sábado, diciembre 23, 2006

Adela Hornitos Reposado

Adéle de los monstruos
Por Yasmín Santiago


“Tous des monstres” (Todos monstruos)
Le Noyé à Deux Têtes

4 de noviembre de 1911. Museo de Historia Natural del Jardín de las Plantas. Lo imposible sucede. El huevo de pterodáctilo que el museo exhibía al público se rompe, dejando en libertad a una monstruosa criatura prehistórica. A partir de este acontecimiento, París se verá asolada por una serie de muertes en las que la criatura aparece involucrada. Pero este hecho extraordinario es apenas el primero de un sinfín de aventuras increíbles y delirantes.


Esta es la premisa con la que abre la serie representativa de la bande desinnée francesa Les Aventures Extraordinaires d’Adèle Blanc-Sec (Las aventuras extraordinarias de Adèle Blanc-Sec), heroína de nombre un tanto pintoresco (en español mexicano un equivalente algo guarro de su nombre podría ser Adela Hornitos Reposado) creada por Jacques Tardi, el prestigioso comiquero francés que inició su carrera nada menos que ilustrando las historias de Jean Guiraud, Moebius.


Adèle es una heroína tan extraordinaria como sus aventuras. Es una chica de avanzada que, en pleno inicio del siglo XX, vive sola, se rodea de compañías un tanto dudosas y ejerce una extraña mezcla de oficios que va desde escritora hasta ladrona y secuestradora. Nada de lo que ocurre en su vida a partir del primer tomo de sus aventuras (Adèle et la Bête) parece estar bajo su control. La primera aventura trae como consecuencia otra más descabellada (Le Démon de la Tour Eiffel), donde Adèle se enfrenta a la secta de adoradores del demonio sumerio Pazuzu, y justo cuando parece que las cosas no pueden empeorar, llega una nueva aventura cada vez más disparatada e imposible que la anterior.


Las aventuras de Adèle tienen pocos paralelos con los cómics que acostumbramos leer. No hay héroes ñoños surcando los aires, ni mutantes luchando por conseguir un lugar en el mundo, ni hombres encapuchados en una cruzada personal contra el crimen. Hay una chica escéptica y cínica, el mundo convulsionado por una guerra inminente que saca lo peor de cada ser humano, científicos locos, hombres que reviven bestias prehistóricas con telepatía, magnates industriales megalómanos, altos funcionarios adoradores de demonios antiguos, momias vivientes y especializadas en física nuclear, monstruos lovecraftianos asesinando fenómenos de dos cabezas y soldados que se automutilan para desertar honrosamente de la Primera Guerra. El mundo de Adèle es un mundo en el que reina el caos, donde el hombre tiene poco o nada qué decidir en los acontecimientos de los que toma parte. La temática de Tardi es siempre la misma: el absurdo de la guerra, el desorden que impera en la vida y la sociedad humana, el prevalecimiento de los intereses de unos cuantos poderosos sobre los de la mayoría, y la profunda monstruosidad que encierra el alma humana, capaz de eclipsar en bizarría a los horripilantes monstruos que desfilan como si nada por las calles de París para meterse como cuña en la vida de Adèle. Tan imponente es el caos que Adèle acaba convirtiéndose en espectadora de sus propios acontecimientos. Ya nada la sorprende, porque sabe que la próxima aventura superará en absurdo a la anterior.

París, como ciudad, es un personaje constante de estas historias. El ambiente de la belle époque, con sus tintes entre decadentistas y pujantes, constituye un magnífico telón de fondo para la interminable procesión de personajes inusuales que desfilan al lado de Adèle. La misma Adèle, con su temperamento escéptico hasta la desesperación y sus arranques nihilistas, se ve a juego con este ambiente abigarrado y oscuro.

Las historias de Adèle son fieles a la más pura tradición del folletín decimonónico. Aparecieron por primera vez en publicaciones diarias, y actualmente se consiguen en los volúmenes publicados en editorial Casterman (Francia) o en editorial Norma (España). El cómic, magnífico homenaje a grandes nombres de los folletines de aventuras o de tintes de ciencia ficción como Verne o Wells, empezó a publicarse desde los 70’s y no ha llegado aún a su culminación, debido a que Tardi se ha ocupado de otros proyectos. Esta situación ha derivado en que la serie de Adèle aparezca de manera un tanto errática. Los tomos aparecidos hasta la fecha son los siguientes: Adèle et la Bête (Adèle y la bestia), Le Démon de la Tour Eiffel (El demonio de la torre Eiffel), Le Savant Fou (El sabio loco), Momies en Folie (Momias enloquecidas), Le Secret de la Salamandre (El secreto de la salamandra), Le Noyé à Deux Têtes (El ahogado de dos cabezas), Tous des Monstres (Todos monstruos) y Le Mystère des Profondeurs (El misterio de las profundidades).

Otros trabajos de Tardi se encuentran íntimamente ligados a Adèle: Adieu Brindavoine y La Fleur au Fusil (Adios Brindavoine y La flor en el fusil) son dos pequeñas historias que presentan a Lucien Brindavoine, soldado de la Primera Guerra Mundial que tendrá un papel importante en la vida y supervivencia de Adèle. Otros títulos, como Le dèmon des glaces (El demonio de los hielos), se entrelazan indirectamente con la serie de nuestra heroína, debido a que en algún momento dan cuenta de sucesos ocurridos a Adèle y compañía.

Con todo lo anterior no he querido decir que Adèle no tenga paralelos en el mundo del cómic: Tardi no es ni será el único comiquero con deseos de rendir homenaje a sus santos patronos. Mike Mignola con Hellboy, el Batman del mismo Mignola y de Richard Pace (The Doom that Came to Gotham) y de Grant Morrison (Arkham Asylum) o más notoriamente Alan Moore con The League of Extraordinary Gentlemen han hecho algo similar. Adèle, con sus monstruos sacados de los relatos de Lovecraft, Verne, Doyle y Gautier, cuenta con el mérito de haber llegado primero al mundo del cómic que la Mina Harker y los bizarros (o más bien fenómenos) caballeros victorianos de Moore. Como dice uno de los muchos personajes incidentales de Adèle: todos monstruos. Incluso aquellos que parecen no serlo.


*Publicado en Sonitus Noctis Núm. 7, Diciembre de 2004. www.sonitusnoctis.com

1 comentario:

Nicolás Díaz dijo...
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