domingo, abril 13, 2008
Huronadas
"Nacido macho y soltero a temprana edad en Mississippi. Dejó la escuela al cabo de cinco años en el séptimo grado. Consiguió empleo en el banco del Abuelo y aprendió el valor medicinal de su licor. El abuelo creyó que lo había hecho el conserje. Éste fue tratado severamente. Vino la guerra. Le gustó el uniforme británico. Se alistó a la comisión R.F.C., como piloto. Se estrelló. Costó 2000 libras esterlinas al gobierno británico. Continuó como piloto. Se estrelló. Costó 2000 libra esterlinas al gobierno británico. Desistió. Costó 84,30 dólares al gobierno británico. Dijo el Rey: "Bien hecho". Regresó a Mississippi. La familia le consiguió un empleo: administrador de correos. Dimitido por acuerdo mutuo por parte de dos inspectores; acusado de arrojar todo el correo recibido a la basura. Nunca se comprobó cómo dispuso del correo saliente. Los inspectores se llevaron un chasco. Cobró 700 dólares. Marchó a Europa. Conoció a un hombre llamado Sherwood Anderson. Dijo: ¿Por qué no escribir novelas? A lo mejor no tengo que trabajar". Lo consiguió. Soldier's Pay. Lo consiguió. Mosquitoes. Lo consiguió. Sound and Fury. Lo consiguió. Sanctuary, que aparecerá el próximo año. Actualmente vuela de nuevo. 32 años de edad. Posee una máquina de escribir que maneja él mismo."
William Faulkner. Cartas escogidas.
"No hay peor sistema de alumbrado que el de la llamada Luz Interior;no hay religión más horrenda que la idolatría del dios interior. Conocer a alguien es conocer su modo de obrar. Que Juan adore al dios interior sólo significa que Juan adora a Juan. Más valdría que Juan adorase al sol, o a la luna, o a cualquiera cosa que no sea la Luz Interior; más le valdría adorar gatos y cocodrilos, si tiene la suerte de enconstrarse con ellos, antes que adorar al dios interior."
G.K. Chesterton. Ortodoxia.
... y se encontró de pie ante un escaparte de la Quinta Avenida. Era el de una tienda de numismática y estaba ocçbservando detenidamente un dólar de oro, preguintándose si podría permitirse añadirlo a su colección. "¿Qué colección?", se preguntó desconcertado. "So yo no colecciono monedas. ¿Qué hago aquí? ¿Y cuántas horas llevo mirando escaparates cuando debería estar en mi despacho supervisando... supervisando...?" No podía recordar lo que supervisaba. Era un negocio de algún tipo, que tenía que ver con gente dotada de algunas habilidades particulares. Cerró los ojos, tratando de concentrarse. "No, tuve que dejarlo el ñao pasado por culpa de un infarto", recordó. "Pero estaba allí, en mi despacho, hace unos pocos segundos, hablando de un nuevo proyecto con un grupo de gente". Cerró los ojos. "Ya no está", pensó confundido. "Lo que yo levanté ya no está". Abrió los ojos y se vio de nuevo en su despacho. Ante él estaban G.G. Ashwood, Joe Chip y una muchacha morena, intensamente atractiva, cuyo nombre no recordaba. Por razones que no alcanzaba a comprender, le sorprendió que no hubiera nadie más presente.
-Señor Runciter-dijo Joe Chip-, le presento a Patricia Conley.
-Encantada de conocerle al fin, señor Runciter-dijo la muchacha. Soltó una carcajada y sus ojos lanzaron un destello exultante. Runciter no sabía por qué.
"Le ha hecho algo", comprendió Joe Chip. -Pat-dijo en voz alta, lanzando en derredor una mirada de interrogación-, no pondría la mano en el fuego pero creo que aquí las cosas son diferentes-. El despacho ofrecía el aspecto de siempre: la alfombra demasiado estridente, los objetos artísticos heterogéneos de siempre, las mismas pinturas originales y sin ningún mérito... Tampoco Glen Runciter había cambiado: desordenado su cabello gris, meditativo el rostro, le devolvió la mirada. También él parecía perplejo. Cerca de la ventana, G.G.Ashwood se encongió de hombros con indiferencia. Era evidente que no veía nada anormal.
-Nada ha cambiado-dijo Pat.
-Todo ha cambiado-repudo Joe-. Debes haber retrocedido en el tiempo y nos has puesto en otro rumbo. No puedo demostrarlo ni precisar la naturaleza de los cambios, pero...
-Nada de peleas conyugales en horas de oficina-dijo Runciter frunciendo el ceño.
-¿Peleas conyugales?-preguntó Joe, desconcertado. Vio entonces el anillo que llevaba Pat en el dedo; era de plata labrada y jade, y recordó haberle ayudado a elegirlo. "Fue dos días antes de casarnos", pensó. "De eso hace cerca de un año. Entonces pasaba muchos apuros monetarios, pero ahora las cosas han cambiado: Pat, con su sueldo y su espíritu ahorrativo, las ha arreglado para siempre".
Philip K. Dick. Ubik.


"Thunder on the mountain, fires on the moon
There's a ruckus in the alley and the sun will be here soon
Today's the day, gonna grab my trombone and blow
Well, there's hot stuff here and it's everywhere I go"
Bob Dylan. "Thunder on the mountain", Modern times.
William Faulkner. Cartas escogidas.
"No hay peor sistema de alumbrado que el de la llamada Luz Interior;no hay religión más horrenda que la idolatría del dios interior. Conocer a alguien es conocer su modo de obrar. Que Juan adore al dios interior sólo significa que Juan adora a Juan. Más valdría que Juan adorase al sol, o a la luna, o a cualquiera cosa que no sea la Luz Interior; más le valdría adorar gatos y cocodrilos, si tiene la suerte de enconstrarse con ellos, antes que adorar al dios interior."
G.K. Chesterton. Ortodoxia.
... y se encontró de pie ante un escaparte de la Quinta Avenida. Era el de una tienda de numismática y estaba ocçbservando detenidamente un dólar de oro, preguintándose si podría permitirse añadirlo a su colección. "¿Qué colección?", se preguntó desconcertado. "So yo no colecciono monedas. ¿Qué hago aquí? ¿Y cuántas horas llevo mirando escaparates cuando debería estar en mi despacho supervisando... supervisando...?" No podía recordar lo que supervisaba. Era un negocio de algún tipo, que tenía que ver con gente dotada de algunas habilidades particulares. Cerró los ojos, tratando de concentrarse. "No, tuve que dejarlo el ñao pasado por culpa de un infarto", recordó. "Pero estaba allí, en mi despacho, hace unos pocos segundos, hablando de un nuevo proyecto con un grupo de gente". Cerró los ojos. "Ya no está", pensó confundido. "Lo que yo levanté ya no está". Abrió los ojos y se vio de nuevo en su despacho. Ante él estaban G.G. Ashwood, Joe Chip y una muchacha morena, intensamente atractiva, cuyo nombre no recordaba. Por razones que no alcanzaba a comprender, le sorprendió que no hubiera nadie más presente.
-Señor Runciter-dijo Joe Chip-, le presento a Patricia Conley.
-Encantada de conocerle al fin, señor Runciter-dijo la muchacha. Soltó una carcajada y sus ojos lanzaron un destello exultante. Runciter no sabía por qué.
"Le ha hecho algo", comprendió Joe Chip. -Pat-dijo en voz alta, lanzando en derredor una mirada de interrogación-, no pondría la mano en el fuego pero creo que aquí las cosas son diferentes-. El despacho ofrecía el aspecto de siempre: la alfombra demasiado estridente, los objetos artísticos heterogéneos de siempre, las mismas pinturas originales y sin ningún mérito... Tampoco Glen Runciter había cambiado: desordenado su cabello gris, meditativo el rostro, le devolvió la mirada. También él parecía perplejo. Cerca de la ventana, G.G.Ashwood se encongió de hombros con indiferencia. Era evidente que no veía nada anormal.
-Nada ha cambiado-dijo Pat.
-Todo ha cambiado-repudo Joe-. Debes haber retrocedido en el tiempo y nos has puesto en otro rumbo. No puedo demostrarlo ni precisar la naturaleza de los cambios, pero...
-Nada de peleas conyugales en horas de oficina-dijo Runciter frunciendo el ceño.
-¿Peleas conyugales?-preguntó Joe, desconcertado. Vio entonces el anillo que llevaba Pat en el dedo; era de plata labrada y jade, y recordó haberle ayudado a elegirlo. "Fue dos días antes de casarnos", pensó. "De eso hace cerca de un año. Entonces pasaba muchos apuros monetarios, pero ahora las cosas han cambiado: Pat, con su sueldo y su espíritu ahorrativo, las ha arreglado para siempre".
Philip K. Dick. Ubik.


"Thunder on the mountain, fires on the moon
There's a ruckus in the alley and the sun will be here soon
Today's the day, gonna grab my trombone and blow
Well, there's hot stuff here and it's everywhere I go"
Bob Dylan. "Thunder on the mountain", Modern times.
martes, marzo 04, 2008
Últimas nuevas (ya no tan nuevas)
1. Viernes 29 de febrero: concierto de Bob Dylan. Había de venir en febrero 29 (jajajaja). O sea, el viejito que anda rasguñando ya los setenta años se trepó a un escenario de una de las ciudades más mochas de México, y con sus cinco músicos matones y una producción de lo más sobria, dio uno de los conciertos más bellos, consistentes, elegantes y memorables que jamás haya tenido este rancho bicicletero. Concluimos que a la Hurona le habría encantado. Ojalá un día tenga la oportunidad de verlo, pero dada la edad del cuate, no confiamos en ello.
¿Mencioné acaso que el concierto fue bello, consistente, elegante y memorable?
2. El sábado 1 de marzo la señorita Hurona cumplió dos años. Le hicimos una mini fiesta con merienda, pastel, piñata y bolsitas. La pasó chido con la raza, especialmente con Helena y Grecia, sus dos comadres de base, y conoció a una nueva compinche, Natalia, que promete ser tan lacra como la cumpleañera. Todo terminó chido, excepto por el hecho de que se enfrió la mensa y ahora trae una infección en la garganta. Además, la señorita Grecia le pasó su infección de los ojos a dos asistentes: Helena y la consabida Hurona.
¿Cambió eso en algo en humor de la Hurona? Pues no sabemos qué pensar. Como siempre anda necia y moliendo, no vemos mucha diferencia entre su estado actual y el que normalmente presenta. Aún así, esperamos salir pronto del apuro.
3. Lázaro volvió al hospital por tercera ocasión en lo que va del año. ¿Quién? ¿Lázaro? Ah, sí. El presunto padre del Hurón. Pues sí. Otra vez al hospital, por güey. El ñor jura que ahora sí se cuidó la operación, que ahora sí descansó, que ahora sí tomó sus medicinas y ahora sí se abstuvo de sus amadas chelas. Pero claro, se le olvidó abstenerse de azúcar y carbohidratos, lo cual es delicado para un diabético. ¡Ah, que don Lázaro, se le olvidó que es diabético! ¿Qué cosas, no?
4. El signo de los tiempos. ¿Cómo sabes que la juventud se te está largando a la chingada? ¿Cuando pasas de los treinta? ¿Cuándo los niños en la tienda te llaman "señora" aunque no te veas (según tú) tan dada al catre? ¿Cuándo todas tus hermanas muestran algún achaque raro a pesar de no haber llegado a los treinta? ¿Cuándo traes el pelo canoso? No. La juventud se te va a la chingada cuando te diagnostican insuficiencia venosa (aka, várices).
¿Hurón mortificado? No exactamente. Hurón con güeva. Mucha, mucha güeva. ¿Luchar contra la edad? ¿Pintarse el pelo (bueno, eso tal vez sí)? ¿Aplicarse un facial? ¿Caminatas terapéuticas? ¿Y con una Hurona moliendo? ¿Y con episodio doble de Doctor House?
Lo bueno, es que uso pantalón y falda larga. Nadie notará las várices.
He dicho.
¿Mencioné acaso que el concierto fue bello, consistente, elegante y memorable?
2. El sábado 1 de marzo la señorita Hurona cumplió dos años. Le hicimos una mini fiesta con merienda, pastel, piñata y bolsitas. La pasó chido con la raza, especialmente con Helena y Grecia, sus dos comadres de base, y conoció a una nueva compinche, Natalia, que promete ser tan lacra como la cumpleañera. Todo terminó chido, excepto por el hecho de que se enfrió la mensa y ahora trae una infección en la garganta. Además, la señorita Grecia le pasó su infección de los ojos a dos asistentes: Helena y la consabida Hurona.
¿Cambió eso en algo en humor de la Hurona? Pues no sabemos qué pensar. Como siempre anda necia y moliendo, no vemos mucha diferencia entre su estado actual y el que normalmente presenta. Aún así, esperamos salir pronto del apuro.
3. Lázaro volvió al hospital por tercera ocasión en lo que va del año. ¿Quién? ¿Lázaro? Ah, sí. El presunto padre del Hurón. Pues sí. Otra vez al hospital, por güey. El ñor jura que ahora sí se cuidó la operación, que ahora sí descansó, que ahora sí tomó sus medicinas y ahora sí se abstuvo de sus amadas chelas. Pero claro, se le olvidó abstenerse de azúcar y carbohidratos, lo cual es delicado para un diabético. ¡Ah, que don Lázaro, se le olvidó que es diabético! ¿Qué cosas, no?
4. El signo de los tiempos. ¿Cómo sabes que la juventud se te está largando a la chingada? ¿Cuando pasas de los treinta? ¿Cuándo los niños en la tienda te llaman "señora" aunque no te veas (según tú) tan dada al catre? ¿Cuándo todas tus hermanas muestran algún achaque raro a pesar de no haber llegado a los treinta? ¿Cuándo traes el pelo canoso? No. La juventud se te va a la chingada cuando te diagnostican insuficiencia venosa (aka, várices).
¿Hurón mortificado? No exactamente. Hurón con güeva. Mucha, mucha güeva. ¿Luchar contra la edad? ¿Pintarse el pelo (bueno, eso tal vez sí)? ¿Aplicarse un facial? ¿Caminatas terapéuticas? ¿Y con una Hurona moliendo? ¿Y con episodio doble de Doctor House?
Lo bueno, es que uso pantalón y falda larga. Nadie notará las várices.
He dicho.
viernes, febrero 29, 2008
Bob Dylan dará el día de hoy su concierto en Monterrey. Debo decir que es quizá uno de los pocos músicos (si no es que el único) que me interesa ver en vivo. Ya sé que se va a portar lacra, que no le va a dar gusto al público y que acabará recetándole alguna guarrada, pero estoy muy contenta y muy entusiasmada con la idea de verlo. Me pregunto si en vivo su voz se escuchará peor que en sus grabaciones. En estos días les platico :D
Aquí les dejo una nota que me gustó. Espero que la disfruten.

Dylan, la leyenda
Sergio Sarmiento
"El que no está ocupado en nacer, está ocupado en morir".
Bob Dylan
Bob Dylan no es un cantante común y corriente. Desde la década de 1960 su fama ha trascendido la calidad de su voz, la sencillez armónica y melódica de sus composiciones, la complejidad de sus letras e incluso las pocas ventas de sus discos. Dylan es simplemente una leyenda de la música contemporánea. Y como leyenda puede darse lujos que los artistas normales no podrían siquiera considerar.
Esta semana Dylan ofreció dos conciertos en la Ciudad de México como inicio de una gira por Latinoamérica. Los conciertos fueron muy similares a los que este artista de 66 años ofrece usualmente por el mundo. Quienes buscaban corear las familiares canciones que se convirtieron en himnos de juventud y rebeldía en los años 60 se sintieron decepcionados. Dylan hace todo lo posible por evitar esa reacción fácil del público. Quienes querían conocer a la leyenda, sin embargo, se sintieron fascinados por este singular personaje.
Dylan cantó pocas canciones de los viejos tiempos que permitieran corear a los nueve mil asistentes al Auditorio Nacional. Las piezas conocidas que interpretó fueron farfulladas, más que cantadas, de manera ininteligible ante un micrófono saturado por la cercanía de su boca. El acento sureño que durante décadas ha impostado -en realidad él nació en Duluth, Minnesota- hacía todavía más difícil entenderlo. Con "Rainy Day Women 12 & 35" ("Mujeres de un día lluvioso 12 y 35"), "It Ain't Me, Babe" ("No soy yo, nena") y "Watching the River Flow" ("Mirando el río que fluye"), cantadas al principio de manera apresurada y esquiva, Dylan dejó en claro que no dejaría que el público coreara.
Me da la impresión de que a Dylan simplemente no le gusta que la gente cante con él. Esto explicaría la manera en que interpreta sus obras. Aun así fue impresionante ver cómo miles de fanáticos mexicanos que no hablan el inglés como lengua materna hicieron todo el esfuerzo posible para acompañar al cantante en la letra brillante y compleja de "Like a Rolling Stone" ("Como una piedra que rueda"), la única canción que interpretó de forma que permitió algo parecido a un coro.
Al final del concierto Dylan entonó "Blowin' in the Wind" ("La respuesta está en el viento"), su canción más famosa. Ésta fue originalmente un símbolo del pacifismo idealista de los años 60, pero con el desgaste de la reiteración acabó por volverse un lugar común: casi música de ascensor. Lo interesante es que casi ninguno de los asistentes se dio cuenta en un principio de que Dylan estaba cantando esta pieza. La melodía era irreconocible y las palabras incomprensibles. Sólo cuando llegó el coro y farfulló "The answer my friend..." ("La respuesta, mi amigo...") rompió el público en aplausos.
Un cantautor famoso corre siempre el riesgo de caer en el tópico con alguna obra temprana muy repetida. Esto le pasa a Joan Manuel Serrat con "Cantares" o a Luis Eduardo Aute con "Rosas en el mar". Sólo con mucha creatividad pueden éstos interpretar esas piezas reclamadas por el público con algún dejo de novedad. Muchos músicos mediocres, de hecho, han quedado encasillados y han dado conciertos toda su vida sólo para concluir con "esa canción" que los hizo famosos originalmente.
Dylan no corre ese riesgo: no sólo porque sus obras son demasiado brillantes, sino porque él mismo se niega a seguir el cartabón. Quizá por eso sus piezas populares las transforma hasta volverlas irreconocibles. Dylan no quiere ser un simple producto para los vendedores de nostalgia.
La mayor parte del concierto Dylan interpretó melodías virtualmente desconocidas para el público. Incluso "Things Have Changed" ("Las cosas han cambiado"), que escribió para la película "Wonder Boys" y con la que ganó el Óscar, no fue reconocida por la mayoría de los asistentes al Auditorio.
Desde un punto de vista musical, empero, las mejores interpretaciones de la noche fueron esas canciones poco conocidas, muchas de su nuevo disco "Modern Times", en que mezcló ritmos de rock'n roll, blues y country respaldado por un magnífico trabajo de Tony Garnier en el bajo y de un grupo pequeño y sencillo, pero sólido. Dylan sólo usó la guitarra, su tradicional instrumento, en las primeras piezas del concierto. El resto del tiempo empleó un teclado electrónico.
Al contrario de otros músicos, a Dylan le gustan las giras. La actual se llama "The Never Ending Tour", la Gira sin Fin. A pesar de su rechazo al público de la nostalgia, el contacto con las multitudes que lo idolatran le proporciona una inyección de adrenalina.
Dylan puede darse el lujo de hacer lo que quiera. Poco importa si canta bien o mal, para el público o para sí mismo: los auditorios del mundo se seguirán llenando a su paso porque es una leyenda. Su Gira sin Fin no tiene por qué terminar mientras el cuerpo aguante.
Aquí les dejo una nota que me gustó. Espero que la disfruten.

Dylan, la leyenda
Sergio Sarmiento
"El que no está ocupado en nacer, está ocupado en morir".
Bob Dylan
Bob Dylan no es un cantante común y corriente. Desde la década de 1960 su fama ha trascendido la calidad de su voz, la sencillez armónica y melódica de sus composiciones, la complejidad de sus letras e incluso las pocas ventas de sus discos. Dylan es simplemente una leyenda de la música contemporánea. Y como leyenda puede darse lujos que los artistas normales no podrían siquiera considerar.
Esta semana Dylan ofreció dos conciertos en la Ciudad de México como inicio de una gira por Latinoamérica. Los conciertos fueron muy similares a los que este artista de 66 años ofrece usualmente por el mundo. Quienes buscaban corear las familiares canciones que se convirtieron en himnos de juventud y rebeldía en los años 60 se sintieron decepcionados. Dylan hace todo lo posible por evitar esa reacción fácil del público. Quienes querían conocer a la leyenda, sin embargo, se sintieron fascinados por este singular personaje.
Dylan cantó pocas canciones de los viejos tiempos que permitieran corear a los nueve mil asistentes al Auditorio Nacional. Las piezas conocidas que interpretó fueron farfulladas, más que cantadas, de manera ininteligible ante un micrófono saturado por la cercanía de su boca. El acento sureño que durante décadas ha impostado -en realidad él nació en Duluth, Minnesota- hacía todavía más difícil entenderlo. Con "Rainy Day Women 12 & 35" ("Mujeres de un día lluvioso 12 y 35"), "It Ain't Me, Babe" ("No soy yo, nena") y "Watching the River Flow" ("Mirando el río que fluye"), cantadas al principio de manera apresurada y esquiva, Dylan dejó en claro que no dejaría que el público coreara.
Me da la impresión de que a Dylan simplemente no le gusta que la gente cante con él. Esto explicaría la manera en que interpreta sus obras. Aun así fue impresionante ver cómo miles de fanáticos mexicanos que no hablan el inglés como lengua materna hicieron todo el esfuerzo posible para acompañar al cantante en la letra brillante y compleja de "Like a Rolling Stone" ("Como una piedra que rueda"), la única canción que interpretó de forma que permitió algo parecido a un coro.
Al final del concierto Dylan entonó "Blowin' in the Wind" ("La respuesta está en el viento"), su canción más famosa. Ésta fue originalmente un símbolo del pacifismo idealista de los años 60, pero con el desgaste de la reiteración acabó por volverse un lugar común: casi música de ascensor. Lo interesante es que casi ninguno de los asistentes se dio cuenta en un principio de que Dylan estaba cantando esta pieza. La melodía era irreconocible y las palabras incomprensibles. Sólo cuando llegó el coro y farfulló "The answer my friend..." ("La respuesta, mi amigo...") rompió el público en aplausos.
Un cantautor famoso corre siempre el riesgo de caer en el tópico con alguna obra temprana muy repetida. Esto le pasa a Joan Manuel Serrat con "Cantares" o a Luis Eduardo Aute con "Rosas en el mar". Sólo con mucha creatividad pueden éstos interpretar esas piezas reclamadas por el público con algún dejo de novedad. Muchos músicos mediocres, de hecho, han quedado encasillados y han dado conciertos toda su vida sólo para concluir con "esa canción" que los hizo famosos originalmente.
Dylan no corre ese riesgo: no sólo porque sus obras son demasiado brillantes, sino porque él mismo se niega a seguir el cartabón. Quizá por eso sus piezas populares las transforma hasta volverlas irreconocibles. Dylan no quiere ser un simple producto para los vendedores de nostalgia.
La mayor parte del concierto Dylan interpretó melodías virtualmente desconocidas para el público. Incluso "Things Have Changed" ("Las cosas han cambiado"), que escribió para la película "Wonder Boys" y con la que ganó el Óscar, no fue reconocida por la mayoría de los asistentes al Auditorio.
Desde un punto de vista musical, empero, las mejores interpretaciones de la noche fueron esas canciones poco conocidas, muchas de su nuevo disco "Modern Times", en que mezcló ritmos de rock'n roll, blues y country respaldado por un magnífico trabajo de Tony Garnier en el bajo y de un grupo pequeño y sencillo, pero sólido. Dylan sólo usó la guitarra, su tradicional instrumento, en las primeras piezas del concierto. El resto del tiempo empleó un teclado electrónico.
Al contrario de otros músicos, a Dylan le gustan las giras. La actual se llama "The Never Ending Tour", la Gira sin Fin. A pesar de su rechazo al público de la nostalgia, el contacto con las multitudes que lo idolatran le proporciona una inyección de adrenalina.
Dylan puede darse el lujo de hacer lo que quiera. Poco importa si canta bien o mal, para el público o para sí mismo: los auditorios del mundo se seguirán llenando a su paso porque es una leyenda. Su Gira sin Fin no tiene por qué terminar mientras el cuerpo aguante.
martes, febrero 12, 2008
lunes, febrero 11, 2008
Bueno, doña Mathilde tiene un bisnieto más
Hola, chicos y chicas.
Aquí hay un cuate que se está adjudicando El hidromiel de Odín, aquel texto que publiqué en Sonitus Noctis y que también está en este blog. Si lo conocen, escúpanle de mi parte. Si no, pasen a dejarle un comentario.
http://jmoondera.wordpress.com/2006/12/03/cisnes-de-guerra/
¡Besos!
Aquí hay un cuate que se está adjudicando El hidromiel de Odín, aquel texto que publiqué en Sonitus Noctis y que también está en este blog. Si lo conocen, escúpanle de mi parte. Si no, pasen a dejarle un comentario.
http://jmoondera.wordpress.com/2006/12/03/cisnes-de-guerra/
¡Besos!
viernes, enero 25, 2008
Hay árboles de cigarros, no te tienes que cambiar los calcetines, hay lagos de whiskey...
En conmemoración de la próxima visita de Bob Dylan a Monterrey, y en ocasión de que es fin de semana, y a propósito de que los fines de semana ideales deben ser paradisiacos, aquí les dejo esta joya del folk. ¿O no entra como folk?
Pásenlo bien.
Big Rock Candy Mountain
One evening as the sun went down and the jungle fire was burning
Down the track came a hobo hiking and he said boys I'm not turning
I'm headin for a land that's far away beside the crystal fountains
So come with me we'll go and see the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains there's a land that's fair and bright
Where the handouts grow on bushes and you sleep out every night
Where the boxcars are all empty and the sun shines every day
On the birds and the bees and the cigarette trees
Where the lemonade springs where the bluebird sings
In the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains all the cops have wooden legs
And the bulldogs all have rubber teeth and the hens lay soft boiled eggs
The farmer's trees are full of fruit and the barns are full of hay
Oh, I'm bound to go where there ain't no snow
Where the rain don't fall and the wind don't blow
In the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains you never change your socks
And the little streams of alcohol come a-trickling down the rocks
The brakemen have to tip their hats and the railroad bulls are blind
There's a lake of stew and of whiskey too
You can paddle all around 'em in a big canoe
In the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains the jails are made of tin
And you can walk right out again as soon as you are in
There ain't no short handled shovels, no axes saws or picks
I'm a goin to stay where you sleep all day
Where they hung the jerk that invented work
In the Big Rock Candy Mountains
I'll see you all this coming fall in the Big Rock Candy Mountains
Pásenlo bien.
Big Rock Candy Mountain
One evening as the sun went down and the jungle fire was burning
Down the track came a hobo hiking and he said boys I'm not turning
I'm headin for a land that's far away beside the crystal fountains
So come with me we'll go and see the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains there's a land that's fair and bright
Where the handouts grow on bushes and you sleep out every night
Where the boxcars are all empty and the sun shines every day
On the birds and the bees and the cigarette trees
Where the lemonade springs where the bluebird sings
In the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains all the cops have wooden legs
And the bulldogs all have rubber teeth and the hens lay soft boiled eggs
The farmer's trees are full of fruit and the barns are full of hay
Oh, I'm bound to go where there ain't no snow
Where the rain don't fall and the wind don't blow
In the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains you never change your socks
And the little streams of alcohol come a-trickling down the rocks
The brakemen have to tip their hats and the railroad bulls are blind
There's a lake of stew and of whiskey too
You can paddle all around 'em in a big canoe
In the Big Rock Candy Mountains
In the Big Rock Candy Mountains the jails are made of tin
And you can walk right out again as soon as you are in
There ain't no short handled shovels, no axes saws or picks
I'm a goin to stay where you sleep all day
Where they hung the jerk that invented work
In the Big Rock Candy Mountains
I'll see you all this coming fall in the Big Rock Candy Mountains
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