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lunes, agosto 12, 2013

Holy shit...

El primer post del año, elaborado durante la segunda mitad del año, no puede ser para otra cosa que echar pestes, ¿verdad? ¿Y qué más puedo hacer? Me piden que haga una tesis que ya no me interesa. Es más, nunca, NUNCA, N U N C A me ha interesado. Pendeja yo que creía que alguna vez me había interesado.

Y ahora un repaso de las cosas de las que me he de quejar en lo que va del año...

Películas de terror: ni una chida. ¿Cómo va a ser eso? No digo que Mamá no se pueda ver, claro que sí, pero está panchosísima.

Cómics: claro que de Batman, ¿luego de quién? ¿A qué puta hora van a darle cuello a Scott Snyder y contratar a un guionista decente que deje de tratar a Batman como homosexual pasivo en lugar de como el homosexual activo que realmente es? Neta estoy fastidiada de búhos, Jokers sin cara, Batmans hipersensibles y presuntas asociadas no solicitadas. Si no puede volver Morrison, traigan de vuelta a Brubaker, Adams o a Tomasi.

Jale: mucho, ahora bien pagado, a dios gracias, pero lleno de güerquete pendejo sin nada mejor qué hacer que quejarse de la vida y de lo que tienen, como si no tuvieran un chingo y a manos llenas.

Taco y Vicho del Mal: ahora resulta que me tienen miedo. Cada vez que el Taco me dice que me tiene miedo, me acuerdo de doña Leti, mi vecina cuando era niña, que durante una época particularmente pinche de su vida tuvo que recurrir a trabajos ingratos para mantener a sus hijos, y que les daba de tablazos cada vez que se le ponían al brinco. El Taco se siente maltratado porque le grito las órdenes cuando está muy concentrada en El Chavo animado o en Bob Esponja como para poner atención a la primera.

Y eso me lleva a la siguiente queja: ¡En una pinche casa donde la madre de familia tiene la colección completa de Batman Animated, Justice League, Count Patula a medias, Ahí viene Cascarrabias, Pink Panther, Miyasaki, etcétera, etcétera, etcétera, ¿el Taco, digo, la hija ve El Chavo animado? Qué degeneración, neta que sí!

Migrañas: a diario, gracias por preguntar.

Tele: ¡no tengo tele en mi cuarto!¡No tengo tele en mi cuarto! ¡Chingadamadre, que no tengo tele en mi cuarto!

Superhéroes: detesto que la próxima película de Superman vaya a tener de coestelar a Batman, y que Batman no vaya a ser Christian Bale, y que vaya a estar basada en Dark Knight Returns. Si la cosa está dirigida por Zack Snyder (en el nombre llevan la fama los cabrones) y sin Nolan de por media, será una reverenda mierda. Y para mierda, no necesitan involucrar a Batman.

Mi última queja del día tiene que ver con cambiar el pañal del Vicho. Y como es un asunto urgente, el resto de las quejas del año quedan para otro post.

He dicho.

lunes, diciembre 03, 2012

Gotham reciclada

Cuando empecé a ver Arrow, hace unas semanas, tenía curiosidad por ver qué hacían de Flecha verde: si sería el mismo vato simpaticón y mujeriego del cómic, con ínfulas de Batman en una ciudad que le tira a ser Gotham, pero algo subdesarrollada. Como si habláramos, por ejemplo, de un paralelismo entre San Nicolás y San Pedro. Luego del tercer episodio me quedó muy claro que Arrow es el relevo de Smallville, y cuando empezaron a recetarle a Oliver Queen una historia de pérdida-sufrimiento-venganza estilo Bruce Wayne me pareció muy triste que, para que el personaje tenga algún atractivo sólido, tengan que aderezarlo con elementos de Batman.

Pero las similitudes eran, cuando mucho, superficiales. Acabo de ver el episodio siete de la serie por puro morbo, porque Huntress, uno de los personajes más conflictivos de Batman, entraría en escena. Y ahora las similitudes son muy descaradas. Starling City es, ahora sí, una Gotham francamente reciclada, con una guerra de mafias conformada por las familias que tradicionalmente le dan la lata a Batman: los Bertinelli y la Tríada asiática, para empezar. Al rato serán los Falcone y Cobblepot, con sus negocios turbios disfrazados. Por lo pronto, el chico Queen ya tiene su Alfred: un exmarine contratado para cuidarle el pellejo, muy parecido al Alfred de Batman: Tierra uno. Ya anda por allí Canario negro (que también se da sus vueltas frecuentes por Gotham), aunque todavía no lanza sus características patadas ni da esos gritotes que son la delicia de mi hija de seis años. Al igual que Smallville, Arrow tendrá su desfile de héroes y personajes DC, con la salvedad de que, seguramente, no serán los metahumanos los que se den la vuelta por la ciudad, sino los vigilantes, los outsiders que generalmente andan buscando la aprobación de Batman sin conseguirla. Pero Green Arrow no es Batman, por mucho que quieran endurecerlo. Ni es el chico infinitamente optimista que es Clark Kent en los cómics. Es algo intermedio: simpático, aguerrido, desafiante, contreras, anarquista en el sentido más puro del término. Aquí es nada más un vigilante conflictuado por una cruzada encargada por el padre muerto. No es ni Batman ni Green Arrow. En resumidas cuentas, no me gusta.

Y bueno, no es como si se fuera a acabar el mundo por ello: soy fan de Batman, no de Green Arrow. Pero la serie podría ser linda. Una serie así siempre podría serlo. Como no traigan de verdad a Batman para darle un par de cachetadas guajoloteras a Green Arrow, darle en la madre a la Tríada, o poner un sensor de Brother Eye para checar las actividades del chico Queen en Star City, esta serie no tiene ni remedio ni perdón de Dios. Creo que, ahora sí, he terminado con Arrow

miércoles, diciembre 14, 2011

¡A buscar marcianos, dicen los zambianos!

Y bueno, no tengo idea de si el gentilicio de Zambia es zambianos, pero dada mi evidente ignorancia, lo consigno así y que me corrija quien mejor lo sepa. Acabo de encontrarme esta notita en internet (ya, pues, me di de narices con ella en Twitter) y se me ha hecho ternurita, ternurita, pa' novela de ciencia ficción de allá de los cincuenta. La neta es que la pudo escribir Ray Bradbury. Disfrútenla :)


El año que Zambia quiso enviar un astronauta a la luna 
El país africano desarrolló un disparatado programa espacial en los años sesenta 
Cuando se habla de la carrera espacial, todo el mundo piensa en la lucha que mantuvieron los Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética por convertirse en la primera potencia capaz de llevar un hombre a la Luna. Sin embargo, no fueron los únicos países que durante la Guerra Fría se lanzaron a la conquista del espacio.
Según cuenta Guillermo Carvajal en “La brújula verde”, a comienzos de la década de los 60, Zambia también desarrolló su propio programa espacial. Su objetivo era enviar un cohete a la luna, tripulado por doce astronautas y dos gatos. 
La iniciativa fue ideada y puesta en marcha en 1962 por Edward Makuka Nikoloso, un profesor de ciencias y activista político que fundó la Zambia National Academy of Science, Space Research and Philosophy.
Para poder llevar a cabo el proyecto, Nikoloso construyó un centro de entrenamiento cerca de la capital del país, Lusaka. En esas instalaciones, mientras los futuros astronautas recibían consignas tan disparatadas como no forzar la conversión al cristianismo de los habitantes marcianos, otros operarios se encargaban de construir artesanalmente la nave que debería llevarlos hasta el planeta rojo, que sería impulsada con un sistema derivado de la catapulta.
Como es lógico, el gobierno de Zambia no puso demasiado interés en esta alocada iniciativa, así que Nikoloso solicitó siete millones de libras a la UNESCO para afrontar los costes de su programa espacial. El dinero nunca llegó y el proyecto acabó siendo cuando abandonado cuando Matha Mwambwa, la primera mujer de raza negra que debía llegar a Marte, se quedó embarazada y abandonó el programa con sus gatitos. Pese a la evidente inviabilidad del proyecto, el profesor Nikoloso nunca reconoció que su idea era una utopía. Al contrario, llegó a escribir artículos de prensa en los que la defendía, a la vez que aseguraba que los rusos y americanos espiaban su trabajo y planeaban robarle a la chica astronauta con el objetivo de frustrar su proyecto.

Aquí el link, si la quiere leer en vivo y en directo :D

jueves, diciembre 08, 2011

"Leer no sirve para nada: es un vicio, una felicidad..."

Con esta flagrante frase, tomada de Que leen los que no leen, de Juan Domingo Argüelles, quien a su vez la tomó de Gabriel Zaid, doy título a esta entrada.

No pretendo ni por accidente ponerme filosófica: mis tres lectores saben que carezco de la sutil gracia de la paciencia, que a la menor provocación empiezo a soltar trancazos, bofetadas e improperios inventados para la ocasión por mi fértil y guarra imaginación. Sin embargo, ya que todo mundo lo hace, dedicaré esta entrada al querido y nunca bien ponderado Enrique Peña Nieto.

 Que si el tipo es imbécil o analfabeta funcional no lo pondré en discusión: es evidente que de unos quince años para acá, la ignorancia se ha añadido a las multifacéticas taras de los políticos, no sólo mexicanos, sino del mundo entero. Tal como es mi costumbre, escribo para echar pestes, porque luego de dos, tres, cuatro días de atizarle al fulano, el asunto ya perdió gracia y se ha convertido en el caballito de batalla de toda persona que no se considera ni imbécil ni analfabeta funcional porque ha leído al menos los tres mentados libros que le cambiaron la vida que fueron el inicio de esta humillante aventurita para el político priísta. Es decir, ya nos olvidamos de lo esencial, de que Enriquito (deje usted que lea o no lea: da igual, a lo mejor el cuate es un ajedrecista bien chingón o pasa su tiempo pintando al óleo, placeres que, por ejemplo, me están absolutamente vedados) es un completo zope que no tiene ni idea de como afrontar un imprevisto, y mire usted que en una presidencia de la república eso de los imprevistos ha de saltar unas quince veces al día.

Dejando de lado el hecho de que Quique es un muchacho basto, inculto, grosero, cabeza dura, etcétera, nos enfrentamos, en primer lugar, al hecho de que este chico tuvo dos salidas decorosas para la impertinente pregunta del impenitente periodista, y no se le ocurrió tomar ninguna: a) "Mire usted, estimado periodista, fíjese que no leo, es que, ¿sabe usted? no lo acostumbro. En la escuela me enseñaron que leer es para estudiar, así que he leído sólo lo que me sirve para mi profesión, y los títulos de esos libros son tan áridos y aburridos, que la verdad ni los recuerdo"; b) "Mire usted, señor periodista, esa es una pregunta que considero muy personal, y por lo mismo me concedo el derecho a no responderla". ¡Y punto! Ultimadamente, ¿qué te importa, hijo de puta, lo que leo o no leo, si es asunto mío?

En segundo lugar, nos enfrentamos a las incontables e interminables andanadas de la gente culta, la gente que lee, la gente que moraliza y que dice que aquellos que no leen son unos pobres ignorantes que no merecen, ya no tomar parte en la vida social, sino siquiera vivir en ella. Lo que Quique hizo fue darnos chance de ponernos groseros: "Mejor lee, no des Pena, Nieto"; "No le regales tu voto a Peña Nieto, mejor regálale un libro". Y mi pregunta es, ¿para qué le regalo un libro, si no lo va a leer? Lo cual me lleva a una cuestión prístina y fundamental en la que nadie, en los últimos años, parece haber parado mientes: ¿y si esos bajos índices de lectura que tanto nos pasean las autoridades por delante de las narices, significan simple y llanamente que a la raza no le da la puta gana leer, qué?

Lo que olvidamos aquellos que leemos, es que leer es una de las muchas aficiones "cultas" que puede practicar una persona: también lo son ir al teatro, ir a un concierto, ir a un baile, ir al ballet, ir al cine, ir a un jolgorio, pintar, jugar ajedrez, esculpir, plantar jardines, y jugar a la matatena. Y sin embargo, de todas estas opciones de sano esparcimiento cultural, yo solo puedo decir honestamente que leo, escucho música y voy al cine. ¿No jugar ajedrez me hace ignorante? Tal vez. ¿No ir al teatro me convierte en una persona inculta? Chance. ¿No llorar de emoción cada vez que la primera bailarina ejecuta un pas de deux en "El lago de los cisnes" me convierte en una bruta? Quizás. Pero la verdad, me vale cuerno, porque al final, cada quien toma del mundo, e incluso de la cultura, aquello que le resulta más agradable, y ese es un derecho básico e incontrovertible, como respirar.

Así que la frase de Zaid me parece muy adecuada en estos momentos: ¿Para qué sirve leer? Para nada. Si no es un vicio, si no te da felicidad, si no te da una perspectiva del mundo (que no proporciona el libro, sino que vislumbra la propia persona a través del libro) no sirve para nada. No sirve ni para estudiar, vaya. Este infortunado incidente ha servido para que los "lectores profesionales", esos que nomás leen sin levantar la vista para de perdido ver transcurrir la vida mientras ellos se sienten elegidos por los dioses por estar leyendo la última novela de quien quiera que esté de moda, se sientan con el derecho (autoproclamado, y por lo tanto espurio) de despreciar al Quique, y de paso a los noventa millones de mexicanos que no leen, porque no son capaces de citar de memoria a Bourdieux, Lacan, Derrida, Saussure, etcétera, etcétera, etcétera. Pongámonos humildes: leer es maravilloso, es un regalo que nos da la vida, pero no es milagroso: como dice Argüelles (perdón por citar) en alguna parte de Qué leen los que no leen, el libro es un espejo, y una lente de aumento, que magnifica eso que trae dentro de sí misma cada persona. O si lo quiere usted con peras y manzanas:

... no por ser lector ávido el ser humano estará lejos de las bestias. Las autocomplacientes teorías que relacionan progreso político, social y económico con arte y cultura terminan por ser algunas de las chapucerías más patéticas de la soberbia intelectual. Creer que en el libro reside de suyo, siempre, el mejoramiento humano, es como ignorar que entre los creyentes religiosos, que presuntamente siempre tienden al bien, se incuban y se desarrollan muchos de los especímenes más infames y destructivos del género humano y la naturaleza. Todo fanatismo, incluso el de la cultura, por bienintencionado que sea, conduce siempre a conclusiones falsas.
Como todas las adicciones, la lectura no sólo no cura los males sino que los agrava. A los pretenciosos los vuelve más pretenciosos; a los ridículos, más ridículos; a los vanidosos, más vanidosos; y más frívolos a los frívolos, y más desdeñosos a los desdeñosos. Que es lo mismo que decir, con Lichtenberg, 'aquello tuvo el efecto que por lo general tienen los buenos libros. Hizo más tontos a los tontos; más listos a los listos, y los miles restantes quedaron ilesos'.
Más allá de optimismos excesivos, que son una forma de irresponsabilidad, entendemos que, como todo acto humano, la lectura y la escritura están permeadas por nuestra personalidad, por nuestros propios temores y resentimientos, y por nuestros sueños y desdichas. No hay que ser condescendientes con esto, ni hipócritas: somos lo que somos incluso si leemos.

Así que deje usted de partirle su madre a Enriquito (ya se encargará él mismo de partírsela solo, y esperemos que sin llegar a ser presidente): insistir en el punto ya es pedantería, cursilería y pura, pura vulgaridad. He dicho.

sábado, noviembre 12, 2011

Mal agüero

El 4 de noviembre de 2008, murió Juan Camilo Mouriño, en aquel entonces Secretario de gobernación de México.

Ayer, 11 de noviembre de 2011 (el dichoso 11/11/11 que trajo histérica a la raza todo el santo -vale, pinche- día) murió José Francisco Blake Mora, en vida Secretario de gobernación de México.

¿Compló? ¿Destino chingaquedito? ¿Humor negro divino?

Actualmente, Alfonso Lujambio, Secretario de educación pública de México, está gravemente enfermo de cáncer.

Los tres, altos funcionarios del querido y nunca bien ponderado Felipito Calderón.

Conspiraciones mis narices: Calderón trae mala suerte. ¡México, te exhorto a hacerte una limpia con sahumerios y toda la cosa!

(Perdonen mis dos lectores cualquier dedazo posible o contundente: estoy muerta de sueño y algo borracha -y no por la muerte de Blake Mora...).

martes, julio 19, 2011

Supongo que es la edad...

Nunca he sido la alegría de la huerta, pero me parece que incluso las cosas de las que antes me burlaba con ganas, o que me valían queso, o que de plano me causaban conmiseración, ahora me resultan amargas a secas. No me hacen gracia. Así de simple.

Y no me gusta: una de las pocas felicidades del amarguetas es poder burlarse de las cosas que chafean. Me fastidia no tener ánimo de reírme.

jueves, mayo 26, 2011

Oh, México barroco...

Es lugar común decir que México es barroco, ¿verdad? Tanto como decir que es bárbaro, mágico, trágico, y demás sandeces por el estilo. Ridículo, increíblemente ridículo sí que lo es, y acomodaticio, y cínico, y farsante, y muy falto de autoestima.

Pero bueno, empezar un post de esta manera es muy dramático y de mal gusto: muy retórico, muy académico y por lo tanto muy pose, la neta. Y lo único que quiero decir es algo que cualquier persona que tiene más de un mes de conocerme sabe nomás de mirarme: que estoy profundamente emputada con mi país. Pero entendámonos: no estoy enojada por la inseguridad, que siempre ha existido; ni por el gobierno inepto, que para nosotros es una tradición secular; ni por el narco, que forma parte de nuestro folclor. Me emputa que todos nos hagamos pendejos, y finjamos que no sabemos por qué pasa todo esto, y que nuestros intelectuales se quieran sentir inteligentes y parecer sensibles y se crean la mera onda porque hacen cosas trascendentes, que seguramente van a salvar a México (quiero saber cómo putas va a salvar a México un pinche poema del Sicilia que ahora está pidiendo por el alma de los matones que se empinaron a su hijo), o que ponen mensajes de luto lindos, minimalistas y profundos acerca de Leonora Carrington, cuya obra conocen de pasadita en las exposiciones que nuestros dignos museos organizan de cuando en cuando. Vamos, que en muchos casos ni sabían que la mujer seguía viva. Vivimos en un pinche país acomodaticio donde el sueño dorado de millones de mexicanos es llegar a burócrata (en un aula llena de niños que dentro de diez años va a llegar a mis manos en prepa y me va a decir que por fin entendieron como clasificar las palabras en agudas, graves y esdrújulas; o en un escritorio en cualquier universidad pública para escribir artículos llenos de obvidades y pendejadas acerca del último poeta latinoamericano que murió). Qué cagante que las instituciones culturales, que presuntamente tienen el potencial para perfilar a una nueva generación de mexicanos capaz de pensar en más opciones de vida además del narco, estén llenas de parásitos que se echan porras mutuamente diciéndose: aquí en mi institución sí trabajamos, si editamos la obra de nuestros escritores regionales, de nuestros artistas plásticos y cantantes folclóricos. Pero por encima de todo, me emputa que ayer haya ido a dar a mi trabajo un muchacho secuestrado, madreado, apaleado, y convencido de que lo perseguían para matarlo, recién fugado de una casa de arraigo que se encontraba a una cuadra de distancia de la escuela, y que la policía haya llegado para dejar ir como si nada al mandamás, que se fue bien orondo en su carrote del año, y a otro pobre pendejete secuestrado, madreado y con finta de narcomenudista para luego treparlos a él y al primer güey que se escapó a una granadera. De seguro que ya no sabrá nada más de ellos el mundo.

Y para rematar en polca, tenemos anarquistas trasnochados que no se dieron cuenta de que se les pasó la eṕoca como con cien años, y que vienen a empinarse cafeterías charchinas no para legitimar su lucha contra la opresión imperialista o contra el gobierno corrupto o contra la guerra contra el narco, sino para recordar a un pendejo de mierda que voló con todo y su rila y su pinche bomba casera por los aires porque nadie le dijo que la bomba se armaba al llegar, no al pedalear. De seguro que se ganó el Premio Darwin de ese año.

Y la reflexión de mis niños fue que les gustaría que ya se hiciera cargo de toda la situación el Cártel del Golfo, porque ellos nomás quieren trabajar, son personas de bien que no quieren matar a nadie que no se meta con ellos, y que con seguridad meterían en cintura tanto a los otros cárteles como a nuestro gobierno corrupto. Son mis niños que acuden regularmente a servicios religiosos, que reciben clases de valores, que se quedan los lunes al club de lectura, los martes y jueves al taller de italiano, y los miércoles y viernes al club de cine. Son los mismos que me preguntan que para qué sirve votar, si cualquier gobierno es lo mismo, y de todas formas los militares los cuidan, y lo que hay que hacer es dejar a los del Golfo jalar tranquilos, como ellos, que quieren conseguir una plaza de maestros en la SEP, para ser mexicanos de bien incapaces de meterse en problemas porque saben vivir perfectamente con el sistema.

Yo no sé vivir en este sistema. Puta, qué cansada estoy.

jueves, marzo 24, 2011

Ah, humanidad

Un amigo mío dice que es un error ser amable con la gente. En la época en que convivía diariamente con él, estuve muy conciente de ello, y no intentaba portarme bien con nadie. Pero la verdad, mi temperamento me inclina a tratar bien a todo mundo, aunque no lo merezca.

Lo cierto es que mi temperamento también me inclina a acumular las ofensas y a tomar nota de todas y cada una de ellas, hasta que la burbujita revienta y salpica mierda por todas partes. Defecto de carácter, lo sé, y me ha costado más de una mirada furibunda y silencios incómodos al entrar a una habitación. Sucede que cuando he hecho algo para merecer estos tratamientos, no alego nada. Pero cuando los recibo sin deberlos ni temerlos me pudre. Me pudre y me revienta.

Mi pregunta es (y de antemano sé la respuesta), ¿por qué la vecina es tan pinche imbécil que se atreve a tratarnos como bichos sarnosos? ¿Por qué siempre me toca una compañera maestra que da valores que a mitad de semestre empieza a mirarme torvo y a murmurar que soy una "librepensadora", como si eso fuera malo? ¿Por qué la gente se comporta como si fuera estúpida?

Y claro, se comporta así porque en efecto, es estúpida; y por supuesto, ser amable con los demás es un error. Un error garrafal.

sábado, abril 17, 2010

Cuando los vampiros se convierten en pastores

1. En mi época de estudiante de Letras españolas, me tocó leer, entre muchísimas cosas de cuyo nombre no quiero acordarme, cierto ladrillo intitulado Los siete libros de la Diana, publicado en 1559 por cierto portugués que escribía en español apellidado Montemayor. Edición linda, de Clásicos Castellanos. Lectura pesadísima: recuerdo pocas cosas peores en mi experiencia de lectora. Recuerdo que cuando leía las Églogas, aquello de lo pastoril nomás me parecía curiosito. Con la Diana me resultó insufrible. Mandé a todos los diablos a los dichosos pastores, que en mala hora vinieron a relatarnos sus puerilidades: leer uno de sus diálogos era como asistir a una conversación entre dos prepos quejicas y llorositos porque la novia no aflojó. Cuando dejé la experiencia atrás me prometí no volver a experimentarla. Leer Amadís de Gaula enterito me parece menos perverso que echarse por gusto una novela pastoril, me cae. 2. Hace cuatro meses pasé por mi último coqueteo con mi primera profesión: la docencia. Luego de tres años de no pisar las aulas, descubrí que los chicos siguen igual de insufribles, mentecatos y altaneros. También descubrí que finalmente leían, y para mi pertinaz alegría, me di cuenta de que leían horror: estaban clavados con una serie de novelas llamada Crepúsculo, acerca de unos vampiros muy nice. Yo pensé: no puede ser peor que Entrevista con el vampiro o un libro promedio de Stephen King. Conclusión: aguas con lo que piensas. 3. Por no quedarme sin saber qué onda, hace dos meses me animé a leer los libros de Crepúsculo en versión electrónica: una compañera de trabajo tuvo la bondad de mandármelos, porque se enteró de que me gustan los libros de horror. Ello me hace llegar a las siguientes consideraciones: a) Los libros de esta susodicha y mal llamada saga son sumamente fáciles de leer. Paso a demostrarlo: lees un capítulo, te saltas tres; lees dos capítulos, te saltas cinco; lees tres capítulos, te saltas seis. Les juro que no se pierde el hilo de la narración (o lo que quiera que sea), y en cambio, gana en agilidad. b) Los libros de esta serie no pueden, bajo ninguna circunstancia, ser clasificados como de horror; mucho menos como fantasía, ciencia ficción, o ficción épica. Son simple y llanamente una abominación: me gustaría decirles que no entran en ninguna tendencia literaria, pero desgraciadamente, vienen de una tradición que ya van adivinando: la novela pastoril. Y si no me creen, paso a dejarles leer la definición de novela pastoril con que se luce Wikipedia al día de hoy: "La novela pastoril es un subgénero narrativo épico que se configuró históricamente en el Renacimiento a partir de la aparición de la Arcadia del italiano Jacopo Sannazaro. Existía ya una amplia tradición anterior que viene de la literatura pastoril, centrada en torno al subgénero lírico de la égloga o poema; la mayoría de las veces consistía en un diálogo en que diversos pastores idealizados se cuentan sus amores, afortunados o no. La égloga o idilio pastoril nació con el poeta griego Teócrito, quien fue seguido en este género por el también griego Mosco y el poeta romano Virgilio, quien innovó al hacer de sus pastores trasunto de personajes reales de su entorno: Mecenas, el emperador Augusto etc. Posteriormente, en la Edad Media, Giovanni Boccaccio compuso algunas prosas narrativas de tema pastoril y eglógico, como el Ninfale d'Ameto y el Ninfale Fiesolano. Pero será Jacopo Sannazaro quien, en su Arcadia (1504, traducida al castellano en 1549), configure definitivamente el género como un argumento narrativo entreverado de composiciones o canciones en verso de tema amoroso entonadas por los pastores. La novela pastoril refleja la visión idealista y poco realista del Renacimiento, su espíritu estilizado y su platonismo. La temática es siempre amorosa y ofrece una visión estática de la naturaleza. La narración es morosa y lenta y la acción, que es sin embargo embrollada, se desenvuelve con premiosidad ya que lo que importa fundamentalmente es el análisis de los sentimientos y pasiones de los personajes y la descripción del paisaje natural. Por otra parte, son frecuentes las interrupciones con digresiones de todo género o incluso con otras historias ajenas a la acción principal, aparte de los constantes versos intercalados." Wikipedia, consultada el 21 de abril de 2010. Las cursivas son mías. c) Confieso que me da pena emparentar a los vampiritos pastores con la novela pastoril; cabe pensar que si el Quijote se recetó los libros de la Diana y Cervantes se animó a escribir su propia novelita (La Galatea) la cosa no puede ser tan mala. Y en efecto, estrictamente hablando, no lo es. Pero imaginen una fiebre irrefrenable de novelas pastoriles, imaginen a un ingente ejército de escritores salidos de Dios sabe dónde escribiendo las aventuras y desventuras de los imberbes pastorcillos que pululaban por los campos europeos. Imaginen que en las tertulias no se hablaba de otra cosa, que las damas centraban sus conversaciones vespertinas en los infortunios de Nemoroso, y los bachilleres en las virtudes de Silvia. Ahora imaginen a una multitud enorme de prepos, a un verdadero ejército de chicas (y chicos) profesionistas, amas de casa, y empleadas de comercios dedicando sus tardes, cadenas de correo, entradas de blog (¡hola!), tweets, muros de facebook, etcétera, a las aventuritas de Bella Swan, Edward Cullen y su caterva de vampiritos pacifistas. ¡No mames! ¡Igualito que con la novela pastoril! ¿Qué no? 4. Bucky B. Katt (http://comics.com/get_fuzzy/), uno de mis nunca bien ponderados héroes, se dedicó, hace un par de meses y durante varias tiras, a convencer a Rob de que lo que la gente necesita para relajarse es ver películas aburridas. Supongo que eso se aplica a las lecturas. ¿Quieres relajarte? Échate Crepúsculo. Nomás que aguas: consumir basura es nocivo para la salud, y si terminas con una embolia, un infarto cerebral o un aneurisma, será únicamente culpa tuya. Advertido estás. 5. No vuelvo a echar pestes de Anne Rice ni de Stephen King. Perdón, máster: tus vampiros sí son vampiros: chupan sangre, seducen cualquier cosa que se mueva, condenan almas para toda la eternidad, y por sobre todo: ¡no juegan con la comida y se cogen a la chamaca! ¿Qué mariconadas son esas de pasar las noches con la chica sin siquiera tocarla, nomás platicando de cómo podría resultar el rapidín? ¡Me cae que qué enfermos! 6. Y no le sigo, que tendría que hablar de Volturis, hombres lobo que no son hombres lobo, guerrillas chileras entre vampiros, íncubos mal entendidos, y engendros chafas. ¡Malhaya la moralina de la pendejeta de la Meyer, que le pone "valores" a los libracos, cita los cuatro libros que ha leído en su vida, y ya con eso reinventó al vampiro! ¡Por los clavos de Cristo! ¡Por los cuernos de Lucifer! ¡Mecachis! 7. Mi opinión se resume en dos sabias palabras expresadas continuamente por mi compa Hellboy: "Oh, crap!"