jueves, octubre 27, 2016

Donde el Hurón cuenta que ha sido de sí los últimos tres años

Soy tres años más vieja.

Chido mi coto, ¿qué no?

Pues vale, y solo porque se supone que el Taco pasará a checar las entradas.

Trabajo: la última vez que pasé por aquí, allá por 2013, acababa de cambiar de jale. Tres años después, acabo de cambiar de jale otra vez. ¿Y saben qué? A donde vayas, es la misma mierda, nomás que digerida en otra panza.

Familia: bien, gracias.

Amigos: también, gracias. 

Mundo: en el hoyo, como de costumbre. Que hasta la Guerra Fría está de vuelta. Que dicen.

Películas: Star Trek sigue siendo buena opción. El universo cinematográfico Marvel ha estado charreando a gusto, y parece que apenas está agarrando tono para eso. El universo cinematográfico DC está charrísimo desde el mismo momento en que le soltó la rienda a un Snyder. Son una maldición, hacen caca todo lo que tocan. De horror he visto dos cosas decentes en los últimos años: The babadook y It follows. Parece que The witch está chida, pero aún no la veo. 

Cómics: de Batman, ¿qué más? Ya se fue a la chingada Scott Snyder, pero le tomó la estafeta el Zack imbécil con las películas. Al menos Batman se puede leer ahora, cuando no se trata del All Star que el susodicho Snyder (Scott) ha estado recetándole a la humanidad como si no tuviera ya suficiente mierda encima. Le hizo bien a DC matar al Superman prole que tuvo desde los New 52 y traer de vuelta al pre New 52. No es cierto que los lectores no aceptamos propuestas nuevas. Lo que no aceptamos es que nos vean la cara de pendejos (lo cual era la nueva propuesta del Didio desde 2011).

Música: muy contenta con Queen. Redescubriendo los orígenes metalerosos de mi primera infancia, cuando mis primos-tíos quinceañeros escuchaban Judas Priest para partirle las bolas a mi abuelo y a mi tío Reynold. Que según las apariencias mis hijos son rockeros, que dicen...

Vecinos: justo ahora el de atrás está chingando con unas rolas cutres rockerosas clásicas en español. A media noche eso solo confirma que eres un imbécil por emborracharte en jueves tirándole a viernes, y con mal gusto además, por tratar de dar lástima con rolas del Verdaguer.

Libros: leí American gods. Desde entonces no puedo evitar comparar todo lo que leo con eso. No encuentro nada igual. Si acaso Sandman (otro Gaiman) me encoge el corazón más o menos por el estilo. Chesterton. Dumas. Machen. Alguna rola de Nick Cave o de Cash. "Don't mention his name and his name will pass on." "It's too quiet in here, and I'm beginning to freeze. I've got icicles hanging from my knees." Y acabamos de das con La bestia debe morir. La voy a leer... otra vez.

Jardín: tengo uno. Y está bonito. Y da higos, y chiles, y ejotes, y melones, y hierbas de olor. Y muchas flores. Y es increíble la felicidad que una cosa tan sencilla te puede proporcionar. Andas en el mundo, en el trabajo, que es cutre y sin chiste. Y llegas a tu casa, donde todo está sucio y desparramado, y te espera un chingo de trabajo por hacer, pero tu jardín huele a flores y tierra mojada (y también a caca de gato, pa qué me hago) y entonces no importa que el mundo sea pinche. Porque tu jardín es la onda.

Y así la vida. Y todo bien con el universo.       

Pues que te vive la vida, que dicen...

Pues yo juraba que ya había mandado al carajo este blog, pero parece que es cierto que la tentación vale más que la voluntad.

Que llegas a los cuarenta cuando no te daban ni para los veinte. Que llegas a veinte con el mismo vato cuando no te veías con ningún güey en la vida. Que llegas a quince casada sin creerte que el rollo del matrimonio funcionaba. Que llegas a madre sintiéndote la menos calificada para semejante brete... Pues ya qué. Está muy avanzado el viaje para bajarte del tren.

Y entonces, Taco, ¿cuándo vuelves a escribir tu blog? Como los intelectuales wanna be de la localidad: te comento si me comentas :D

¡Voto a bríos!

lunes, agosto 12, 2013

Holy shit...

El primer post del año, elaborado durante la segunda mitad del año, no puede ser para otra cosa que echar pestes, ¿verdad? ¿Y qué más puedo hacer? Me piden que haga una tesis que ya no me interesa. Es más, nunca, NUNCA, N U N C A me ha interesado. Pendeja yo que creía que alguna vez me había interesado.

Y ahora un repaso de las cosas de las que me he de quejar en lo que va del año...

Películas de terror: ni una chida. ¿Cómo va a ser eso? No digo que Mamá no se pueda ver, claro que sí, pero está panchosísima.

Cómics: claro que de Batman, ¿luego de quién? ¿A qué puta hora van a darle cuello a Scott Snyder y contratar a un guionista decente que deje de tratar a Batman como homosexual pasivo en lugar de como el homosexual activo que realmente es? Neta estoy fastidiada de búhos, Jokers sin cara, Batmans hipersensibles y presuntas asociadas no solicitadas. Si no puede volver Morrison, traigan de vuelta a Brubaker, Adams o a Tomasi.

Jale: mucho, ahora bien pagado, a dios gracias, pero lleno de güerquete pendejo sin nada mejor qué hacer que quejarse de la vida y de lo que tienen, como si no tuvieran un chingo y a manos llenas.

Taco y Vicho del Mal: ahora resulta que me tienen miedo. Cada vez que el Taco me dice que me tiene miedo, me acuerdo de doña Leti, mi vecina cuando era niña, que durante una época particularmente pinche de su vida tuvo que recurrir a trabajos ingratos para mantener a sus hijos, y que les daba de tablazos cada vez que se le ponían al brinco. El Taco se siente maltratado porque le grito las órdenes cuando está muy concentrada en El Chavo animado o en Bob Esponja como para poner atención a la primera.

Y eso me lleva a la siguiente queja: ¡En una pinche casa donde la madre de familia tiene la colección completa de Batman Animated, Justice League, Count Patula a medias, Ahí viene Cascarrabias, Pink Panther, Miyasaki, etcétera, etcétera, etcétera, ¿el Taco, digo, la hija ve El Chavo animado? Qué degeneración, neta que sí!

Migrañas: a diario, gracias por preguntar.

Tele: ¡no tengo tele en mi cuarto!¡No tengo tele en mi cuarto! ¡Chingadamadre, que no tengo tele en mi cuarto!

Superhéroes: detesto que la próxima película de Superman vaya a tener de coestelar a Batman, y que Batman no vaya a ser Christian Bale, y que vaya a estar basada en Dark Knight Returns. Si la cosa está dirigida por Zack Snyder (en el nombre llevan la fama los cabrones) y sin Nolan de por media, será una reverenda mierda. Y para mierda, no necesitan involucrar a Batman.

Mi última queja del día tiene que ver con cambiar el pañal del Vicho. Y como es un asunto urgente, el resto de las quejas del año quedan para otro post.

He dicho.

lunes, diciembre 03, 2012

Gotham reciclada

Cuando empecé a ver Arrow, hace unas semanas, tenía curiosidad por ver qué hacían de Flecha verde: si sería el mismo vato simpaticón y mujeriego del cómic, con ínfulas de Batman en una ciudad que le tira a ser Gotham, pero algo subdesarrollada. Como si habláramos, por ejemplo, de un paralelismo entre San Nicolás y San Pedro. Luego del tercer episodio me quedó muy claro que Arrow es el relevo de Smallville, y cuando empezaron a recetarle a Oliver Queen una historia de pérdida-sufrimiento-venganza estilo Bruce Wayne me pareció muy triste que, para que el personaje tenga algún atractivo sólido, tengan que aderezarlo con elementos de Batman.

Pero las similitudes eran, cuando mucho, superficiales. Acabo de ver el episodio siete de la serie por puro morbo, porque Huntress, uno de los personajes más conflictivos de Batman, entraría en escena. Y ahora las similitudes son muy descaradas. Starling City es, ahora sí, una Gotham francamente reciclada, con una guerra de mafias conformada por las familias que tradicionalmente le dan la lata a Batman: los Bertinelli y la Tríada asiática, para empezar. Al rato serán los Falcone y Cobblepot, con sus negocios turbios disfrazados. Por lo pronto, el chico Queen ya tiene su Alfred: un exmarine contratado para cuidarle el pellejo, muy parecido al Alfred de Batman: Tierra uno. Ya anda por allí Canario negro (que también se da sus vueltas frecuentes por Gotham), aunque todavía no lanza sus características patadas ni da esos gritotes que son la delicia de mi hija de seis años. Al igual que Smallville, Arrow tendrá su desfile de héroes y personajes DC, con la salvedad de que, seguramente, no serán los metahumanos los que se den la vuelta por la ciudad, sino los vigilantes, los outsiders que generalmente andan buscando la aprobación de Batman sin conseguirla. Pero Green Arrow no es Batman, por mucho que quieran endurecerlo. Ni es el chico infinitamente optimista que es Clark Kent en los cómics. Es algo intermedio: simpático, aguerrido, desafiante, contreras, anarquista en el sentido más puro del término. Aquí es nada más un vigilante conflictuado por una cruzada encargada por el padre muerto. No es ni Batman ni Green Arrow. En resumidas cuentas, no me gusta.

Y bueno, no es como si se fuera a acabar el mundo por ello: soy fan de Batman, no de Green Arrow. Pero la serie podría ser linda. Una serie así siempre podría serlo. Como no traigan de verdad a Batman para darle un par de cachetadas guajoloteras a Green Arrow, darle en la madre a la Tríada, o poner un sensor de Brother Eye para checar las actividades del chico Queen en Star City, esta serie no tiene ni remedio ni perdón de Dios. Creo que, ahora sí, he terminado con Arrow

Feliz feliz, alegre alegre

Y toma que me doy de narices con la felicidad absoluta: hija e hijo a quienes besar, esposo al cual amar, amigos a quienes abrazar, covacha para hacerme bolita, alumnos para enseñar y para aprender, cantidades obscenas de libros y cómics qué leer, películas qué ver, música para corear. Hoy descubrí arrugas bajo mis ojos: me hago vieja y soy feliz. Nunca esperé envejecer, y resulta que es una felicidad extrañamente grata y reconfortante.

Qué raro descubrir que eres feliz así, de golpe y porrazo, sin haber hecho nada particular o extraordinario para serlo o siquiera merecerlo. O igual y sí lo merezco y me hago guaje pretendiendo que no. Soy un Hurón feliz, feliz, feliz. Sean felices ustedes también. Y lo digo en serio, sin los afanes guarros que usualmente me impulsan. 

domingo, septiembre 02, 2012

Rencor melero, rencor tejonero

Nuestro Tejón Melero sufrió, hará cosa de tres días, de una picadura de bicho al azar (entiéndase que no tenemos una puta maldita idea de si lo picó una araña, una hormiga, una avispa, un zancudo o una pinche cucaracha). Primero fue una ronchita. Luego se inflamó. El día de hoy era un absceso en franca plenitud, con todo y su puntita blanca destacada y a punto de reventar. Por supuesto, la maldita cosa se mantenía en su incólume y dolorosa plenitud, sin trazas de que el Tejoncito descansara de su infame dolor.

Allá van el Hurón y el Pachuco, como preocupados padres de su fauna diversa, a que lo revise el doctor en turno en la farmacia de similares, porque los servicios de un veterinario, en estos días, resultan más costosos. Y le recetaron lo de costumbre: antibióticos, desinflamante y un jarabe pa' los mocos (es que además está agripado el bicho). Luego de una hora, el dolor es insostenible y tomamos una decisión dura, riesgosa: reventar el chingado absceso. Aquí la que tiene presuntos conocimientos enfermeriles es el noble y magnánimo Hurón de los Pantanos, así que con jeringa en mano, procedió a la delicada operación de aplicarle una punción al monstruo ese que se posesionó del muslo de mi hijo para luego drenar su nauseabundo contenido.

La cosa pasó como es de esperarse en estos casos: el Tejoncito Melero berreó, pateó, blasfemó en su lengua nativa, me miró con cara de muere puta infeliz, sudó, siguió berreando, y al final descansó. A casi tres horas del suceso el Tejoncito está tranquilo: por primera vez en el día comió con apetito, empezó a cantar, y ya no trae un genio de los mil demonios. O genio melero, si usted lo prefiere.

Pero es un bichito de memoria prolongada y rencores largos: tengo media hora mimándolo y acariciándolo. Me mira con desconfianza, y cuando trato de tocarle la piernita me aparta la mano. Al principio ni siquiera me permitía tocarle la cabecita.

Es rencoroso el Tejón. Rencor melero, supongo.

viernes, agosto 31, 2012

Maldito payaso...

Y para no perder costumbre, este honorable Hurón pasó otra noche de insomnio. Muy apaciblemente, apagó todo hacia la medianoche, y empezó la revolcadera, pero no una divertida: sobre el costado derecho, que es mi lado favorito para dormir. Nada. Luego sobre el izquierdo, que no me resulta tan cómodo: ni madre. Boca abajo, boca arriba, con una almohada entre las piernas, sin almohada en la cabeza, tapada, destapada, con clima, sin clima, y puro chorizo: Hurón sin poder dormir.

Entonces, a eso de la 1:15, ¡que se adormila! Pero entonces entra el Oportuno, que oportunamente pisó un juguete del Tejoncito melero, y tanto el Tejón como el juguete empezaron a berrear. Adiós sueño. ¿Y el Oportuno? ¡Roncando el infeliz! Y allá va el honorable y Magnánimo Hurón a prender la lap otra vez, a pendejear en el face (si es aburrido en horas concurridas, lo es aún más a mitad de la noche), a leer cómics, a intentar ver una película, y nel, porque además de insomnio, el apreciable Hurón tenía una pinche migraña de mierda que tampoco le ayudaba a dormir.

Y entonces llegan las horas negras, porque es increíble la cantidad de mierda malviajada que se te puede venir a la cabeza cuando estás sola, desvelada, aburrida, y algo triste. Mal viaje tras mal viaje, sin trazas de acabarse. ¿Y qué hace el Hurón? Pues la verdad es que se toma muy en serio a sí misma, pero terminó mandándose a sí misma a la chingada cuando empezó a alucinar con ofensas acaecidas en la temprana infancia. Allí se dijo el Hurón: "Hurón, ¡no mames y ya duérmete! Que te estés acordando de lo que Perenganita te dijo en el kínder es signo de que ya no estás en tu ínfimo nivel de racionalidad cotidiano, así que ya déjate de pendejadas y ¡vete a dormir!".

Adiós lap. Adiós internet. Hola almohada. Hola cama. Hola pinche Oportuno roncando. Media hora más de dar vueltas y revueltas, y por fin (hacia las 4:00) me duermo. ¿El secreto? Ignorar la migraña, que jamás se me mitigó con el analgésico. Y justo cuando estaba en lo más sabroso del sueño, el despertador. Lo confieso: no me siento cansada y no tengo sueño... ahora. Pero después de mediodía va a ser un tango no sentir que me debo arrastrar para llegar al baño o ir a la tienda de al lado.