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lunes, mayo 16, 2011

Auden

Mi experiencia personal me dice que la gente, si puede, te hará daño; si la dejas, te pisoteará; y que en general, si no deseas que te lastime, debes alejarla de tu vida y no esperar nada de ella. A veces se me olvida, porque las personas, de cuando en cuando, se portan decentemente. Pero ese comportamiento siempre es momentáneo. Cuando leí este poema de Auden, me pareció que, en cierta forma, le daba voz a mis pensamientos.

No habrá paz

Aunque el tiempo suave y despejado
sonríe de nuevo sobre el condado de tu estima
y sus colores regresan, la tormenta te ha cambiado:
no olvidarás, nunca,
la oscuridad que borra la esperanza, la tempestad
que profetiza tu perdición.

Debes vivir con tu conocimiento.
Muy atrás, más allá, fuera de ti hay otros,
en ausencias sin luna de los que nunca supiste,
quienes desde luego supieron de ti,
seres de género y número desconocidos:
y no les gustas.

¿Qué les has hecho?
¿Nada? Nada no es una respuesta:
llegarás a creer -¿cómo vas a evitarlo?-
que se lo hiciste, que les hiciste algo;
te encontrarás deseando poder hacerles reír,
ansiarás su amistad.

No habrá paz.
Contraataca, pues, con todo el valor que tengas
y todos los amagos canallas que conozcas,
con la tranquilidad de conciencia de que
su causa, si la tuvieron, no les importa ahora en absoluto;
odian simplemente por odiar.

1956

Versión de Eduardo Iriarte
"Canción de cuna y otros poemas"

Tomado de http://amediavoz.com/auden.htm#NO%20HABR%C3%81%20PAZ

miércoles, junio 02, 2010

Suecos

Este honorable Hurón leyó en el tiempo récord de dos semanas tres novelas en formato electrónico, que impresas tienen el nada despreciable volumen de 750 páginas en promedio cada una. No se brincó ni una palabrita. Vaya, ni una triste coma. Se trata de las novelas del fallecido novelista sueco Stieg Larsson: Los hombres que no amaban a las mujeres; La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Por lo poco que he leído acerca del autor, pretendía echarse una serie de unas siete novelas. La muerte le ganó y alcanzó a escribir tres. Creo que sólo vio publicada la primera, de la cual existe una adaptación cinematográfica que, según el testimonio del Sr. Sagaz (que no es tal) está rete buena. Al terminar de leer la tercera, me he convencido de que el destino actuó para bien de la obra (que no del autor), pues le puso punto final a la serie en un momento en el que todo termina equilibrada y elegantemente, sin cabos sueltos serios, con una saludable dosis de final abierto, y con todos los personajes conservando intacta la dignidad.

Además, tres es un buen número: se presta a la abundancia, pero no a la saciedad.

¿Qué puedo decir de las novelas? Son realmente buenas: lectura interesante, nada pesada; personajes redonditos, imperfectos y la mayor de las veces cagantes y adorables. Los malos son sórdidos y bien cabrones, y los héroes son mañosos y tan cabrones como los villanos, capaces de matar sin mojigaterías de ser necesario. El mundo que pintan es sórdido y deslucido, como el real, pero tiene su par de causas perdidas por las que vale la pena dar la lata. En fin, me han gustado mucho.

Se las recomiendo, raza. Las pueden bajar de la red en pdf, en traducción original. Les juro que ni sentirán el paso del tiempo.

He dicho.

lunes, mayo 18, 2009

Yes, master...

Igor: asistente del doctor Víctor Frankenstein en la versión fílmica protagonizada por Boris Karloff en 1931.

Este personaje no existe en la novela de Mary Shelley: fue una encantadora adición hollywoodense, y por lo tanto, es un personaje de tradición absolutamente cinematográfica. A los productores de las películas clásicas de horror (allá por el primer tercio del siglo XX) se les ocurrió que un científico loco se ve más cotorro cuando un freekie jorobado lo acompaña y le hace jale de gato. Igor es muy sufrido; se la pasa trabajando, no como negro, sino como indocumentado mexicano en Gringolandia; tira de la palanca del aparatejo con el que su científico loco en turno (no necesariamente Víctor Frankenstein) pretende devolverle la vida a algún jumento surcido con partes humanas provenientes de cuerpos diversos y dice "Yes, master" todo el tiempo.

El único referente literario que conozco de Igor es Cuasimodo, el del mismito Víctor Hugo. Tiene sentido: Cuasimodo era prácticamente el esclavo de aquel monje perverso y pervertido que le hacía la vida pesada en Notre Dame de Paris, así que funciona perfecto de asistente científico loco.

Como resultado de ver la película del mismo nombre, mi hija se ha vuelto fan de Igor. Para aquellos que no sepan maldita la cosa de quién carajo es Igor, aquí les dejo una galería de Igores: del más clásico al más reciente. Advierto que la lista no es exhaustiva.



Igor, en Frankenstein (1931)


Igor, en Son of Frankenstein (1939)


Igor Stravinsky (en cierta forma, también es un monstruo)


Igor, en Young Frankenstein (1974)


Igor, el de Winnie the Pooh


Igor, el sufrido mayordomo malvado del Conde Pátula :D


Igor (un bailarín muy buenote, que subí nomás porque tiene bonita estampa)


Igor, en Van Helsing (la película charra donde Hugh Jackman la hace de cazador de monstruos)


Igor, en Igor :)

Ahora bien, el verdadero héroe de mi nena en Igor, no es Igor, sino este cuate, Scamper, interpretado por Steve Buscemi.


Me recuerda al robot deprimido de La guía del viajero intergaláctico.

Feliz martes. Ovación para el que me ayude a localizar Igores que se me hayan pasado :D

lunes, enero 19, 2009

Feliz cumpleaños, Eddie


Edgar Allan Poe. Boston, 19 de enero de 1809-Baltimore, 7 de octubre de 1849. Poeta, narrador, ensayista, crítico literario, periodista. Primo hermano espiritual de Baudelaire. Papá de simbolistas y surrealistas. Fue por el mundo arrastrando su tristeza, su altanería y su amor sin límites por las mujeres de su vida. Se burló de lo ridículo, despreció las mezquindades y admiró la belleza. No tuvo la vida que hubiera deseado, pero vivió como quiso.

Nació y murió en Nueva Inglaterra.

Hoy cumple doscientos años.


El Rey Peste