El primer post del año, elaborado durante la segunda mitad del año, no puede ser para otra cosa que echar pestes, ¿verdad? ¿Y qué más puedo hacer? Me piden que haga una tesis que ya no me interesa. Es más, nunca, NUNCA, N U N C A me ha interesado. Pendeja yo que creía que alguna vez me había interesado.
Y ahora un repaso de las cosas de las que me he de quejar en lo que va del año...
Películas de terror: ni una chida. ¿Cómo va a ser eso? No digo que Mamá no se pueda ver, claro que sí, pero está panchosísima.
Cómics: claro que de Batman, ¿luego de quién? ¿A qué puta hora van a darle cuello a Scott Snyder y contratar a un guionista decente que deje de tratar a Batman como homosexual pasivo en lugar de como el homosexual activo que realmente es? Neta estoy fastidiada de búhos, Jokers sin cara, Batmans hipersensibles y presuntas asociadas no solicitadas. Si no puede volver Morrison, traigan de vuelta a Brubaker, Adams o a Tomasi.
Jale: mucho, ahora bien pagado, a dios gracias, pero lleno de güerquete pendejo sin nada mejor qué hacer que quejarse de la vida y de lo que tienen, como si no tuvieran un chingo y a manos llenas.
Taco y Vicho del Mal: ahora resulta que me tienen miedo. Cada vez que el Taco me dice que me tiene miedo, me acuerdo de doña Leti, mi vecina cuando era niña, que durante una época particularmente pinche de su vida tuvo que recurrir a trabajos ingratos para mantener a sus hijos, y que les daba de tablazos cada vez que se le ponían al brinco. El Taco se siente maltratado porque le grito las órdenes cuando está muy concentrada en El Chavo animado o en Bob Esponja como para poner atención a la primera.
Y eso me lleva a la siguiente queja: ¡En una pinche casa donde la madre de familia tiene la colección completa de Batman Animated, Justice League, Count Patula a medias, Ahí viene Cascarrabias, Pink Panther, Miyasaki, etcétera, etcétera, etcétera, ¿el Taco, digo, la hija ve El Chavo animado? Qué degeneración, neta que sí!
Migrañas: a diario, gracias por preguntar.
Tele: ¡no tengo tele en mi cuarto!¡No tengo tele en mi cuarto! ¡Chingadamadre, que no tengo tele en mi cuarto!
Superhéroes: detesto que la próxima película de Superman vaya a tener de coestelar a Batman, y que Batman no vaya a ser Christian Bale, y que vaya a estar basada en Dark Knight Returns. Si la cosa está dirigida por Zack Snyder (en el nombre llevan la fama los cabrones) y sin Nolan de por media, será una reverenda mierda. Y para mierda, no necesitan involucrar a Batman.
Mi última queja del día tiene que ver con cambiar el pañal del Vicho. Y como es un asunto urgente, el resto de las quejas del año quedan para otro post.
He dicho.
lunes, agosto 12, 2013
lunes, diciembre 03, 2012
Gotham reciclada
Cuando empecé a ver Arrow, hace unas semanas, tenía curiosidad por ver qué hacían de Flecha verde: si sería el mismo vato simpaticón y mujeriego del cómic, con ínfulas de Batman en una ciudad que le tira a ser Gotham, pero algo subdesarrollada. Como si habláramos, por ejemplo, de un paralelismo entre San Nicolás y San Pedro. Luego del tercer episodio me quedó muy claro que Arrow es el relevo de Smallville, y cuando empezaron a recetarle a Oliver Queen una historia de pérdida-sufrimiento-venganza estilo Bruce Wayne me pareció muy triste que, para que el personaje tenga algún atractivo sólido, tengan que aderezarlo con elementos de Batman.
Pero las similitudes eran, cuando mucho, superficiales. Acabo de ver el episodio siete de la serie por puro morbo, porque Huntress, uno de los personajes más conflictivos de Batman, entraría en escena. Y ahora las similitudes son muy descaradas. Starling City es, ahora sí, una Gotham francamente reciclada, con una guerra de mafias conformada por las familias que tradicionalmente le dan la lata a Batman: los Bertinelli y la Tríada asiática, para empezar. Al rato serán los Falcone y Cobblepot, con sus negocios turbios disfrazados. Por lo pronto, el chico Queen ya tiene su Alfred: un exmarine contratado para cuidarle el pellejo, muy parecido al Alfred de Batman: Tierra uno. Ya anda por allí Canario negro (que también se da sus vueltas frecuentes por Gotham), aunque todavía no lanza sus características patadas ni da esos gritotes que son la delicia de mi hija de seis años. Al igual que Smallville, Arrow tendrá su desfile de héroes y personajes DC, con la salvedad de que, seguramente, no serán los metahumanos los que se den la vuelta por la ciudad, sino los vigilantes, los outsiders que generalmente andan buscando la aprobación de Batman sin conseguirla. Pero Green Arrow no es Batman, por mucho que quieran endurecerlo. Ni es el chico infinitamente optimista que es Clark Kent en los cómics. Es algo intermedio: simpático, aguerrido, desafiante, contreras, anarquista en el sentido más puro del término. Aquí es nada más un vigilante conflictuado por una cruzada encargada por el padre muerto. No es ni Batman ni Green Arrow. En resumidas cuentas, no me gusta.
Y bueno, no es como si se fuera a acabar el mundo por ello: soy fan de Batman, no de Green Arrow. Pero la serie podría ser linda. Una serie así siempre podría serlo. Como no traigan de verdad a Batman para darle un par de cachetadas guajoloteras a Green Arrow, darle en la madre a la Tríada, o poner un sensor de Brother Eye para checar las actividades del chico Queen en Star City, esta serie no tiene ni remedio ni perdón de Dios. Creo que, ahora sí, he terminado con Arrow.
Y bueno, no es como si se fuera a acabar el mundo por ello: soy fan de Batman, no de Green Arrow. Pero la serie podría ser linda. Una serie así siempre podría serlo. Como no traigan de verdad a Batman para darle un par de cachetadas guajoloteras a Green Arrow, darle en la madre a la Tríada, o poner un sensor de Brother Eye para checar las actividades del chico Queen en Star City, esta serie no tiene ni remedio ni perdón de Dios. Creo que, ahora sí, he terminado con Arrow.
Feliz feliz, alegre alegre
Y toma que me doy de narices con la felicidad absoluta: hija e hijo a quienes besar, esposo al cual amar, amigos a quienes abrazar, covacha para hacerme bolita, alumnos para enseñar y para aprender, cantidades obscenas de libros y cómics qué leer, películas qué ver, música para corear. Hoy descubrí arrugas bajo mis ojos: me hago vieja y soy feliz. Nunca esperé envejecer, y resulta que es una felicidad extrañamente grata y reconfortante.
Qué raro descubrir que eres feliz así, de golpe y porrazo, sin haber hecho nada particular o extraordinario para serlo o siquiera merecerlo. O igual y sí lo merezco y me hago guaje pretendiendo que no. Soy un Hurón feliz, feliz, feliz. Sean felices ustedes también. Y lo digo en serio, sin los afanes guarros que usualmente me impulsan.
domingo, septiembre 02, 2012
Rencor melero, rencor tejonero
Nuestro Tejón Melero sufrió, hará cosa de tres días, de una picadura de bicho al azar (entiéndase que no tenemos una puta maldita idea de si lo picó una araña, una hormiga, una avispa, un zancudo o una pinche cucaracha). Primero fue una ronchita. Luego se inflamó. El día de hoy era un absceso en franca plenitud, con todo y su puntita blanca destacada y a punto de reventar. Por supuesto, la maldita cosa se mantenía en su incólume y dolorosa plenitud, sin trazas de que el Tejoncito descansara de su infame dolor.
Allá van el Hurón y el Pachuco, como preocupados padres de su fauna diversa, a que lo revise el doctor en turno en la farmacia de similares, porque los servicios de un veterinario, en estos días, resultan más costosos. Y le recetaron lo de costumbre: antibióticos, desinflamante y un jarabe pa' los mocos (es que además está agripado el bicho). Luego de una hora, el dolor es insostenible y tomamos una decisión dura, riesgosa: reventar el chingado absceso. Aquí la que tiene presuntos conocimientos enfermeriles es el noble y magnánimo Hurón de los Pantanos, así que con jeringa en mano, procedió a la delicada operación de aplicarle una punción al monstruo ese que se posesionó del muslo de mi hijo para luego drenar su nauseabundo contenido.
La cosa pasó como es de esperarse en estos casos: el Tejoncito Melero berreó, pateó, blasfemó en su lengua nativa, me miró con cara de muere puta infeliz, sudó, siguió berreando, y al final descansó. A casi tres horas del suceso el Tejoncito está tranquilo: por primera vez en el día comió con apetito, empezó a cantar, y ya no trae un genio de los mil demonios. O genio melero, si usted lo prefiere.
Pero es un bichito de memoria prolongada y rencores largos: tengo media hora mimándolo y acariciándolo. Me mira con desconfianza, y cuando trato de tocarle la piernita me aparta la mano. Al principio ni siquiera me permitía tocarle la cabecita.
Es rencoroso el Tejón. Rencor melero, supongo.
Allá van el Hurón y el Pachuco, como preocupados padres de su fauna diversa, a que lo revise el doctor en turno en la farmacia de similares, porque los servicios de un veterinario, en estos días, resultan más costosos. Y le recetaron lo de costumbre: antibióticos, desinflamante y un jarabe pa' los mocos (es que además está agripado el bicho). Luego de una hora, el dolor es insostenible y tomamos una decisión dura, riesgosa: reventar el chingado absceso. Aquí la que tiene presuntos conocimientos enfermeriles es el noble y magnánimo Hurón de los Pantanos, así que con jeringa en mano, procedió a la delicada operación de aplicarle una punción al monstruo ese que se posesionó del muslo de mi hijo para luego drenar su nauseabundo contenido.
La cosa pasó como es de esperarse en estos casos: el Tejoncito Melero berreó, pateó, blasfemó en su lengua nativa, me miró con cara de muere puta infeliz, sudó, siguió berreando, y al final descansó. A casi tres horas del suceso el Tejoncito está tranquilo: por primera vez en el día comió con apetito, empezó a cantar, y ya no trae un genio de los mil demonios. O genio melero, si usted lo prefiere.
Pero es un bichito de memoria prolongada y rencores largos: tengo media hora mimándolo y acariciándolo. Me mira con desconfianza, y cuando trato de tocarle la piernita me aparta la mano. Al principio ni siquiera me permitía tocarle la cabecita.
Es rencoroso el Tejón. Rencor melero, supongo.
viernes, agosto 31, 2012
Maldito payaso...
Y para no perder costumbre, este honorable Hurón pasó otra noche de insomnio. Muy apaciblemente, apagó todo hacia la medianoche, y empezó la revolcadera, pero no una divertida: sobre el costado derecho, que es mi lado favorito para dormir. Nada. Luego sobre el izquierdo, que no me resulta tan cómodo: ni madre. Boca abajo, boca arriba, con una almohada entre las piernas, sin almohada en la cabeza, tapada, destapada, con clima, sin clima, y puro chorizo: Hurón sin poder dormir.
Entonces, a eso de la 1:15, ¡que se adormila! Pero entonces entra el Oportuno, que oportunamente pisó un juguete del Tejoncito melero, y tanto el Tejón como el juguete empezaron a berrear. Adiós sueño. ¿Y el Oportuno? ¡Roncando el infeliz! Y allá va el honorable y Magnánimo Hurón a prender la lap otra vez, a pendejear en el face (si es aburrido en horas concurridas, lo es aún más a mitad de la noche), a leer cómics, a intentar ver una película, y nel, porque además de insomnio, el apreciable Hurón tenía una pinche migraña de mierda que tampoco le ayudaba a dormir.
Y entonces llegan las horas negras, porque es increíble la cantidad de mierda malviajada que se te puede venir a la cabeza cuando estás sola, desvelada, aburrida, y algo triste. Mal viaje tras mal viaje, sin trazas de acabarse. ¿Y qué hace el Hurón? Pues la verdad es que se toma muy en serio a sí misma, pero terminó mandándose a sí misma a la chingada cuando empezó a alucinar con ofensas acaecidas en la temprana infancia. Allí se dijo el Hurón: "Hurón, ¡no mames y ya duérmete! Que te estés acordando de lo que Perenganita te dijo en el kínder es signo de que ya no estás en tu ínfimo nivel de racionalidad cotidiano, así que ya déjate de pendejadas y ¡vete a dormir!".
Adiós lap. Adiós internet. Hola almohada. Hola cama. Hola pinche Oportuno roncando. Media hora más de dar vueltas y revueltas, y por fin (hacia las 4:00) me duermo. ¿El secreto? Ignorar la migraña, que jamás se me mitigó con el analgésico. Y justo cuando estaba en lo más sabroso del sueño, el despertador. Lo confieso: no me siento cansada y no tengo sueño... ahora. Pero después de mediodía va a ser un tango no sentir que me debo arrastrar para llegar al baño o ir a la tienda de al lado.
Entonces, a eso de la 1:15, ¡que se adormila! Pero entonces entra el Oportuno, que oportunamente pisó un juguete del Tejoncito melero, y tanto el Tejón como el juguete empezaron a berrear. Adiós sueño. ¿Y el Oportuno? ¡Roncando el infeliz! Y allá va el honorable y Magnánimo Hurón a prender la lap otra vez, a pendejear en el face (si es aburrido en horas concurridas, lo es aún más a mitad de la noche), a leer cómics, a intentar ver una película, y nel, porque además de insomnio, el apreciable Hurón tenía una pinche migraña de mierda que tampoco le ayudaba a dormir.
Y entonces llegan las horas negras, porque es increíble la cantidad de mierda malviajada que se te puede venir a la cabeza cuando estás sola, desvelada, aburrida, y algo triste. Mal viaje tras mal viaje, sin trazas de acabarse. ¿Y qué hace el Hurón? Pues la verdad es que se toma muy en serio a sí misma, pero terminó mandándose a sí misma a la chingada cuando empezó a alucinar con ofensas acaecidas en la temprana infancia. Allí se dijo el Hurón: "Hurón, ¡no mames y ya duérmete! Que te estés acordando de lo que Perenganita te dijo en el kínder es signo de que ya no estás en tu ínfimo nivel de racionalidad cotidiano, así que ya déjate de pendejadas y ¡vete a dormir!".
Adiós lap. Adiós internet. Hola almohada. Hola cama. Hola pinche Oportuno roncando. Media hora más de dar vueltas y revueltas, y por fin (hacia las 4:00) me duermo. ¿El secreto? Ignorar la migraña, que jamás se me mitigó con el analgésico. Y justo cuando estaba en lo más sabroso del sueño, el despertador. Lo confieso: no me siento cansada y no tengo sueño... ahora. Pero después de mediodía va a ser un tango no sentir que me debo arrastrar para llegar al baño o ir a la tienda de al lado.
Nada que no esperásemos
Y que se le pasa a mi nena el engente por la escuela. Sólo le duró una semana: con eso le bastó para darse cuenta de que a la maestra le importa un comino que sepa leer y escribir, que se sepa de memoria los nombres y las características de un montón de dinosaurios así como las propiedades químicas de algunos metales pesados; que le vale madre que sepa sumar, restar y casi multiplicar, y que jamás se dará cuenta de que dibuja hermoso en comparación con otros niños de su edad.
También se acaba de dar cuenta de que, al igual que en el kínder, los compañeros son una mierda. Que no puede confiarse de ellos, que no la aceptarán porque no tienen nada de qué hablar con ella, que a las mamás de esos niños sopes no les cae bien porque las hace sentir pendejas incluso a ellas, y que, como ya lo veníamos temiendo el Pachuco y yo, se aburre un horror.
¿Habla de ello la señorita? Claro que no. Se lo guarda enterito. Pero nos damos cuenta porque nos cambia la conversación cuando le preguntamos cómo le va en la escuela, porque colorea encima de los ejercicios que hace en el salón, y porque tenemos tres días batallando un montón para que se levante a bañar. No se quiere levantar. O sea, le parece más provechoso dormir.
Tiene dos amigos: una excompañera del kínder, y David, el niño con síndrome de Asperger que su maestra de tercero de kínder le recomendó. En cierta forma, Irene es la tutora del niño: no se le ha olvidado la misión y sigue monitoreándolo y defendiéndolo lo mejor que puede. Vocación pedagógica, pues, eso es lo que tiene la nena.
E inicia el conflicto con la autoridad. No hemos educado a esta nena para que obedezca nada más porque sí, y esa es una de las cosas que más irrita de ella a los demás adultos, incluso los de la familia cercana. La nena no quiere comprometer la autoridad de su maestra, pero le pesa. No quiere infligir reglas, pero le pesan. Y le dan cargo de conciencia. No quiere que le ponga en su mochila una libreta de dibujo porque teme que la regañen. No quiere ponerse short debajo de la falda porque teme que la regañen. Teme que la regañen por cosas que aún no hace. Como si la dichosa maestra tuviera ojos para mirar lo que hace cuando tiene que mirar a otros treinta mocosos a los que sí tiene que enseñar a leer y escribir.
¿Y mientras? Convencerla de que las cosas no siempre serán así, al menos no todo el tiempo. De que más adelante puede tocarle una maestra o maestro más capaz de dialogar con ella. O tal vez de plano nos aburramos nosotros, nos consigamos cada uno un par de jales, y la metamos a una escuela privada con método Montessori o algo similar donde la muchachita sea más feliz.
Por ahora, el aprendizaje de este año escolar será social, no académico. En lo académico podría darle más de una sorpresa a la maestra. En lo social, ella será la sorprendida. Enseñarle a no sentir resentimiento contra un grupo de personas que te hieren porque se sienten amenazados por ti va a ser un tango, pero enseñarle a desdeñarlos sin comprometer su corazón lindo, eso va a ser un jolgorio mayor.
También se acaba de dar cuenta de que, al igual que en el kínder, los compañeros son una mierda. Que no puede confiarse de ellos, que no la aceptarán porque no tienen nada de qué hablar con ella, que a las mamás de esos niños sopes no les cae bien porque las hace sentir pendejas incluso a ellas, y que, como ya lo veníamos temiendo el Pachuco y yo, se aburre un horror.
¿Habla de ello la señorita? Claro que no. Se lo guarda enterito. Pero nos damos cuenta porque nos cambia la conversación cuando le preguntamos cómo le va en la escuela, porque colorea encima de los ejercicios que hace en el salón, y porque tenemos tres días batallando un montón para que se levante a bañar. No se quiere levantar. O sea, le parece más provechoso dormir.
Tiene dos amigos: una excompañera del kínder, y David, el niño con síndrome de Asperger que su maestra de tercero de kínder le recomendó. En cierta forma, Irene es la tutora del niño: no se le ha olvidado la misión y sigue monitoreándolo y defendiéndolo lo mejor que puede. Vocación pedagógica, pues, eso es lo que tiene la nena.
E inicia el conflicto con la autoridad. No hemos educado a esta nena para que obedezca nada más porque sí, y esa es una de las cosas que más irrita de ella a los demás adultos, incluso los de la familia cercana. La nena no quiere comprometer la autoridad de su maestra, pero le pesa. No quiere infligir reglas, pero le pesan. Y le dan cargo de conciencia. No quiere que le ponga en su mochila una libreta de dibujo porque teme que la regañen. No quiere ponerse short debajo de la falda porque teme que la regañen. Teme que la regañen por cosas que aún no hace. Como si la dichosa maestra tuviera ojos para mirar lo que hace cuando tiene que mirar a otros treinta mocosos a los que sí tiene que enseñar a leer y escribir.
¿Y mientras? Convencerla de que las cosas no siempre serán así, al menos no todo el tiempo. De que más adelante puede tocarle una maestra o maestro más capaz de dialogar con ella. O tal vez de plano nos aburramos nosotros, nos consigamos cada uno un par de jales, y la metamos a una escuela privada con método Montessori o algo similar donde la muchachita sea más feliz.
Por ahora, el aprendizaje de este año escolar será social, no académico. En lo académico podría darle más de una sorpresa a la maestra. En lo social, ella será la sorprendida. Enseñarle a no sentir resentimiento contra un grupo de personas que te hieren porque se sienten amenazados por ti va a ser un tango, pero enseñarle a desdeñarlos sin comprometer su corazón lindo, eso va a ser un jolgorio mayor.
viernes, agosto 17, 2012
Cómo Nolan hizo de Batman un caballero inglés...
Le tomó tiempo, pero el Sr. Pachuco lo descubrió: ese texto tan lindo que Gordon lee casi al final de Batman: the dark knight rises es este:
"I see a beautiful city and a
brilliant people rising from this abyss. I see the lives for which I
lay down my life, peaceful, useful, prosperous and happy. I see that
I hold a sanctuary in their hearts, and in the hearts of their
descendants, generations hence. It is a far, far better thing that I
do, than I have ever done; it is a far, far better rest that I go to,
than I have ever known."
El fragmento completo está en el
capítulo 15 de Historia de dos ciudades, de Charles Dickens. Me
gustaría poder decir con exactitud las circunstancias en que estas
palabras se expresan, pero no puedo, porque no conozco el libro. Sin
embargo, aquí dejo el fragmento:
"I see a beautiful city and a
brilliant people rising from this abyss, and, in their struggles to
be truly free, in their triumphs and defeats, through long years to
come, I see the evil of this time and of the previous time of which
this is the natural birth, gradually making expiation for itself and
wearing out.
I see the lives for which I lay down my
life, peaceful, useful, prosperous and happy, in that England which I
shall see no more.
I see that I hold a sanctuary in their
hearts, and in the hearts of their descendants, generations hence. I
see her, an old woman, weeping for me on the anniversary of this day.
I see her and her husband, their course done, lying side by side in
their last earthly bed, and I know that each was not more honoured
and held sacred in the other's soul, than I was in the souls of both.
I see that child who lay upon her bosom
and who bore my name, a man winning his way up in that path of life
which once was mine. I see him winning it so well, that my name is
made illustrious there by the light of his. I see the blots I threw
upon it, faded away. I see him, foremost of just judges and honoured
men, bringing a boy of my name, with a forehead that I know and
golden hair, to this place— then fair to look upon, with not a
trace of this day's disfigurement— and I hear him tell the child my
story, with a tender and a faltering voice.
It is a far, far better thing that I
do, than I have ever done; it is a far, far better rest that I go to
than I have ever known."
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