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lunes, agosto 12, 2013

Holy shit...

El primer post del año, elaborado durante la segunda mitad del año, no puede ser para otra cosa que echar pestes, ¿verdad? ¿Y qué más puedo hacer? Me piden que haga una tesis que ya no me interesa. Es más, nunca, NUNCA, N U N C A me ha interesado. Pendeja yo que creía que alguna vez me había interesado.

Y ahora un repaso de las cosas de las que me he de quejar en lo que va del año...

Películas de terror: ni una chida. ¿Cómo va a ser eso? No digo que Mamá no se pueda ver, claro que sí, pero está panchosísima.

Cómics: claro que de Batman, ¿luego de quién? ¿A qué puta hora van a darle cuello a Scott Snyder y contratar a un guionista decente que deje de tratar a Batman como homosexual pasivo en lugar de como el homosexual activo que realmente es? Neta estoy fastidiada de búhos, Jokers sin cara, Batmans hipersensibles y presuntas asociadas no solicitadas. Si no puede volver Morrison, traigan de vuelta a Brubaker, Adams o a Tomasi.

Jale: mucho, ahora bien pagado, a dios gracias, pero lleno de güerquete pendejo sin nada mejor qué hacer que quejarse de la vida y de lo que tienen, como si no tuvieran un chingo y a manos llenas.

Taco y Vicho del Mal: ahora resulta que me tienen miedo. Cada vez que el Taco me dice que me tiene miedo, me acuerdo de doña Leti, mi vecina cuando era niña, que durante una época particularmente pinche de su vida tuvo que recurrir a trabajos ingratos para mantener a sus hijos, y que les daba de tablazos cada vez que se le ponían al brinco. El Taco se siente maltratado porque le grito las órdenes cuando está muy concentrada en El Chavo animado o en Bob Esponja como para poner atención a la primera.

Y eso me lleva a la siguiente queja: ¡En una pinche casa donde la madre de familia tiene la colección completa de Batman Animated, Justice League, Count Patula a medias, Ahí viene Cascarrabias, Pink Panther, Miyasaki, etcétera, etcétera, etcétera, ¿el Taco, digo, la hija ve El Chavo animado? Qué degeneración, neta que sí!

Migrañas: a diario, gracias por preguntar.

Tele: ¡no tengo tele en mi cuarto!¡No tengo tele en mi cuarto! ¡Chingadamadre, que no tengo tele en mi cuarto!

Superhéroes: detesto que la próxima película de Superman vaya a tener de coestelar a Batman, y que Batman no vaya a ser Christian Bale, y que vaya a estar basada en Dark Knight Returns. Si la cosa está dirigida por Zack Snyder (en el nombre llevan la fama los cabrones) y sin Nolan de por media, será una reverenda mierda. Y para mierda, no necesitan involucrar a Batman.

Mi última queja del día tiene que ver con cambiar el pañal del Vicho. Y como es un asunto urgente, el resto de las quejas del año quedan para otro post.

He dicho.

jueves, diciembre 08, 2011

"Leer no sirve para nada: es un vicio, una felicidad..."

Con esta flagrante frase, tomada de Que leen los que no leen, de Juan Domingo Argüelles, quien a su vez la tomó de Gabriel Zaid, doy título a esta entrada.

No pretendo ni por accidente ponerme filosófica: mis tres lectores saben que carezco de la sutil gracia de la paciencia, que a la menor provocación empiezo a soltar trancazos, bofetadas e improperios inventados para la ocasión por mi fértil y guarra imaginación. Sin embargo, ya que todo mundo lo hace, dedicaré esta entrada al querido y nunca bien ponderado Enrique Peña Nieto.

 Que si el tipo es imbécil o analfabeta funcional no lo pondré en discusión: es evidente que de unos quince años para acá, la ignorancia se ha añadido a las multifacéticas taras de los políticos, no sólo mexicanos, sino del mundo entero. Tal como es mi costumbre, escribo para echar pestes, porque luego de dos, tres, cuatro días de atizarle al fulano, el asunto ya perdió gracia y se ha convertido en el caballito de batalla de toda persona que no se considera ni imbécil ni analfabeta funcional porque ha leído al menos los tres mentados libros que le cambiaron la vida que fueron el inicio de esta humillante aventurita para el político priísta. Es decir, ya nos olvidamos de lo esencial, de que Enriquito (deje usted que lea o no lea: da igual, a lo mejor el cuate es un ajedrecista bien chingón o pasa su tiempo pintando al óleo, placeres que, por ejemplo, me están absolutamente vedados) es un completo zope que no tiene ni idea de como afrontar un imprevisto, y mire usted que en una presidencia de la república eso de los imprevistos ha de saltar unas quince veces al día.

Dejando de lado el hecho de que Quique es un muchacho basto, inculto, grosero, cabeza dura, etcétera, nos enfrentamos, en primer lugar, al hecho de que este chico tuvo dos salidas decorosas para la impertinente pregunta del impenitente periodista, y no se le ocurrió tomar ninguna: a) "Mire usted, estimado periodista, fíjese que no leo, es que, ¿sabe usted? no lo acostumbro. En la escuela me enseñaron que leer es para estudiar, así que he leído sólo lo que me sirve para mi profesión, y los títulos de esos libros son tan áridos y aburridos, que la verdad ni los recuerdo"; b) "Mire usted, señor periodista, esa es una pregunta que considero muy personal, y por lo mismo me concedo el derecho a no responderla". ¡Y punto! Ultimadamente, ¿qué te importa, hijo de puta, lo que leo o no leo, si es asunto mío?

En segundo lugar, nos enfrentamos a las incontables e interminables andanadas de la gente culta, la gente que lee, la gente que moraliza y que dice que aquellos que no leen son unos pobres ignorantes que no merecen, ya no tomar parte en la vida social, sino siquiera vivir en ella. Lo que Quique hizo fue darnos chance de ponernos groseros: "Mejor lee, no des Pena, Nieto"; "No le regales tu voto a Peña Nieto, mejor regálale un libro". Y mi pregunta es, ¿para qué le regalo un libro, si no lo va a leer? Lo cual me lleva a una cuestión prístina y fundamental en la que nadie, en los últimos años, parece haber parado mientes: ¿y si esos bajos índices de lectura que tanto nos pasean las autoridades por delante de las narices, significan simple y llanamente que a la raza no le da la puta gana leer, qué?

Lo que olvidamos aquellos que leemos, es que leer es una de las muchas aficiones "cultas" que puede practicar una persona: también lo son ir al teatro, ir a un concierto, ir a un baile, ir al ballet, ir al cine, ir a un jolgorio, pintar, jugar ajedrez, esculpir, plantar jardines, y jugar a la matatena. Y sin embargo, de todas estas opciones de sano esparcimiento cultural, yo solo puedo decir honestamente que leo, escucho música y voy al cine. ¿No jugar ajedrez me hace ignorante? Tal vez. ¿No ir al teatro me convierte en una persona inculta? Chance. ¿No llorar de emoción cada vez que la primera bailarina ejecuta un pas de deux en "El lago de los cisnes" me convierte en una bruta? Quizás. Pero la verdad, me vale cuerno, porque al final, cada quien toma del mundo, e incluso de la cultura, aquello que le resulta más agradable, y ese es un derecho básico e incontrovertible, como respirar.

Así que la frase de Zaid me parece muy adecuada en estos momentos: ¿Para qué sirve leer? Para nada. Si no es un vicio, si no te da felicidad, si no te da una perspectiva del mundo (que no proporciona el libro, sino que vislumbra la propia persona a través del libro) no sirve para nada. No sirve ni para estudiar, vaya. Este infortunado incidente ha servido para que los "lectores profesionales", esos que nomás leen sin levantar la vista para de perdido ver transcurrir la vida mientras ellos se sienten elegidos por los dioses por estar leyendo la última novela de quien quiera que esté de moda, se sientan con el derecho (autoproclamado, y por lo tanto espurio) de despreciar al Quique, y de paso a los noventa millones de mexicanos que no leen, porque no son capaces de citar de memoria a Bourdieux, Lacan, Derrida, Saussure, etcétera, etcétera, etcétera. Pongámonos humildes: leer es maravilloso, es un regalo que nos da la vida, pero no es milagroso: como dice Argüelles (perdón por citar) en alguna parte de Qué leen los que no leen, el libro es un espejo, y una lente de aumento, que magnifica eso que trae dentro de sí misma cada persona. O si lo quiere usted con peras y manzanas:

... no por ser lector ávido el ser humano estará lejos de las bestias. Las autocomplacientes teorías que relacionan progreso político, social y económico con arte y cultura terminan por ser algunas de las chapucerías más patéticas de la soberbia intelectual. Creer que en el libro reside de suyo, siempre, el mejoramiento humano, es como ignorar que entre los creyentes religiosos, que presuntamente siempre tienden al bien, se incuban y se desarrollan muchos de los especímenes más infames y destructivos del género humano y la naturaleza. Todo fanatismo, incluso el de la cultura, por bienintencionado que sea, conduce siempre a conclusiones falsas.
Como todas las adicciones, la lectura no sólo no cura los males sino que los agrava. A los pretenciosos los vuelve más pretenciosos; a los ridículos, más ridículos; a los vanidosos, más vanidosos; y más frívolos a los frívolos, y más desdeñosos a los desdeñosos. Que es lo mismo que decir, con Lichtenberg, 'aquello tuvo el efecto que por lo general tienen los buenos libros. Hizo más tontos a los tontos; más listos a los listos, y los miles restantes quedaron ilesos'.
Más allá de optimismos excesivos, que son una forma de irresponsabilidad, entendemos que, como todo acto humano, la lectura y la escritura están permeadas por nuestra personalidad, por nuestros propios temores y resentimientos, y por nuestros sueños y desdichas. No hay que ser condescendientes con esto, ni hipócritas: somos lo que somos incluso si leemos.

Así que deje usted de partirle su madre a Enriquito (ya se encargará él mismo de partírsela solo, y esperemos que sin llegar a ser presidente): insistir en el punto ya es pedantería, cursilería y pura, pura vulgaridad. He dicho.

sábado, noviembre 12, 2011

Mal agüero

El 4 de noviembre de 2008, murió Juan Camilo Mouriño, en aquel entonces Secretario de gobernación de México.

Ayer, 11 de noviembre de 2011 (el dichoso 11/11/11 que trajo histérica a la raza todo el santo -vale, pinche- día) murió José Francisco Blake Mora, en vida Secretario de gobernación de México.

¿Compló? ¿Destino chingaquedito? ¿Humor negro divino?

Actualmente, Alfonso Lujambio, Secretario de educación pública de México, está gravemente enfermo de cáncer.

Los tres, altos funcionarios del querido y nunca bien ponderado Felipito Calderón.

Conspiraciones mis narices: Calderón trae mala suerte. ¡México, te exhorto a hacerte una limpia con sahumerios y toda la cosa!

(Perdonen mis dos lectores cualquier dedazo posible o contundente: estoy muerta de sueño y algo borracha -y no por la muerte de Blake Mora...).

viernes, agosto 13, 2010

¿De Hermione a Lisbeth? ¿Será tan camaleónica?



Mi querido y nunca bien ponderado Sr. Sagaz (que no es tal) pasó este rumor por Twitter el día de ayer. Emma Watson de Lisbeth Salander.

Tengo muchas objeciones al respecto. Resumo en tres:

1) Si pone cara de hacker bisexual emputada, me voy a tirar de la risa.
2) Daniel Craig (que es el nuena onda de la película y se la pasaría con ella en la cama en plan gentil) la va a deshacer: está muy fragilita.
3) Todo el tiempo voy a estar esperando a que saque la varita mágica.

¿Se necesitan más razones en contra?

Aquí una nota tontona sobre el asunto:

http://www.hola.com/noticias-de-actualidad/13-08-2010/76047/

sábado, agosto 07, 2010

Historia mínima, chiquitita, de México


Tengo en mis manos un ejemplar de Viaje por la historia de México, de Luis González y González, libro que por los festejos del Bicentenario será regalado masivamente a los hogares mexicanos. Se trata de un obra mínima, de 65 páginas, en las que cada emplane presenta un resumen (a manera de planilla de estampas de primaria) de un periodo de nuestra historia nacional; cada tema presenta los seis o siete eventos o personajes centrales de dicho periodo con una micro ficha que incluye foto y datos básicos.

NO SOY FEMINISTA, pero sólo se mencionan a tres mujeres: la Virgen de Guadalupe, Sor Juana Inés de la Cruz y Josefa Ortiz de Domínguez. Fui maestra de historia de México durante unos ocho años, y se que hay más mujeres involucradas en nuestros lances nacionales. También se que cada periodo de nuestra historia tiene más de seis o siete eventos o personajes clave.

Siempre me ha parecido que la brevedad es una virtud, que la historia "for dummies" tiene sus conveniencias (vamos, ¿a cuántas personas les interesa la historia?). Pero reducirla a esto, ¿es lo adecuado?

El libro está bonito: ilustraciones lindas aunque institucionales, bien escrito, todo muy sucinto e impecable. No cuestiono el conocimiento del autor sobre el tema por la sencilla razón de que nunca lo he estudiado. Sin embargo, ¿es esto lo que necesitamos para festejar el año de la Patria? ¿No necesitamos más bien cuestionar esta tan traída y llevada historia nacional? ¿En qué le ayuda a más de cien millones de mexicanos contar con este micro resumen de lides patrias ante un panorama cada vez más violento, cada vez más desesperanzador, en el que nuestras autoridades hacen de todo, menos su trabajo: administrar leyes y recursos con justicia y equidad?

sábado, abril 17, 2010

Cuando los vampiros se convierten en pastores

1. En mi época de estudiante de Letras españolas, me tocó leer, entre muchísimas cosas de cuyo nombre no quiero acordarme, cierto ladrillo intitulado Los siete libros de la Diana, publicado en 1559 por cierto portugués que escribía en español apellidado Montemayor. Edición linda, de Clásicos Castellanos. Lectura pesadísima: recuerdo pocas cosas peores en mi experiencia de lectora. Recuerdo que cuando leía las Églogas, aquello de lo pastoril nomás me parecía curiosito. Con la Diana me resultó insufrible. Mandé a todos los diablos a los dichosos pastores, que en mala hora vinieron a relatarnos sus puerilidades: leer uno de sus diálogos era como asistir a una conversación entre dos prepos quejicas y llorositos porque la novia no aflojó. Cuando dejé la experiencia atrás me prometí no volver a experimentarla. Leer Amadís de Gaula enterito me parece menos perverso que echarse por gusto una novela pastoril, me cae. 2. Hace cuatro meses pasé por mi último coqueteo con mi primera profesión: la docencia. Luego de tres años de no pisar las aulas, descubrí que los chicos siguen igual de insufribles, mentecatos y altaneros. También descubrí que finalmente leían, y para mi pertinaz alegría, me di cuenta de que leían horror: estaban clavados con una serie de novelas llamada Crepúsculo, acerca de unos vampiros muy nice. Yo pensé: no puede ser peor que Entrevista con el vampiro o un libro promedio de Stephen King. Conclusión: aguas con lo que piensas. 3. Por no quedarme sin saber qué onda, hace dos meses me animé a leer los libros de Crepúsculo en versión electrónica: una compañera de trabajo tuvo la bondad de mandármelos, porque se enteró de que me gustan los libros de horror. Ello me hace llegar a las siguientes consideraciones: a) Los libros de esta susodicha y mal llamada saga son sumamente fáciles de leer. Paso a demostrarlo: lees un capítulo, te saltas tres; lees dos capítulos, te saltas cinco; lees tres capítulos, te saltas seis. Les juro que no se pierde el hilo de la narración (o lo que quiera que sea), y en cambio, gana en agilidad. b) Los libros de esta serie no pueden, bajo ninguna circunstancia, ser clasificados como de horror; mucho menos como fantasía, ciencia ficción, o ficción épica. Son simple y llanamente una abominación: me gustaría decirles que no entran en ninguna tendencia literaria, pero desgraciadamente, vienen de una tradición que ya van adivinando: la novela pastoril. Y si no me creen, paso a dejarles leer la definición de novela pastoril con que se luce Wikipedia al día de hoy: "La novela pastoril es un subgénero narrativo épico que se configuró históricamente en el Renacimiento a partir de la aparición de la Arcadia del italiano Jacopo Sannazaro. Existía ya una amplia tradición anterior que viene de la literatura pastoril, centrada en torno al subgénero lírico de la égloga o poema; la mayoría de las veces consistía en un diálogo en que diversos pastores idealizados se cuentan sus amores, afortunados o no. La égloga o idilio pastoril nació con el poeta griego Teócrito, quien fue seguido en este género por el también griego Mosco y el poeta romano Virgilio, quien innovó al hacer de sus pastores trasunto de personajes reales de su entorno: Mecenas, el emperador Augusto etc. Posteriormente, en la Edad Media, Giovanni Boccaccio compuso algunas prosas narrativas de tema pastoril y eglógico, como el Ninfale d'Ameto y el Ninfale Fiesolano. Pero será Jacopo Sannazaro quien, en su Arcadia (1504, traducida al castellano en 1549), configure definitivamente el género como un argumento narrativo entreverado de composiciones o canciones en verso de tema amoroso entonadas por los pastores. La novela pastoril refleja la visión idealista y poco realista del Renacimiento, su espíritu estilizado y su platonismo. La temática es siempre amorosa y ofrece una visión estática de la naturaleza. La narración es morosa y lenta y la acción, que es sin embargo embrollada, se desenvuelve con premiosidad ya que lo que importa fundamentalmente es el análisis de los sentimientos y pasiones de los personajes y la descripción del paisaje natural. Por otra parte, son frecuentes las interrupciones con digresiones de todo género o incluso con otras historias ajenas a la acción principal, aparte de los constantes versos intercalados." Wikipedia, consultada el 21 de abril de 2010. Las cursivas son mías. c) Confieso que me da pena emparentar a los vampiritos pastores con la novela pastoril; cabe pensar que si el Quijote se recetó los libros de la Diana y Cervantes se animó a escribir su propia novelita (La Galatea) la cosa no puede ser tan mala. Y en efecto, estrictamente hablando, no lo es. Pero imaginen una fiebre irrefrenable de novelas pastoriles, imaginen a un ingente ejército de escritores salidos de Dios sabe dónde escribiendo las aventuras y desventuras de los imberbes pastorcillos que pululaban por los campos europeos. Imaginen que en las tertulias no se hablaba de otra cosa, que las damas centraban sus conversaciones vespertinas en los infortunios de Nemoroso, y los bachilleres en las virtudes de Silvia. Ahora imaginen a una multitud enorme de prepos, a un verdadero ejército de chicas (y chicos) profesionistas, amas de casa, y empleadas de comercios dedicando sus tardes, cadenas de correo, entradas de blog (¡hola!), tweets, muros de facebook, etcétera, a las aventuritas de Bella Swan, Edward Cullen y su caterva de vampiritos pacifistas. ¡No mames! ¡Igualito que con la novela pastoril! ¿Qué no? 4. Bucky B. Katt (http://comics.com/get_fuzzy/), uno de mis nunca bien ponderados héroes, se dedicó, hace un par de meses y durante varias tiras, a convencer a Rob de que lo que la gente necesita para relajarse es ver películas aburridas. Supongo que eso se aplica a las lecturas. ¿Quieres relajarte? Échate Crepúsculo. Nomás que aguas: consumir basura es nocivo para la salud, y si terminas con una embolia, un infarto cerebral o un aneurisma, será únicamente culpa tuya. Advertido estás. 5. No vuelvo a echar pestes de Anne Rice ni de Stephen King. Perdón, máster: tus vampiros sí son vampiros: chupan sangre, seducen cualquier cosa que se mueva, condenan almas para toda la eternidad, y por sobre todo: ¡no juegan con la comida y se cogen a la chamaca! ¿Qué mariconadas son esas de pasar las noches con la chica sin siquiera tocarla, nomás platicando de cómo podría resultar el rapidín? ¡Me cae que qué enfermos! 6. Y no le sigo, que tendría que hablar de Volturis, hombres lobo que no son hombres lobo, guerrillas chileras entre vampiros, íncubos mal entendidos, y engendros chafas. ¡Malhaya la moralina de la pendejeta de la Meyer, que le pone "valores" a los libracos, cita los cuatro libros que ha leído en su vida, y ya con eso reinventó al vampiro! ¡Por los clavos de Cristo! ¡Por los cuernos de Lucifer! ¡Mecachis! 7. Mi opinión se resume en dos sabias palabras expresadas continuamente por mi compa Hellboy: "Oh, crap!"