintar, jugar ajedrez, esculpir, plantar jardines, y jugar a la matatena. Y sin embargo, de todas estas opciones de sano esparcimiento cultural, yo solo puedo decir honestamente que leo, escucho música y voy al cine. ¿No jugar ajedrez me hace ignorante? Tal vez. ¿No ir al teatro me convierte en una persona inculta? Chance. ¿No llorar de emoción cada vez que la primera bailarina ejecuta un pas de deux en "El lago de los cisnes" me convierte en una bruta? Quizás. Pero la verdad, me vale cuerno, porque al final, cada quien toma del mundo, e incluso de la cultura, aquello que le resulta más agradable, y ese es un derecho básico e incontrovertible, como respirar.
Así que la frase de Zaid me parece muy adecuada en estos momentos: ¿Para qué sirve leer? Para nada. Si no es un vicio, si no te da felicidad, si no te da una perspectiva del mundo (que no proporciona el libro, sino que vislumbra la propia persona a través del libro) no sirve para nada. No sirve ni para estudiar, vaya. Este infortunado incidente ha servido para que los "lectores profesionales", esos que nomás leen sin levantar la vista para de perdido ver transcurrir la vida mientras ellos se sienten elegidos por los dioses por estar leyendo la última novela de quien quiera que esté de moda, se sientan con el derecho (autoproclamado, y por lo tanto espurio) de despreciar al Quique, y de paso a los noventa millones de mexicanos que no leen, porque no son capaces de citar de memoria a Bourdieux, Lacan, Derrida, Saussure, etcétera, etcétera, etcétera. Pongámonos humildes: leer es maravilloso, es un regalo que nos da la vida, pero no es milagroso: como dice Argüelles (perdón por citar) en alguna parte de Qué leen los que no leen, el libro es un espejo, y una lente de aumento, que magnifica eso que trae dentro de sí misma cada persona. O si lo quiere usted con peras y manzanas:
... no por ser lector ávido el ser humano estará lejos de las bestias. Las autocomplacientes teorías que relacionan progreso político, social y económico con arte y cultura terminan por ser algunas de las chapucerías más patéticas de la soberbia intelectual. Creer que en el libro reside de suyo, siempre, el mejoramiento humano, es como ignorar que entre los creyentes religiosos, que presuntamente siempre tienden al bien, se incuban y se desarrollan muchos de los especímenes más infames y destructivos del género humano y la naturaleza. Todo fanatismo, incluso el de la cultura, por bienintencionado que sea, conduce siempre a conclusiones falsas.
Como todas las adicciones, la lectura no sólo no cura los males sino que los agrava. A los pretenciosos los vuelve más pretenciosos; a los ridículos, más ridículos; a los vanidosos, más vanidosos; y más frívolos a los frívolos, y más desdeñosos a los desdeñosos. Que es lo mismo que decir, con Lichtenberg, 'aquello tuvo el efecto que por lo general tienen los buenos libros. Hizo más tontos a los tontos; más listos a los listos, y los miles restantes quedaron ilesos'.
Más allá de optimismos excesivos, que son una forma de irresponsabilidad, entendemos que, como todo acto humano, la lectura y la escritura están permeadas por nuestra personalidad, por nuestros propios temores y resentimientos, y por nuestros sueños y desdichas. No hay que ser condescendientes con esto, ni hipócritas: somos lo que somos incluso si leemos.
Así que deje usted de partirle su madre a Enriquito (ya se encargará él mismo de partírsela solo, y esperemos que sin llegar a ser presidente): insistir en el punto ya es pedantería, cursilería y pura, pura vulgaridad. He dicho.
sábado, noviembre 12, 2011
Mal agüero
El 4 de noviembre de 2008, murió Juan Camilo Mouriño, en aquel entonces Secretario de gobernación de México.
Ayer, 11 de noviembre de 2011 (el dichoso 11/11/11 que trajo histérica a la raza todo el santo -vale, pinche- día) murió José Francisco Blake Mora, en vida Secretario de gobernación de México.
¿Compló? ¿Destino chingaquedito? ¿Humor negro divino?
Actualmente, Alfonso Lujambio, Secretario de educación pública de México, está gravemente enfermo de cáncer.
Los tres, altos funcionarios del querido y nunca bien ponderado Felipito Calderón.
Conspiraciones mis narices: Calderón trae mala suerte. ¡México, te exhorto a hacerte una limpia con sahumerios y toda la cosa!
(Perdonen mis dos lectores cualquier dedazo posible o contundente: estoy muerta de sueño y algo borracha -y no por la muerte de Blake Mora...).
Ayer, 11 de noviembre de 2011 (el dichoso 11/11/11 que trajo histérica a la raza todo el santo -vale, pinche- día) murió José Francisco Blake Mora, en vida Secretario de gobernación de México.
¿Compló? ¿Destino chingaquedito? ¿Humor negro divino?
Actualmente, Alfonso Lujambio, Secretario de educación pública de México, está gravemente enfermo de cáncer.
Los tres, altos funcionarios del querido y nunca bien ponderado Felipito Calderón.
Conspiraciones mis narices: Calderón trae mala suerte. ¡México, te exhorto a hacerte una limpia con sahumerios y toda la cosa!
(Perdonen mis dos lectores cualquier dedazo posible o contundente: estoy muerta de sueño y algo borracha -y no por la muerte de Blake Mora...).
viernes, noviembre 04, 2011
Atrofia imaginativa
Hace unos días, algunos de mis estudiantes hicieron una representación, accidentada y muy improvisada, de "Un hogar sólido", de Elena Garro. Pocos de los espectadores lo notaron, pero se les olvidó una parte de los diálogos, de manera que medio improvisaron al principio, hasta que la cosa se estabilizó. Yo, en su caso, habría quedado muy escamada con la experiencia y lo máprobable es que jamás me hubiera vuelto a acercar a una representación. Sin embargo, a ellos les gustó, y ahora están planeando montar una pastorela para dentro de un mes.
Son chicos extraordinarios. Escandalosos, como cualquier chico promedio de prepa, estos además son curiosos y receptivos. Les he dado las materias de humanidades y ciencias sociales, y en general les gusta participar, opinar, y sobre todo, leer. Leían de buena gana, o escuchaban a otros leer en voz alta, y les gustaba. La lectura les evocaba sabrá dios qué cosas en la cabeza. De manera que ahora son capaces de hallarle gusto al teatro.
Hoy tuve una sesión de cine muy frustrante con otro grupo. Veíamos "La niebla", de Carpenter, porque con ellos estoy viendo la tipología del cuento, y "La niebla" es un buen cuento de terror. Sólo asistieron dos: las chicas no obtuvieron permiso de los padres para quedarse, uno de los chicos (el que se duerme cada vez que leemos en clase) prefirió irse a jugar futbol americano. De los dos que se quedaron (casi como dice la canción) uno de ellos se retiró porque tenía hambre, y el otro porque no le gusta el cine. Es que es aburrido. Es que no le llama la atención. Tampoco los cuentos de terror. en general, ningún cuento, a menos que sea un manga japonés, de preferencia Evangelion o algo parecido, con personajes muy tristes y profundos, que reflejen lo trágica que es la existencia humana.
Es curioso como sufrimos de atrofia imaginativa en diversos grados, y no sólo las personas que están clavadas en la televisión, o los deportes, o las telenovelas. Este chico gusta de leer, pero en lugar de que la lectura le abra el mundo, él ha elegido cerrárselo. Cuando el medio nos atrofia es triste, pero que uno mismo decida mutilarse, cegarse, encerrarse en un cuartito pequeño, deprimente y a la medida de nuestra autocompasión, no sólo es triste, sino trágico. Y de paso, da mucha hueva.
Son chicos extraordinarios. Escandalosos, como cualquier chico promedio de prepa, estos además son curiosos y receptivos. Les he dado las materias de humanidades y ciencias sociales, y en general les gusta participar, opinar, y sobre todo, leer. Leían de buena gana, o escuchaban a otros leer en voz alta, y les gustaba. La lectura les evocaba sabrá dios qué cosas en la cabeza. De manera que ahora son capaces de hallarle gusto al teatro.
Hoy tuve una sesión de cine muy frustrante con otro grupo. Veíamos "La niebla", de Carpenter, porque con ellos estoy viendo la tipología del cuento, y "La niebla" es un buen cuento de terror. Sólo asistieron dos: las chicas no obtuvieron permiso de los padres para quedarse, uno de los chicos (el que se duerme cada vez que leemos en clase) prefirió irse a jugar futbol americano. De los dos que se quedaron (casi como dice la canción) uno de ellos se retiró porque tenía hambre, y el otro porque no le gusta el cine. Es que es aburrido. Es que no le llama la atención. Tampoco los cuentos de terror. en general, ningún cuento, a menos que sea un manga japonés, de preferencia Evangelion o algo parecido, con personajes muy tristes y profundos, que reflejen lo trágica que es la existencia humana.
Es curioso como sufrimos de atrofia imaginativa en diversos grados, y no sólo las personas que están clavadas en la televisión, o los deportes, o las telenovelas. Este chico gusta de leer, pero en lugar de que la lectura le abra el mundo, él ha elegido cerrárselo. Cuando el medio nos atrofia es triste, pero que uno mismo decida mutilarse, cegarse, encerrarse en un cuartito pequeño, deprimente y a la medida de nuestra autocompasión, no sólo es triste, sino trágico. Y de paso, da mucha hueva.
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