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martes, noviembre 24, 2020

Arquetipos

Cuando mi monstrua estaba chiquita y mi tejón melero era un bultito con el que pasaba mis tardes jugando a hacer ruiditos, leí ¿Qué sucedió con el paladín encapotado? en versión electrónica.


En aquel entonces, conocía muy poco a Gaiman: apenas unos pocos números aislados de Sandman y un par de películas sobre sus obras: Mirrormask y Coraline. Aún no me había topado con American Gods


Esta tarde leí nuevamente ¿Qué sucedió con el paladín encapotado? y ahora me parece de una hermosura pasmosa. A la altura de American Gods, casi tan conmovedor como el interludio de la joven irlandesa expatriada al nuevo mundo, o como el capítulo en el que Sombra conoce a la más joven de las hermanas Zorya y ésta le regala la luna. Es un Batman arquetípico, un mito, que bien pudo caminar con Mr. Wednesday, Anansy y Mama-ji. Como el agujero en las cosas de Morrison. O la Gotham para siempre decadente de Miller. 


Nolan tiene que haber tomado a este Batman de modelo para su Dark Knight Rises. Ese Batman que no puede sino ser Batman, que sabe que tiene que serlo hasta morir. Porque, ¿qué otra cosa puede ser? 


Si te has convertido en un mito, ¿qué más puedes hacer, sino nacer y morir una y otra vez, hasta el fin de los tiempos?

viernes, agosto 17, 2012

Cómo Nolan hizo de Batman un caballero inglés...


Le tomó tiempo, pero el Sr. Pachuco lo descubrió: ese texto tan lindo que Gordon lee casi al final de Batman: the dark knight rises es este:

"I see a beautiful city and a brilliant people rising from this abyss. I see the lives for which I lay down my life, peaceful, useful, prosperous and happy. I see that I hold a sanctuary in their hearts, and in the hearts of their descendants, generations hence. It is a far, far better thing that I do, than I have ever done; it is a far, far better rest that I go to, than I have ever known."

El fragmento completo está en el capítulo 15 de Historia de dos ciudades, de Charles Dickens. Me gustaría poder decir con exactitud las circunstancias en que estas palabras se expresan, pero no puedo, porque no conozco el libro. Sin embargo, aquí dejo el fragmento:

"I see a beautiful city and a brilliant people rising from this abyss, and, in their struggles to be truly free, in their triumphs and defeats, through long years to come, I see the evil of this time and of the previous time of which this is the natural birth, gradually making expiation for itself and wearing out.
I see the lives for which I lay down my life, peaceful, useful, prosperous and happy, in that England which I shall see no more.
I see that I hold a sanctuary in their hearts, and in the hearts of their descendants, generations hence. I see her, an old woman, weeping for me on the anniversary of this day. I see her and her husband, their course done, lying side by side in their last earthly bed, and I know that each was not more honoured and held sacred in the other's soul, than I was in the souls of both.
I see that child who lay upon her bosom and who bore my name, a man winning his way up in that path of life which once was mine. I see him winning it so well, that my name is made illustrious there by the light of his. I see the blots I threw upon it, faded away. I see him, foremost of just judges and honoured men, bringing a boy of my name, with a forehead that I know and golden hair, to this place— then fair to look upon, with not a trace of this day's disfigurement— and I hear him tell the child my story, with a tender and a faltering voice.
It is a far, far better thing that I do, than I have ever done; it is a far, far better rest that I go to than I have ever known."

martes, julio 31, 2012

Y que se levanta don Murciélago...

Antes de empezar, advierto: este post está lleno de spoilers, así que si no has visto Batman: The Dark Knight Rises, y no quieres tener una puta idea de de qué se trata hasta que te aplastes a verla, haz el favor de largarte de este blog y seguir con tu feliz existencia.

Pues bien, que por fin se me hizo terminar la espera y fui a ver Batman: The Dark Knight Rises (como dice el Flaco: pero qué pinche nombre más largo, caray, pero juro que la película le cumple al título cabalmente). He esperado por ver esta película desde que terminé de ver Batman: The Dark Knight, y debo decir que estoy muy contenta. Más aún, demasiado contenta de lo que vi en la pantalla.

Como saben mis dos lectores (hola Pachuco y Flaco), Batman es un tema delicado para este honorable y nunca bien ponderado Hurón, que considera al bueno de don Murciélago no sólo uno de sus héroes literarios favoritos (a la par de Prometeo, Artagnan y Athos), sino uno de sus anclajes más firmes en esa actividad que es en la práctica el centro de su existencia: leer (bueno, reconozco que también me gusta hacer algunas otras cosas, como respirar, comer, beber, ver películas, dormir un poco, criar niños, amar esposo, reír con amigos y arrear alumnos). Así, cada mala adaptación de Batman se me ha convertido en una ofensa personal, cada adaptación buena en un maravilloso viaje de compañía, y esta trilogía, en particular, en una gozosa experiencia.

Las películas de Nolan tienen una virtud que le veo colgarse a muy pocas adaptaciones: la de ser criaturas enraizadas en sus orígenes, pero capaces de vivir su propia existencia (como el Hellboy de del Toro, pues). Sin dejar de estar atado a las líneas generales del cómic, Nolan ha construido un Batman muy personal, creíble, respetable y humano. Además ha tratado a don Murciélago no sólo con respeto (cosa que, por ejemplo, no hizo Schumacher), sino con verdadero amor.

Si me sigo extendiendo no voy a terminar nunca, y como no se trata de elaborar un ensayo de crítica literario-cinematográfica, me limito a exponer mis impresiones, algunas de ellas alimentadas de las propias reflexiones de mi Pachuco, de esta película, que para mí ha sido la que ha marcado este año:

  • The Dark Knight Rises es un excelente fin a la trilogía que inició con Batman Begins: se toma el tiempo para narrar la historia del final del murciélago y para cerrar las tramas abiertas en las dos películas anteriores. Nolan se da el lujo de no dejar un solo cabo suelto: desde la aparición de Blake (que al Pachuco y a mí nos parece que es el pequeño a quien don Murciélago salvó junto con Rachel Dawes en Batman Begins) hasta la persecución que más allá de la muerte sigue ejerciendo Ra's al Ghul sobre Gotham.
  • Como lo mencioné más arriba, Nolan ha sido un director muy amoroso con Batman: le ha dado espacio para nacer, desarrollarse, enfurruñarse consigo mismo y con el mundo y luego para resurgir y redimirse. Lo ha tratado con una deferencia digna de caballeros. Tal vez esto sea lo que molesta a muchos espectadores: un Batman tan marcial, tan comedido, que a pesar de soltar tremendos trancazos y desplegar ingentes recursos tecnológicos no resulta audaz o simpático al estilo de muchos otros héroes. Cuando veo al Batman de Nolan, veo a un Batman inglés, no norteamericano, y la verdad, eso es algo que me gusta muchísimo.
  • Se trata de una película increíblemente épica, pero no la clase de épica que manejan por lo general las películas de superhéroes, que resulta estridente, hilarante  y chillona. Esta es una película sobria, solemne, acompasada, pero estremecedora en los momentos en que debe serlo. Lo curioso es que está llena de clichés, pero están manejados con tanta dignidad que no resultan enojosos ni cursis, sino conmovedores, y, en ocasiones, simpáticos.
  • Evidentemente, cada quien verá lo que desee en esta película. Batman es un cómic muy influido por la literatura (especialmente la gótica, claro está), y Nolan no parece estar desafilado en cuanto a lecturas literarias: el tono de la película aspira por momentos a la grandiosidad del teatro clásico, de la tragedia griega y el teatro isabelino. Tiene momentos muy memorables, como la primera aparición de Batman, que en conjunto con la música, y luego de saber que tiene ocho años sin entrar en acción, crea una expectativa similar a la de la Ilíada cuando Aquiles o Héctor salen al campo de batalla. Pero también tiene un elemento que no es sencillo encontrar en un héroe comiquero: la autorredención. Como en las obras de Dostoievski, llega el momento en que Batman deja de buscar la justicia, la bondad y el perdón en el mundo para buscarlas en sí mismo.
  • A diferencia de Batman Begins (basada en Año uno), de Batman: The Dark Knight (basada en The killing joke y The long Halloween), Batman: The Dark Knight Rises tiene guiños a una gran cantidad de sagas limitadas y de la serie regular que Batman ha cobijado a lo largo de los años. He aquí algunas de las que se me ocurren a vuelo de pájaro, y quien haya notado otras que se me pasen por favor hágamelo notar: Kingdom Come (cuando Bruce se pone los exoesqueletos para ayudarle a mover su rodilla y sus hombros), The Dark Knight Returns (con el autoexilio de Bruce y su repentina vuelta a la acción, así como todas sus apariciones trepidantes por toda la ciudad), Officer down (con la caída en el cumplimiento del deber de Jim Gordon), toda la enormísima saga de Bane (Knightfall, Knightquest y Knightsend), Cataclysm (en la que Gotham queda destruida por un tremendo terremoto), Road to No Man's Land (en la que un impotente Bruce Wayne contempla como el mundo entero abandona a Gotham a su suerte), No Man's Land (Gotham queda abandonada al arbitrio de lo peor de la ciudad), la saga de Ra's al Ghul, Last Rites (el conmovedor lamento de Alfred en la parte final de la película está tomado casi literalmente de “Batman and the Outsiders Special 2009”), y Batman Reborn (cuando el joven John Blake decide tomar el lugar del murciélago como protector de Gotham).
  • No sé al resto del mundo, pero a mí me pareció que la Catwoman de Anne Hataway es muy buena. Al fin Nolan le atinó con la elección de una actriz que diera el kilo para ser pareja de don Murciélago: no me esperaba que pudiera resultar convincente porque siempre que la veo me acuerdo de El diario de la princesa (y no se engañen, será de Disney pero es una película que me gusta mucho). 
  • El personaje de Bane es otro que resulta muy bien tratado por Nolan, que lo recrea y lo convierte en algo más que el despiadado Bane de los cómics: lo fusiona con Ubu, el sirviente de Ra's al Ghul, y lo convierte en la sombra protectora de Talia al Ghul, interpretada por una Marion Cotillard a la que se le da de maravilla hacerla de mosca muerta.
  • Para mí, Blake fue una agradable sorpresa. El personaje interpretado por Joseph Gordon-Levitt es muy bello y cubre espectros disímiles: desde instigador hasta amigo y confidente. Siempre me ha sorprendido la manera en que Nolan construye personajes de apoyo tan profundos y hermosos, pero es algo que se le da muy bien. En este caso le hizo un homenaje respetuoso y entrañable a Robin, y no a uno en particular, sino a los tres que han marcado la vida de Bruce Wayne/Batman: Dick Grayson, Jason Todd y Tim Drake. A qué héroe encarnará en un escenario hipotético este joven, si a Robin, Nightwing, o alguno de los nuevos auxiliares de don Murciélago desde que DC se lo trajo de regreso de la muerte, es algo que no alcanzo a dilucidar, y ni falta que hace, pues al final la cosa que en realidad importa es que Gotham tiene un protector, y que éste usa el manto del murciélago.
Lo que más me sorprende es que Nolan haya logrado, en un acto de amor supremo, algo que no recuerdo que alguien más haya hecho: obligar a don Murciélago a amarse a sí mismo, a temer por sí mismo, a desear encontrar el bien, la bondad y el amor en su propia persona, y salir al mundo a hacerlo un lugar mejor, no como Batman, no como el filántropo despistado Bruce Wayne, sino como un ser humano dispuesto a vivir, ser feliz, y transformar su entorno a través de su propia felicidad.

Y al final estoy haciendo lo que no quería hacer: extenderme. Pero esto me pasa siempre con este cuate, con don Murciélago, porque, verán, no tengo con quién hablar acerca de él. Y el cabrón me encanta, me ha encantado desde que era niña y lo tuve por primera vez en mis manos en un cómic, desde que lo vi en la ridícula serie sesentera, y luego en los Súper Amigos, y luego en las películas de Burton, y luego en las de Schumacher (que el diablo se lo cargue al infeliz de mierda), y luego en las maravillosas Animated Series, y luego en Batman Beyond, Justice League, The Batman, etcétera, etcétera, etcétera. Es increíble como un personaje ficticio se convierte en parte de tus referentes y tu vida. Este cabrón me ha acompañado un buen de años, y supongo que siempre me va a acompañar, como Aquiles, Prometeo, Perceval, Arturo, Hamlet, Artagnan, Athos, Cyrano, y aquel maravilloso Henry IX creado por Ray Bradbury.

Bien por don Murciélago.

viernes, enero 20, 2012

Irene y Dios

Esta tarde, mientras comprábamos un regalo para una amiguita del kínder que cumplía años, Irene vio flores en un estante de Soriana. Y dijo: "Quisiera comprarle algunas de esas flores a Dios para llevárselas. Así, ella sabría que la quiero mucho."

El Sr. Oportuno acaba de contarme que cada vez que empieza una película de la Columbia, y sale esa chica que parece estatua de la libertad, la Niké, o algo así, Irene piensa que la modelo es Dios.

Así que queda claro: Irene está convencida de que Dios es una estatua, y de que esa estatua es mujer. ¡Quiúbole!



miércoles, diciembre 14, 2011

¡Oh, Pasmaria, mis ojos se humedecen al contemplarte! :D

¡Ya caigo! Si a los noruegos les tocó el primer encontronazo con la criatura gacha de "The thing", ¡es porque fueron los primeros en conquistar el Polo Sur, o sea, la Antártida! Qué bonito es ser pasmarote :D

¡A buscar marcianos, dicen los zambianos!

Y bueno, no tengo idea de si el gentilicio de Zambia es zambianos, pero dada mi evidente ignorancia, lo consigno así y que me corrija quien mejor lo sepa. Acabo de encontrarme esta notita en internet (ya, pues, me di de narices con ella en Twitter) y se me ha hecho ternurita, ternurita, pa' novela de ciencia ficción de allá de los cincuenta. La neta es que la pudo escribir Ray Bradbury. Disfrútenla :)


El año que Zambia quiso enviar un astronauta a la luna 
El país africano desarrolló un disparatado programa espacial en los años sesenta 
Cuando se habla de la carrera espacial, todo el mundo piensa en la lucha que mantuvieron los Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética por convertirse en la primera potencia capaz de llevar un hombre a la Luna. Sin embargo, no fueron los únicos países que durante la Guerra Fría se lanzaron a la conquista del espacio.
Según cuenta Guillermo Carvajal en “La brújula verde”, a comienzos de la década de los 60, Zambia también desarrolló su propio programa espacial. Su objetivo era enviar un cohete a la luna, tripulado por doce astronautas y dos gatos. 
La iniciativa fue ideada y puesta en marcha en 1962 por Edward Makuka Nikoloso, un profesor de ciencias y activista político que fundó la Zambia National Academy of Science, Space Research and Philosophy.
Para poder llevar a cabo el proyecto, Nikoloso construyó un centro de entrenamiento cerca de la capital del país, Lusaka. En esas instalaciones, mientras los futuros astronautas recibían consignas tan disparatadas como no forzar la conversión al cristianismo de los habitantes marcianos, otros operarios se encargaban de construir artesanalmente la nave que debería llevarlos hasta el planeta rojo, que sería impulsada con un sistema derivado de la catapulta.
Como es lógico, el gobierno de Zambia no puso demasiado interés en esta alocada iniciativa, así que Nikoloso solicitó siete millones de libras a la UNESCO para afrontar los costes de su programa espacial. El dinero nunca llegó y el proyecto acabó siendo cuando abandonado cuando Matha Mwambwa, la primera mujer de raza negra que debía llegar a Marte, se quedó embarazada y abandonó el programa con sus gatitos. Pese a la evidente inviabilidad del proyecto, el profesor Nikoloso nunca reconoció que su idea era una utopía. Al contrario, llegó a escribir artículos de prensa en los que la defendía, a la vez que aseguraba que los rusos y americanos espiaban su trabajo y planeaban robarle a la chica astronauta con el objetivo de frustrar su proyecto.

Aquí el link, si la quiere leer en vivo y en directo :D

martes, octubre 19, 2010

Libros y películas

Tengo dos semanas en casa, esperando llevar a buen término mi segundo embarazo. Durante estos días, mis compañeros constantes han sido mi hija y mi laptop. De la larga sesión de twitter del día de hoy saco el tema de esta entrada: las adaptaciones de libros al cine.

Por la gran cantidad de tweets que leí al respecto, veo que el tema es apasionante, y que la raza está más que dispuesta a clavarse en él. Yo me cuestiono qué es lo importante del tema: el libro, la película, la fidelidad de la adaptación... Siempre me ha parecido que es mal negocio la obligada comparación que el fan de un libro hará con la adaptación cinematográfica, porque sin importar qué tan fiel sea, siempre le parecerá "rabona" en relación a su libro favorito. Al menos a mí me ha parecido que es así con todas las películas que conozco basadas en Los tres mosqueteros: siempre son pobres, insuficientes, y mediocres. Y aunque en la mayor parte de las ocasiones estoy segura que puedo respaldar mi juicio con observaciones objetivas, la realidad es que ninguna película, jamás, estará a la altura de mi experiencia de lectora con esta novela. De ahí que sea un ejercicio a la par injusto y ocioso querer establecer un paralelismo entre el maravilloso libro X con la mediana película Y.

La gran riqueza de la interacción literatura-cine es la producción de criaturas independientes. Al menos así define Guillermo del Toro la adaptación de un libro al cine: así considera él a su Hellboy, así considero yo al Batman de Nolan, y posiblemente así consideraré al Drácula de Coppola cuando por fin pueda ver esa película completa. Así es El resplandor de Kubric (que, aunque se pasa monumentalmente por el arco del triunfo a Stephen King, es quizá la mejor adaptación que se haya hecho a una novela suya), así es La mitad siniestra de Romero (otra del King), así es (según dicen, porque no he leído el libro) Niños del hombre, de Cuarón; así es con Los hombres que no amaban a las mujeres, Déjame entrar, y estoy segura que es el mismo caso de Los ríos de color púrpura. Si la intención es adaptar con toda exactitud una obra literaria, ¿cuál es la riqueza del ejercicio? ¿Cuál es, por ejemplo, la gran ganancia de Watchmen, que recupera casi con total exactitud gran parte de la novela gráfica y deja fuera las minucias que hacen del cómic una obra tan rica y memorable? ¿Cuál es el objeto de aquella miniserie noventera de El resplandor, con Rebeca de Mornay, que es copia exacta del libro, y que es sencillamente un producto aburrido y, en lo personal, aborrecible?

Si de lo que se trata es de reproducir el libro, sería mejor ahorrar tiempo y dinero y darle la oportunidad a cada lector de experimentar la obra. Así cada quien tendrá su versión idílica de los mosqueteros, de Tierra Media, de Howarts, del Hotel Overlook, de los 300 espartanos, de Watchmen, de ciertos higiénicos vampiritos, etcétera, etcétera, etcétera.

sábado, octubre 03, 2009

Bienaventurado quien encuentra algo chido en el botadero


Anoche, molidos y todo, este Magnánimo y su Oportuno cayeron por HEB para comprarse unas cositas de primera necesidad: leones, totopitos, quesito y así. Ya para irse pasaron por no dejar por el botadero de películas de la tienda. Y se consiguieron Ginger Snaps por 49 pesos. Estamos muy contentos: es la única película de hombres lobo decente que recordamos de los últimos diez años. Aunque Dogsoldiers está cotorra :D

Me encanta el horror de bajo presupuesto, jeje.

jueves, septiembre 03, 2009

Bridge over troubled water

En general, todo American IV de Jhonny Cash le llega rete harto a este Hurón. Hace días que traigo ganas de poner esta rola, y apenas hoy tuve tiempo. Me hace pensar en Shyamalan y su Signals: nada es casual, hasta el más trivial suceso está planeado minuciosamente de antemano, y hay alguien cuidando de ti. Ahora creo a pie juntillas en ello. Que tengan bonito día :D


When youre weary, feeling small,
When tears are in your eyes, I will dry them all;
Im on your side. when times get rough
And friends just cant be found,
Like a bridge over troubled water
I will lay me down.
Like a bridge over troubled water
I will lay me down.

When youre down and out,
When youre on the street,
When evening falls so hard
I will comfort you.
Ill take your part.
When darkness comes
And pains is all around,
Like a bridge over troubled water
I will lay me down.
Like a bridge over troubled water
I will lay me down.

Sail on silvergirl,
Sail on by.
Your time has come to shine.
All your dreams are on their way.
See how they shine.
If you need a friend
Im sailing right behind.
Like a bridge over troubled water
I will ease your mind.
Like a bridge over troubled water
I will ease your mind.

http://www.youtube.com/watch?v=7maJu5X7_Tk

lunes, mayo 18, 2009

Yes, master...

Igor: asistente del doctor Víctor Frankenstein en la versión fílmica protagonizada por Boris Karloff en 1931.

Este personaje no existe en la novela de Mary Shelley: fue una encantadora adición hollywoodense, y por lo tanto, es un personaje de tradición absolutamente cinematográfica. A los productores de las películas clásicas de horror (allá por el primer tercio del siglo XX) se les ocurrió que un científico loco se ve más cotorro cuando un freekie jorobado lo acompaña y le hace jale de gato. Igor es muy sufrido; se la pasa trabajando, no como negro, sino como indocumentado mexicano en Gringolandia; tira de la palanca del aparatejo con el que su científico loco en turno (no necesariamente Víctor Frankenstein) pretende devolverle la vida a algún jumento surcido con partes humanas provenientes de cuerpos diversos y dice "Yes, master" todo el tiempo.

El único referente literario que conozco de Igor es Cuasimodo, el del mismito Víctor Hugo. Tiene sentido: Cuasimodo era prácticamente el esclavo de aquel monje perverso y pervertido que le hacía la vida pesada en Notre Dame de Paris, así que funciona perfecto de asistente científico loco.

Como resultado de ver la película del mismo nombre, mi hija se ha vuelto fan de Igor. Para aquellos que no sepan maldita la cosa de quién carajo es Igor, aquí les dejo una galería de Igores: del más clásico al más reciente. Advierto que la lista no es exhaustiva.



Igor, en Frankenstein (1931)


Igor, en Son of Frankenstein (1939)


Igor Stravinsky (en cierta forma, también es un monstruo)


Igor, en Young Frankenstein (1974)


Igor, el de Winnie the Pooh


Igor, el sufrido mayordomo malvado del Conde Pátula :D


Igor (un bailarín muy buenote, que subí nomás porque tiene bonita estampa)


Igor, en Van Helsing (la película charra donde Hugh Jackman la hace de cazador de monstruos)


Igor, en Igor :)

Ahora bien, el verdadero héroe de mi nena en Igor, no es Igor, sino este cuate, Scamper, interpretado por Steve Buscemi.


Me recuerda al robot deprimido de La guía del viajero intergaláctico.

Feliz martes. Ovación para el que me ayude a localizar Igores que se me hayan pasado :D

viernes, febrero 13, 2009

Diálogo entre Aulë e Ilúvatar

...Y Aulë hizo a los enanos como son todavía, porque no tenía clara en la mente la forma de los Hijos que estaban por venir (...) Ahora bien, Ilúvatar sabía lo que se estaba haciendo, y a la hora misma en que Aulë completó su obra (...) Ilúvatar le habló:*

-Ejem... ¿qué haces, güey?
-¡Uta! ¡Apá! Digo... ¡Ilúvatar! ¡Dichosos los ojos que te ven! ¿De qué la rolas?
-¿Cómo que de qué la rolo, güey? No te puedo dejar solo porque empiezas a hacer fregaderas. A ver, ¿qué son esos cachos de carnitas? ¿Los hiciste para comer, para practicar tiro al blanco o para pintarlos y ponerlos en el jardín?
-¡Éjele! ¡No sea mandado! Si son mis criaturitas. No me quedaron muy chidas que digamos, pero son mías, ¿qué no?
-¿Y a qué hora te di permiso de hacer muñequitos de vudú? Mira, güey, tú ya sabías que en primer lugar, mis chamacos iban a habitar este trinche rancho. ¿Qué te crees con tus iniciativas de poblar el mundo?
-No se enoje, Apá. Es que, pos yo soy hijo de mi Apá, ¿qué no? Y pos a mi Apá le da por hacer chucherías, y a mí también. Yo no tengo la culpa de que a mí no me queden chidotas, como a usté. Pero güeno, ya no me la haga de tos. Chíngueselos si quiere. O mejor, me los chingo yo, al cabo que puedo hacer más...
-¡Pérate, pérate, güey! ¿Qué no ves que los bichos estos ya se te escondieron? ¿Pos qué creías, güey? ¿Que los puedes parir y luego regresar? ¡Nel! ¡Ora te aguantas!
-¡Gracias, Apá! Es usté a toda madre. Déjeme le digo a mis chiquillos que le besen la mano, al cabo que usté es su agüelo, ¿qué no?
-¡Ah, no! A tus bichos me los pones a dormir en este trinche momento y me los despiertas cuando este changarro se haya abierto y mis muchachitos ya hayan abierto sus cárteles y hecho sus movidas. ¡Y ni creas que te voy a enderezar a tus criaturitas! ¡Así se quedan! ¡Chaparros, feos y de lejecitos!
-¡Uh, que la canción! ¿Y yo qué, chiflando en la loma? ¡Quiero a mis gatos, ocupo ayudantes!
-Nel. Se aguanta. Se me va a jalar tranquilito, y no se me alebreste, que me lo ajusticio.
-Ta güeno, Apá. Usté no aguanta nada...

*Tomado de El Silmarillion.

lunes, julio 28, 2008

La ciencia ya no es ficción

La ciencia puede iluminar nuestro entendimiento, pero la literatura nos ofrece algo que la mayoría de las personas valoran más, porque les resulta más próximo: entretener sus días, divirtiéndoles una veces, conmoviéndoles otras. La ciencia-ficción reúne a ambas, en una combinación que, cierto es, no siempre es rigurosa desde el punto de vista científico, pero ¿importa esto, si de lo que se trata es de entretener, de desplegar imaginación?

Está claro, por ejemplo, que cuando en los Viajes de Gulliver (1726) Jonathan Swift describía una Isla Volante, Laputa, que se mantenía en el aire mediante un imán de tamaño descomunal que controlaban unos astrónomos, estaba haciendo ciencia-ficción, todo lo primitiva que se quiera, pero ciencia-ficción (como, por cierto, también lo fue un libro, Somnium, que escribió Kepler, publicado póstumamente en 1634, en el que explicaba y defendía el sistema heliocéntrico describiendo las observaciones que realizaba un hombre que había sido transportado a la Luna por demonios). Ahora bien, si valoramos los Viajes de Gulliver, si la consideramos una novela inmortal, es porque en ella Swift desplegó una tan ácida como maravillosamente imaginativa crítica. En los capítulos en que hablaba de los laputanos ("gentes tan sumidas en profundas especulaciones que no son capaces de hablar y de prestar atención a lo que otros dicen"), en realidad de lo que trataba era de los científicos; éstos eran su objetivo, desde el rey hasta los criados que "cortaban el pan en conos, cilindros, paralelogramos y otras figuras geométricas". Nos importa menos, y desde luego no ha dejado huella en la ciencia, el que incluyese entre los grandes temores de los laputanos el de si la Tierra, al acercarse continuamente al Sol, acabaría por ser atraída y tragada por él, o que la superficie solar quedara cubierta gradualmente por una costra producida por sus emanaciones que impidiera iluminar y calentar a la Tierra.

Y ya que nos ha aparecido la cuestión de la posible viabilidad futura de lo que autores de ciencia-ficción han imaginado, ¿ha sido frecuente que acertasen?

No es posible olvidar en este sentido la que muchos consideran como la primera obra de ciencia-ficción en sentido estricto: el Frankenstein (1818) de Mary Shelley. En una era como la presente, dominada en ciencia por disciplinas como la biología molecular, la ingeniería genética y la biotecnología, y por logros como clonaciones, células madre o animales y plantas transgénicas, el monstruo creado por el científico protagonista de la novela de Shelley nos resulta familiar y acaso posible. Más aún, el trasfondo ético-moral que subyace detrás de la novela es hoy más actual que nunca.

¡Y qué decir de Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley, con embriones producidos en masa; esto es, la reproducción humana convertida en un proceso industrial selectivo (además, los embriones eran tratados de manera que condujeran a diferentes tipos, de acuerdo con sus destinos futuros)! Shelley y Huxley vieron, con claridad o intuyéndolo, posibilidades que la era del ADN recombinante está alumbrando.

Cuando se habla de éxito en las predicciones de autores de obras de ciencia-ficción, es inevitable mencionar el nombre de Julio Verne. Cierto, en sus novelas aparecen, por ejemplo, submarinos movidos con energía eléctrica (el Nautilus de Veinte mil leguas de viaje submarino, 1869-1870) o telégrafos "fotográficos" (París en el siglo XX, obra póstuma) que podían enviar a distancia facsímiles de documentos. Ahora bien, lo que pocas veces se dice es que Verne no fue el primero que imaginó artilugios semejantes. En 1880, el ingeniero norteamericano Robert Fulton presentó a Napoleón un submarino que había construido, proponiéndole que lo utilizase contra los ingleses. El nombre que le puso fue ¡Nautilus! Y en 1859, Narcis Monturiol construyó el Ictíneo, que llegó a sumergirse en el puerto de Barcelona. En cuanto al telégrafo fotográfico que presagiaba el fax, como en la propia novela se reconoce fue un invento de un italiano, Giovanni Caselli (1815-1891): lo llamaba "pantetelégrafo". La imaginación de Verne estaba bien nutrida por conocimientos científicos. En realidad fue una mezcla de novelista y divulgador científico, aunque esa faceta de su obra haya quedado difuminada con el paso del tiempo.

H. G. Wells es otro de los hitos clásicos en la literatura de ciencia-ficción. Combinaba el horror gótico de Shelley con los viajes de Verne y la sátira de Swift, y vislumbró algo de lo que la ciencia haría en el futuro si no posible sí imaginable. Recordemos en este sentido La máquina del tiempo (1895) y La guerra de los mundos (1898), en la que predecía la posibilidad de bombas atómicas. Por cierto, el físico Leo Szilard leyó esta novela cuando en la década de 1930 estaba desarrollando la idea de una reacción nuclear en cadena. Tal vez aquella experiencia le sirviese cuando el propio Szilard probó suerte en el género con el propósito de utilizar la ciencia-ficción para defender sus llamamientos a favor de la paz mundial. Voice of the dolphins (1961) es su principal obra en este campo.

Como Szilard y Kepler, otros distinguidos científicos también han practicado esta difícil empresa literaria. Dos astrofísicos, Fred Hoyle, autor de, entre otras, La nube negra (1957), y Carl Sagan (Contacto) son mis favoritos en este apartado. El ejemplo de Contacto viene bien para recordar un elemento que ha figurado en legiones de novelas de ciencia-ficción, los viajes por el espacio en general, y en el tiempo en particular. Es verdad que tales periplos habían sido imaginados antes (no es difícil), pero sólo adquirieron un tinte de seriedad tras el advenimiento de la teoría de la relatividad general de Einstein y de la cosmología relativista. Agujeros de gusano y negros o universos paralelos son elementos que la ciencia relativista ha puesto a disposición de los autores de ciencia-ficción y no al revés.

Y es que es muy difícil predecir el futuro. Recordemos el caso del físico estadounidense Albert Michelson, premio Nobel de Física en 1907, quien en 1894 pronunció las siguientes palabras: "Parece probable que la mayoría de los grandes principios básicos hayan sido ya firmemente establecidos y que haya que buscar los futuros avances sobre todo aplicando de manera rigurosa estos principios... Las futuras verdades de la Ciencia Física se deberán buscar en la sexta cifra de los decimales". Un año después de que Michelson pronunciase estas rotundas, y equivocadas, palabras, en 1895, Röntgen descubría los rayos X y el año siguiente Becquerel la radiactividad. La historia de la ciencia no se puede leer desde el punto de vista de la ciencia-ficción. De hecho, no es infrecuente, especialmente a partir del último siglo y medio, que los descubrimientos científicos nos parezcan más ficción que realidad; la física cuántica, con sus ondas probabilistas en las que conviven ondas y partículas, constituye un buen ejemplo. El autor de ciencia-ficción puede, acaso, imaginar el futuro, pero algunos científicos lo vislumbrarán con mayor seguridad. Mi ejemplo preferido en este sentido es el de William Ayrton, un hoy olvidado catedrático de Física aplicada de ingeniería eléctrica de Londres. En una conferencia que pronunció en 1897, Ayrton pronunció estas proféticas palabras: "No hay duda de que llegará el día en el que probablemente tanto yo como ustedes habremos sido olvidados, en el que los cables de cobre, el hierro y la gutapercha que los recubre serán relegados al museo de antigüedades. Entonces, cuando una persona quiera telegrafiar a un amigo, incluso sin saber dónde pueda estar, llamará con una voz electromagnética que será escuchada por aquel que tenga el oído electromagnético, pero que permanecerá silenciosa para todos los demás. Dirá '¿dónde estás?' y la respuesta llegará audible a la persona con el oído electromagnético: 'Estoy en el fondo de una mina de carbón, o cruzando los Andes, o en el medio del Pacífico".

En la era de los teléfonos móviles, las anteriores palabras suenan familiares, ¿no?

JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON, en http://www.elpais.com/articulo/semana/ciencia/ficcion/elpepuculbab/20080719elpbabese_4/Tes/

jueves, junio 26, 2008

El club de las secretarias ilustres

He aquí un nuevo club que el Pachuco y yo hemos ideado. Aquí ponemos a las primeras integrantes, pero se vale que propongan candidatas :)

Eva Braun: secretaria (y amante y esposa) de Hitler.
María Kodama: secretaria (y esposa) de Borges.
Edith Stein: secretaria (filósofa, judía, monja, y santa) de Edmund Husserl.
Amparo Dávila: secretaria (poeta y escritora de cuentos fantásticos) de Alfonso Reyes (quien la llevó al psiquiatra debido a que la chamaca tenía continuas y muy feas pesadillas. Además, veía muertos caminar por su pueblo).

martes, junio 10, 2008

Habitantes: cada vez más

Me he estado acuerde y acuerde de Chesterton y Ortodoxia, especialmente de lo que dice al principio del libro: que se sentía como el inglés que salió en su avioncito a descubrir nuevas tierras, y llegó a una isla de la que creyó ser el primer habitante y descubridor. Luego resultó que la islita era Inglaterra.

Hubo un momento en que estaba convencida de que Pasmaria tenía sólo cuatro habitantes regulares: el Sagaz, el Sensato, el Oportuno y yo. La Hurona es ciudadana por nacimiento, como esos pochitos que son ciudadanos gringos por haber nacido en gringolandia. Sin embargo, a menos que alucine, creo que cada vez veo más residentes en Pasmaria. No tengo problema con ello, pero se podría filtrar algún indeseable, como un bushito pas... guatón de la lucha antiterrorismo, un calderoncito grupie de la iglesia, o un loret-de-mola fanático de desenmascarar fraudes en Cannes.

Pero no hay pedo. Ya estoy pensando en las cuestiones legales para otorgar visa y permiso de residencia. Todo con el afán de conservar el espíritu de nuestra querida república bananera. Incluso ya estoy pensando en su himno nacional, podría ser algo así entre huronil, mexicanoso y bíblico: "¡Oh, Pasmaria! ¡Tus hijos flotan! Mas si osare un extraño enemigo profanar con sus plantas tu suelo, piensa ¡oh, patria! que el Gran Arquitecto un pasmarote en cada hijo te dio. ¡Pierda mi diestra su fuerza, mi lengua se pegue al paladar, si de ti no me acordare! Sí-sí."

Dejo la convocatoria abierta para quien quiera inventar, ¡perdón! diseñar la bandera, el escudo nacional, la flora, la fauna y demás pequeñeses.

domingo, junio 08, 2008

Cenizas y Octubre

Este cuento, "Reunión de familia", lo leí por primera vez en De las cenizas volverás, y lo acabo de encontrar nuevamente en El país de octubre. Si lo que dice Bradbury es cierto, proviene originalmente de Dark Carnival, su primer libro. Transcribo el final, que me conmueve mucho:

"La familia desapareció en el sótano y escaleras arriba. Y Timothy, cabizbajo, cruzó el vestíbulo abrumado de crespones. Pasando junto a un espejo se miró la pálida mortalidad de la cara, fría y temblorosa.
-Timothy -dijo mamá. Se acercó a Timothy y le tocó la cara-. Hijo -continuó-, te queremos. No lo olvides. Todos te queremos. No importa que seas distinto, no importa si un día nos dejas. -Mamá le besó la mejilla.- Y si mueres un día, cuidaremos de que tus huesos descansen en paz, te lo aseguro. Iré a visitarte en las Vísperas de Todos los Santos y te llevaré al sitio más seguro.
La casa estaba en silencio. A lo lejos el viento pasó por encima de una loma llevando una última carga de murciélagos oscuros, resonando, revoloteando.
Timothy subió los escalones, uno por uno, llorando todo el tiempo."

viernes, mayo 30, 2008

El club

Hace años, cuando el Hurón y el Pachuco se fueron a vivir juntos en la misma madriguera, recibían la visita regular de los señores Sagaz y Sensato. Eran tiempos idílicos en los que nos valía madre desvelarnos, pendejear y llegar tarde al jale. Uno de nuestro temas recurrentes de conversación era el Club.

El Club fue uno de nuestros bizantinismos más frecuentes. En cierta forma, aún lo es. No nos ponemos de acuerdo para abordar el tema, pero la verdad es que cada uno de nosotros añade gente por su cuenta. El Club es un selecto grupo de actores-actrices que tiene en su haber interpretaciones de personajes históricos, literarios o comiqueros, lo cual los hace distinguirse de cualquier actorzuelo-actricilla de medio pelo. Mi último añadido es Eric Bana, que tiene el siguiente currículum:

Hulk (en The incredible Hulk)
Héctor (en Troya)
Enrique VIII (en The other Boleyn Girl)

Como me parece indigno de mi parte no proporcionarles la adecuada información, aquí van otros miembros notables del Club.

Richard Harris:
Marco Aurelio, en Gladiador
Dumbledore, en Harry Potter y la piedra filosofal / la cámara de los secretos
El abate Faria, en El conde de Montecristo
Abraham, en Abraham (serie de TV)
El rey Arturo, en Camelot
Gulliver, en Los viajes de Gulliver
Caín, en La Biblia

Johnny Depp:
Willy Wonka, en Charlie y la fábrica de chocolate
Sweney Todd, en Sweney Todd: el barbero demoniaco de Fleet Street
J.M. Barrie, en Neverland
Frederick Abberline, en Desde el infierno
Ichabod Crane, en Sleepy Hollow
Corso, en La última puerta
Ed Wood, en Ed Wood

Ian McKellen:
Magneto, en la serie de películas de X Men
Gandalf, en El señor de los anillos
Lear, en El rey Lear (próximamente)
Nicolás II, en Rasputín
Ricardo III, en Ricardo III
Reinhardt Lane, en La sombra
Yago, en Otelo
Hitler, Countdown to War

Ron Perlman:
Conan de Cimmeria, en Conan, Red nails
El protagonista (Larson) de En las montañas de la locura, si es que alguna vez llega a filmarla Guillermo del Toro
Hellboy, en la primera y segunda parte
En las series animadas de Batman, Superman y Liga de la justicia: Killer Croc, Bane, Clayface, Orion, Hades.
Dusharo, en Crimen y castigo
Boltar, en Prince Valiant
El que dice las leyes, en La isla del dr. Moreau
Salvatore, en El nombre de la rosa
Y nomás porque son lucideses: Vincent, en La bella y la bestia; y Amoukar, el cavernicola gigantón, en La guerra del fuego.

Bruce Willis:
Hartigan, en Sin City
John McLane, en Duro de matar

Joaquin Phoenix:
Johnny Cash, en Walk the line
Cómodo, en Gladiador

Gabriel Byrne:
D'Artagnan, en El hombre de la máscara de hierro
Satanás, en End of Days
El señor Bauer, en Mujercitas
Mussolini, en Mussolini (TV)
Cristóbal colón, en Cristóbal Colón (TV)
Uther Pendragón, en Excálibur

Kenneth Branagh:
Hamlet, en Hamlet
Yago, en Otelo
Victor Frankenstein, en Frankenstein

Patrick Stewart:
Charles Xavier, en X Men
Nemo, en la Isla misteriosa
Scrooge, en Cuento de Navidad
Ahab, en Moby Dick (TV, supongo)
Ricardo Corazón de león en Las locas locas aventuras de Robin Hood
Gurney, en Dune

Hugh Jackman:
Wolverine, en X Men
Van Helsing, en Van Helsing

Keira Knightley:
Ginebra, en Rey Arturo
Elizabeth, en Orgullo y prejuicio

Emma Thompson:
Elinor, en Sensatez y sentimientos
Beatriz, en Tanto para nada

Natalie Portman:
Ana Bolena, en The other Boleyn Girl
Evey, en V de venganza

Bruno Ganz:
Hitler, en La caída
Antoine de Saint-Exupéry, en Saint-Ex
Jonathan Harker, en Nosferatu

Viggo Mortensen:
Strider/Aragorn, en El señor de los anillos
Alatriste, en Alatriste
Lucifer, en Soldados de Dios
Tom Stall, en Una historia violenta
Frank Hopkins, en Hidalgo
... y dicen por ahí que será Edgar Allan Poe en una bio-pic acerca de Poe. Nada más.

Si ustedes recuerdan a alguien que debería estar aquí (porque no están todos los que son, ajá), nomás me hacen la observación. Y como yo creo que ya se dan una idea de cómo está el abarrote, pues ahi le paro. Tan-tan.

martes, marzo 04, 2008

Últimas nuevas (ya no tan nuevas)

1. Viernes 29 de febrero: concierto de Bob Dylan. Había de venir en febrero 29 (jajajaja). O sea, el viejito que anda rasguñando ya los setenta años se trepó a un escenario de una de las ciudades más mochas de México, y con sus cinco músicos matones y una producción de lo más sobria, dio uno de los conciertos más bellos, consistentes, elegantes y memorables que jamás haya tenido este rancho bicicletero. Concluimos que a la Hurona le habría encantado. Ojalá un día tenga la oportunidad de verlo, pero dada la edad del cuate, no confiamos en ello.

¿Mencioné acaso que el concierto fue bello, consistente, elegante y memorable?

2. El sábado 1 de marzo la señorita Hurona cumplió dos años. Le hicimos una mini fiesta con merienda, pastel, piñata y bolsitas. La pasó chido con la raza, especialmente con Helena y Grecia, sus dos comadres de base, y conoció a una nueva compinche, Natalia, que promete ser tan lacra como la cumpleañera. Todo terminó chido, excepto por el hecho de que se enfrió la mensa y ahora trae una infección en la garganta. Además, la señorita Grecia le pasó su infección de los ojos a dos asistentes: Helena y la consabida Hurona.

¿Cambió eso en algo en humor de la Hurona? Pues no sabemos qué pensar. Como siempre anda necia y moliendo, no vemos mucha diferencia entre su estado actual y el que normalmente presenta. Aún así, esperamos salir pronto del apuro.

3. Lázaro volvió al hospital por tercera ocasión en lo que va del año. ¿Quién? ¿Lázaro? Ah, sí. El presunto padre del Hurón. Pues sí. Otra vez al hospital, por güey. El ñor jura que ahora sí se cuidó la operación, que ahora sí descansó, que ahora sí tomó sus medicinas y ahora sí se abstuvo de sus amadas chelas. Pero claro, se le olvidó abstenerse de azúcar y carbohidratos, lo cual es delicado para un diabético. ¡Ah, que don Lázaro, se le olvidó que es diabético! ¿Qué cosas, no?

4. El signo de los tiempos. ¿Cómo sabes que la juventud se te está largando a la chingada? ¿Cuando pasas de los treinta? ¿Cuándo los niños en la tienda te llaman "señora" aunque no te veas (según tú) tan dada al catre? ¿Cuándo todas tus hermanas muestran algún achaque raro a pesar de no haber llegado a los treinta? ¿Cuándo traes el pelo canoso? No. La juventud se te va a la chingada cuando te diagnostican insuficiencia venosa (aka, várices).

¿Hurón mortificado? No exactamente. Hurón con güeva. Mucha, mucha güeva. ¿Luchar contra la edad? ¿Pintarse el pelo (bueno, eso tal vez sí)? ¿Aplicarse un facial? ¿Caminatas terapéuticas? ¿Y con una Hurona moliendo? ¿Y con episodio doble de Doctor House?

Lo bueno, es que uso pantalón y falda larga. Nadie notará las várices.

He dicho.

viernes, febrero 29, 2008

Bob Dylan dará el día de hoy su concierto en Monterrey. Debo decir que es quizá uno de los pocos músicos (si no es que el único) que me interesa ver en vivo. Ya sé que se va a portar lacra, que no le va a dar gusto al público y que acabará recetándole alguna guarrada, pero estoy muy contenta y muy entusiasmada con la idea de verlo. Me pregunto si en vivo su voz se escuchará peor que en sus grabaciones. En estos días les platico :D

Aquí les dejo una nota que me gustó. Espero que la disfruten.



Dylan, la leyenda
Sergio Sarmiento


"El que no está ocupado en nacer, está ocupado en morir".
Bob Dylan

Bob Dylan no es un cantante común y corriente. Desde la década de 1960 su fama ha trascendido la calidad de su voz, la sencillez armónica y melódica de sus composiciones, la complejidad de sus letras e incluso las pocas ventas de sus discos. Dylan es simplemente una leyenda de la música contemporánea. Y como leyenda puede darse lujos que los artistas normales no podrían siquiera considerar.

Esta semana Dylan ofreció dos conciertos en la Ciudad de México como inicio de una gira por Latinoamérica. Los conciertos fueron muy similares a los que este artista de 66 años ofrece usualmente por el mundo. Quienes buscaban corear las familiares canciones que se convirtieron en himnos de juventud y rebeldía en los años 60 se sintieron decepcionados. Dylan hace todo lo posible por evitar esa reacción fácil del público. Quienes querían conocer a la leyenda, sin embargo, se sintieron fascinados por este singular personaje.

Dylan cantó pocas canciones de los viejos tiempos que permitieran corear a los nueve mil asistentes al Auditorio Nacional. Las piezas conocidas que interpretó fueron farfulladas, más que cantadas, de manera ininteligible ante un micrófono saturado por la cercanía de su boca. El acento sureño que durante décadas ha impostado -en realidad él nació en Duluth, Minnesota- hacía todavía más difícil entenderlo. Con "Rainy Day Women 12 & 35" ("Mujeres de un día lluvioso 12 y 35"), "It Ain't Me, Babe" ("No soy yo, nena") y "Watching the River Flow" ("Mirando el río que fluye"), cantadas al principio de manera apresurada y esquiva, Dylan dejó en claro que no dejaría que el público coreara.

Me da la impresión de que a Dylan simplemente no le gusta que la gente cante con él. Esto explicaría la manera en que interpreta sus obras. Aun así fue impresionante ver cómo miles de fanáticos mexicanos que no hablan el inglés como lengua materna hicieron todo el esfuerzo posible para acompañar al cantante en la letra brillante y compleja de "Like a Rolling Stone" ("Como una piedra que rueda"), la única canción que interpretó de forma que permitió algo parecido a un coro.

Al final del concierto Dylan entonó "Blowin' in the Wind" ("La respuesta está en el viento"), su canción más famosa. Ésta fue originalmente un símbolo del pacifismo idealista de los años 60, pero con el desgaste de la reiteración acabó por volverse un lugar común: casi música de ascensor. Lo interesante es que casi ninguno de los asistentes se dio cuenta en un principio de que Dylan estaba cantando esta pieza. La melodía era irreconocible y las palabras incomprensibles. Sólo cuando llegó el coro y farfulló "The answer my friend..." ("La respuesta, mi amigo...") rompió el público en aplausos.

Un cantautor famoso corre siempre el riesgo de caer en el tópico con alguna obra temprana muy repetida. Esto le pasa a Joan Manuel Serrat con "Cantares" o a Luis Eduardo Aute con "Rosas en el mar". Sólo con mucha creatividad pueden éstos interpretar esas piezas reclamadas por el público con algún dejo de novedad. Muchos músicos mediocres, de hecho, han quedado encasillados y han dado conciertos toda su vida sólo para concluir con "esa canción" que los hizo famosos originalmente.

Dylan no corre ese riesgo: no sólo porque sus obras son demasiado brillantes, sino porque él mismo se niega a seguir el cartabón. Quizá por eso sus piezas populares las transforma hasta volverlas irreconocibles. Dylan no quiere ser un simple producto para los vendedores de nostalgia.

La mayor parte del concierto Dylan interpretó melodías virtualmente desconocidas para el público. Incluso "Things Have Changed" ("Las cosas han cambiado"), que escribió para la película "Wonder Boys" y con la que ganó el Óscar, no fue reconocida por la mayoría de los asistentes al Auditorio.

Desde un punto de vista musical, empero, las mejores interpretaciones de la noche fueron esas canciones poco conocidas, muchas de su nuevo disco "Modern Times", en que mezcló ritmos de rock'n roll, blues y country respaldado por un magnífico trabajo de Tony Garnier en el bajo y de un grupo pequeño y sencillo, pero sólido. Dylan sólo usó la guitarra, su tradicional instrumento, en las primeras piezas del concierto. El resto del tiempo empleó un teclado electrónico.

Al contrario de otros músicos, a Dylan le gustan las giras. La actual se llama "The Never Ending Tour", la Gira sin Fin. A pesar de su rechazo al público de la nostalgia, el contacto con las multitudes que lo idolatran le proporciona una inyección de adrenalina.

Dylan puede darse el lujo de hacer lo que quiera. Poco importa si canta bien o mal, para el público o para sí mismo: los auditorios del mundo se seguirán llenando a su paso porque es una leyenda. Su Gira sin Fin no tiene por qué terminar mientras el cuerpo aguante.

viernes, enero 25, 2008

Hay árboles de cigarros, no te tienes que cambiar los calcetines, hay lagos de whiskey...

En conmemoración de la próxima visita de Bob Dylan a Monterrey, y en ocasión de que es fin de semana, y a propósito de que los fines de semana ideales deben ser paradisiacos, aquí les dejo esta joya del folk. ¿O no entra como folk?

Pásenlo bien.



Big Rock Candy Mountain

One evening as the sun went down and the jungle fire was burning
Down the track came a hobo hiking and he said boys I'm not turning
I'm headin for a land that's far away beside the crystal fountains
So come with me we'll go and see the Big Rock Candy Mountains

In the Big Rock Candy Mountains there's a land that's fair and bright
Where the handouts grow on bushes and you sleep out every night
Where the boxcars are all empty and the sun shines every day
On the birds and the bees and the cigarette trees
Where the lemonade springs where the bluebird sings
In the Big Rock Candy Mountains

In the Big Rock Candy Mountains all the cops have wooden legs
And the bulldogs all have rubber teeth and the hens lay soft boiled eggs
The farmer's trees are full of fruit and the barns are full of hay
Oh, I'm bound to go where there ain't no snow
Where the rain don't fall and the wind don't blow
In the Big Rock Candy Mountains

In the Big Rock Candy Mountains you never change your socks
And the little streams of alcohol come a-trickling down the rocks
The brakemen have to tip their hats and the railroad bulls are blind
There's a lake of stew and of whiskey too
You can paddle all around 'em in a big canoe
In the Big Rock Candy Mountains

In the Big Rock Candy Mountains the jails are made of tin
And you can walk right out again as soon as you are in
There ain't no short handled shovels, no axes saws or picks
I'm a goin to stay where you sleep all day
Where they hung the jerk that invented work
In the Big Rock Candy Mountains

I'll see you all this coming fall in the Big Rock Candy Mountains